15 de mayo de 2016

ESPEJOS DE NUESTRA PROPIA VEJEZ


ESPEJOS DE NUESTRA PROPIA VEJEZ

Graciela-Zarebski.jpgLa posibilidad de seguir teniendo un espíritu joven (que no significa imitar a los jóvenes sino seguir activo y con proyectos) implica dos opciones.

Dra Graciela Zarebski 
PSICOLOGA.
DIRECTORA POSGRADO PSICOGERONTOLOGIA, UNIV. MAIMONIDES
Clarín
01.03.2005


Una —la peor— es no reconocer que la vida tiene un límite, de lo cual nos va mandando avisos gradualmente (en el mejor de los casos). Ese es un mérito de arrugas y de canas. Cuando estos pequeños mensajes suscitan horror y la vida se va convirtiendo en una batalla contra el mensajero, entonces, desde la no aceptación, toda búsqueda de transformación estará marcada por el autoengaño.

La otra opción, que implica aceptar la discordancia entre portar un espíritu joven y reconocer que el cuerpo envejece, no es desentenderse de los avatares de este cuerpo.

Por el contrario, consiste en un trabajo cotidiano de cuidado para que acompañe del mejor modo posible los proyectos en que nos embarquemos hasta el fin de nuestros días. Se trata de trabajar para conciliar cuerpo y alma, soportando "imperfecciones".

En este sentido, es auspicioso —como informó Clarín pocos días atrás— que un grupo de científicos proponga un espejo para anticipar la propia vejez. Está en la línea de prepararse a tiempo, aunque padece de ciertas fallas.

Más allá de lo costoso y sofisticado que el experimento resulte, serán pocos los dispuestos a enfrentarse a una experiencia que puede llegar a ser vivida como siniestra. Y esto es porque elude la complejidad del fenómeno.

El hecho de que se trabaje sólo con la imagen delata la simplificación del problema: cómo evitar apariencias indeseables a través de cambios en la dieta, en la actividad física y en los hábitos. No se incluyen otros aspectos que incidirán en un destino saludable y que repercutirán en el aspecto físico: ¿cómo responderé a las pérdidas y a los cambios en mi familia? ¿Cuál es mi grado de flexibilidad ante los cambios en general? ¿En qué apoyo mi vida? ¿Qué posición adopto frente a las limitaciones?

El paso del tiempo pone en jaque la identidad al cuestionarla en todos sus órdenes. Frente a esto, hay dos caminos posibles: reforzar la máscara, fijarla cada vez con más ahínco y adherirse a una imagen única prefabricada, o jugar con el cambio, diversificar los apoyos y buscar la eternidad por otros caminos menos efímeros. 

Enviado por Licenciatura en Gerontología el: Marzo 1, 2005 09:13 AM 

12 de febrero de 2016

EL FIN DE LOS MITOS SOBRE LA VEJEZ

El fin de los mitos sobre la vejez

Guardado en: Artículos • Publicado el 04/02/2016 • 3 comentarios
Las primeras décadas del siglo XXI nos aportan muchos cambios y uno de ellos es la manera con que empezamos a mirar a nuestros mayores. Lenta pero inexorablemente van cayendo los mitos sobre los adultos mayores. Los estereotipos y visiones sesgadas sobre la edad avanzada van diluyéndose a medida que comprobamos cómo lo que parecía una verdad que todos aceptaban, ahora se demuestra una falsedad.
collageLos mitos que aun perviven sobre la vejez se basan en medias verdades y en datos que son falsos o han cambiado en las últimas décadas. Unos estereotipos que aún encontramos en los medios y en cierta literatura sobre el envejecimiento y que son desviaciones o información equivocada sobre el proceso de envejecer.
Los mitos que aún prevalecen perpetuan imagenes falsas del hecho de tener una edad avanzada y dificultan la labor educativa de la gerontología. Las ideas centrales que sustentan estos mitos sobre la edad evocan estas percepciones generales del hecho de ser anciano:
* Mala salud, enfermedad, discapacidad
* Falta de agudeza mental, fallos de memoria y senilidad
* Tristeza, depresión, soledad.
* Se vuelven gruñones
* Falta de sexo, aburrimiento.
* Todos son iguales
* Falta de vitalidad, pérdida de vigor, declive inevitable
* Incapacidad para aprender o cambiar.
* Son improductivos.
Todas estas percepciones no se basan en una realidad actual y contrastada. En todo caso pudieron tener una justificación en el siglo pasado, en determinados lugares muy concretos o, en el peor de los casos, solo afectan a una minoría que no supera el 15% de los adultos mayores.
Estos estereotipos impiden que las personas de edad avanzada participen plenamente en actividades sociales, politicas, económicas, culturales, espirituales y cívicas. Cabe preguntarse ¿dónde podemos encontrar las verdades sobre el envejecimiento y cómo poner al descubierto los mitos y mentiras que se airean sobre las personas de más de 65 años?

EDUCACIÓN GERONTOLÓGICA

La gerontología, esa especialidad de momento poco apreciada y me temo que aun con pocas salidas profesionales para quienes quieren cursar esa carrera, es la disciplina que estudia la vejez y todos aquellos fenómenos que la caracterizan, con un doble objetivo: prolongar la vida saludable y mejorar la calidad de esa vida en todos los aspectos posibles.
Así pues, nada mejor que recurrir a quienes destacan por su profesionalidad y experiencia en gerontología para desmontar mitos y encontrar verdades sobre las personas que pasamos de los 65 años, como el Dr. Ricardo Moragas. De su libro “Gerontología social” estraigo las siguientes frases:
“Hay que luchar contra la idea de que el viejo es funcionalmente limitado….La mayoría de la población anciana no se halla impedida”
“Las barreras a la funcionalidad de los ancianos son con frecuencia, fruto de las deformaciones y mitos sobre la vejez más que reflejo de deficiencias reales”
“La ancianidad no comienza a una edad cronológica uniforme, considerar anciano a toda persona de más de 65 años tiene una explicación arbitraria y poco racional”.
“Los 65 años constituyen una edad en la que se puede desempeñar perfectamente un trabajo”
“Las limitaciones psíquicas de los ancianos se han reflejado tradicionalmente en etiquetas poco demostradas científicamente y basadas en el prejuicio. La pérdida global de la memoria, por ejemplo, no es mucho mayor que a otras edades y la inteligencia no solo no disminuye, sino que puede aumentar”
“Aparece en la opinión pública la creencia de que ancianidad supone necesariamente enfermedad, cuando las estadísticas sanitarias señalan precisamente que la mayoría de ancianos están sanos”
Podemos seguir con la mente en el siglo XX creyendo que llegar a los 65 años es una tragedia o bien admitir que en el siglo XXI con 65 cumplidos podemos seguir activos, sanos, siendo más libres y más felices.elderly-people

DIFERENCIAS ENTRE MITO Y REALIDAD

Para tener otra visión, aunque coincidente, tomemos las afirmaciones del experto en psicología Dr. Simon Tan, especialista en alteraciones neurológicas del Departamento de Geriatría de la Universidad Stanford:
Mito:   Todas los adultos mayores son iguales
Realidad: Hay más variedad entre las personas mayores que en ningún otro grupo de edad.
Mito: Las necesidades básicas de los adultos mayores son distintas de las de la gente más jóven.
Realidad:  Las necesidades humanas no cambian al envejecer.
Mito: Más del 50% de los mayores padecen senilidad (pierden memoria, se desorientan y tienen conductas extrañas)
Realidad:  El 80% de los adultos mayores están lo bastante sanos para realizar sus actividades habituales.
Mito: Los adultos mayores tienen actitudes muy rígidas.
Realidad: Existe la creencia de que los mayores son incapaces de adaptarse a las nuevas tecnologías, pero hay más de un 41 % de personas mayores de 65 años que utilizan Internet.
Mito: Al envejecer a menudo se paraliza la capacidad de aprender.
Realidad: Los patrones de aprendizaje pueden variar y la velocidad de aprender puede disminuir, pero la capacidad básica de aprender persiste.
Mito: Olvidar cosas probablemente indica el comienzo de la demencia.
Realidad: La pérdida de memoria puede estar causada por la medicación o por la depresión.
Mito: Todos al llegar a ancianos padecen demencia.
Realidad: Solo entre el 6% y el 8% de las personas mayores de 65 años sufren demencia y solo un tercio de los mayores de 85 muestran algún síntoma de demencia.
Mito: Todos los adultos mayores se deprimen.
Realidad: La mayoría de los adultos mayores no están deprimidos. La depresión no es parte intrínseca del envejecimiento. La edad por si sola no es un factor de riesgo para la depresión.
Mito: La depresión en la edad avanzada es más duradera y difícil de tratar que en las personas más jóvenes.
Realidad: El curso de la depresión en los mayores es idéntica a la de los jóvenes. La respuesta al tratamiento de la depresión se presenta tan positiva en los mayores como en otros tramos de edad.
Construyendo mitos
William Shakespeare transformó mitos memorables y cuentos legendarios en personajes de carne y hueso y en conceptos que continuan conformando nuestra visión sobre la condición humana. Quizá la imagen que más perdura es la frase citada a menudo “Sin dientes, sin ojos, sin paladar, sin nada…” (Shakespeare, Seven Ages of Man, As you Like it, II) y el hecho es que los estudios contemporaneos sobre el envejecimiento se ven aún influidos por el rico lenguaje metafórico del autor inglés. Por otra parte, encontramos esos mitos en nuestros chistes y conversaciones, a pesar de que el conocimiento y la envidencia actual demuestren lo contrario.
Lamentablemente estos mitos y estereotipos afectan negativamente a las personas de edad avanzada, cuyas expectativas y percepciones se ven condicionadas por esas falsedades e información sesgada hasta el punto de que se pueden llegar a convertir en profecías autocumplidas.
La aparición de mitos y estereotipos sobre las personas de edad avanzada es algo que tiene que ver con lo que generalmente hacemos muy bien, que es etiquetar y agrupar a las personas por categorías, como explica Stephen Pinker en su libro How the mind works (1997): “la gente pone las cosas y las personas en cajitas mentales, dan un nombre a cada cajita y a continuación tratan todo lo que hay dentro por igual”(p. 306).
Es indudable que mantener ciertos mitos y estereotipos negativos sobre el envejecimiento es simplemente un problema de etiquetado irreal. Tomemos, por ejemplo, los atributos negativos sobre las personas mayores, perpetuado por una visión teórica y programática que etiqueta el envejecimiento de la población como un problema social y a los ancianos como frágiles, enfermos y dependientes. Con ese planteamiento es facil considerar el envejecimiento de la población como una amenaza más que como uno de los mayores logros de la civilización. Estas son actitudes que aparecen como consecuencia del miedo de las generaciones jóvenes a su propio envejecimiento y su rechazo a confrontar los desafíos en el plano económico social que aparecen con el aumento de la población de mayor edad.

DESPUÉS DEL SEXISMO Y EL RACISMO, AHORA EL “VIEJISMO”

Son necesarios los esfuerzos por destruir estos mitos a un nivel interdisciplinar, actualizando nuestra percepción sobre la realidad del proceso de envejecer y descartando como anticuados y falsos los estereotipos que pretenden distinguir a los mayores como un grupo humano separado y quizá debemos hacerlo con la misma intensidad con que hemos luchado contra el sexismo y el racismo. Si hemos vencido la esclavitud, el sexismo y el racismo, por lo menos en lo conceptual, no hay razón para dudar que venceremos el “viejismo” y desmontaremos los mitos sobre una vejez enfermiza y frágil.
Como indica la Organización Mundial de la Salud, no es la edad lo que pone límites a la salud y a la participación activa de la gente mayor. Más bien son las falsedades, la discriminación y el abuso de los individuos y de la sociedad, lo que evita un envejecimiento activo y digno.
Las metáforas culturales y el lenguaje de las categorías, conceptos y estereotipos que sustentan el rechazo a la vejez, merecen toda nuestra atención en la gerontología educacional.

10 de febrero de 2016

DE QUE NOS REIMOS/?

¿De qué nos reímos?

 

Facundo Manes

Grandes pensadores de la antigüedad como Aristóteles consideraron que sólo los seres humanos reíamos, pero la ciencia ha demostrado a lo largo del tiempo que la risa se halla también en diferentes mamíferos (desde los roedores hasta los gorilas). Aunque existen condiciones neurológicas (por ejemplo, la epilepsia) y lesiones cerebrales específicas que pueden causar risa patológica, en general se la asocia con un vínculo emocional y es una señal muy importante de interacción social positiva.

Somos 30 veces más propensos a reír si estamos con alguien que si estamos solos. Cuando nos reímos con otros accedemos a un sistema evolutivo de los mamíferos muy antiguo que ayuda a mantener vínculos sociales y a regular emociones. La reacción que se genera al percibir un inesperado error en el procesamiento de la información no es ni más ni menos que la definición cognitiva del humor. La ciencia da cuenta de que esto es lo que sucede cuando algo nos provoca gracia. El cerebro intenta todo el tiempo anticipar las situaciones, calcula por dónde va a pasar un auto al cruzar la calle, lo que va a decir la persona con la que conversamos o cómo va a moverse el jugador del equipo oponente en un partido.

 Las bromas juegan con lo imprevisto: plantean un escenario determinado que conduce a una conclusión tramposa que va a ser rechazada en el remate. Entonces el cerebro cae en esa "trampa", pero rápidamente advierte cierta incongruencia. Darse cuenta de que las expectativas que teníamos eran equivocadas desata sorpresa y, luego, la risa. Se ha demostrado que la corteza frontal tiene un rol clave en este proceso junto con otras áreas cerebrales también relacionadas con la cognición social. Entre sus principales funciones se ocupa de incorporar y relacionar la información proveniente de nuestros sentidos y de funciones ejecutivas complejas como la planificación, el pensamiento abstracto, la toma de decisiones y la flexibilidad cognitiva.

Hoy sabemos que el humor, que es considerado un evento cognitivo, ha sido un mecanismo evolutivo. Como libera dopamina, serotonina y endorfinas en el cerebro genera placer, mejora nuestro estado de ánimo y reduce el estrés. También entrena al sistema cognitivo en el procesamiento de información ambigua. El mundo en el que abundan los datos ambiguos e incompletos incentiva la posibilidad de que ocurran errores y detectarlos. Un mundo que nos hace reír. </strike>

8 de diciembre de 2015

La felicidad se impone a pesar de la adversidad

LA FELICIDAD SE IMPONE A PESAR DE LA ADVERSIDAD\

Las personas enfermas no son menos felices que las sanas, según un estudio

La capacidad de adaptación de los seres humanos a las adversidades está a menudo subestimada. Un nuevo estudio realizado por la universidad norteamericana de Michigan pone de manifiesto que los humanos somos capaces de ser felices en situaciones difíciles gracias a la adaptación de nuestras respuestas emocionales. Una indicación de cómo son muy importantes nuestras actitudes de adaptación emocional ante una adversidad severa.
Por Marta Morales.
Tendencias del Siglo XXI
27.02.2005

Las personas que padecen enfermedades severas no son menos felices que las sanas, señala un estudio reciente. Los pacientes que sufren dolencias incurables o crónicas son tan felices como las que no tienen problemas de salud, y no pasan la mayor parte del tiempo auto compadeciéndose.
Estos resultados, obtenidos por un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan, van en la línea de otras investigaciones que sugieren que las personas enfermas se adaptan a su estado y manifiestan una actitud positiva y un espíritu de superación que las personas sanas no suelen presuponer, publica la propia universidad en una nota de prensa y también el Journal of Experimental Psychology: General.

Los investigadores realizaron su trabajo tomando los datos de 49 pares de personas, la mitad de ellas sometidas a tratamientos de diálisis y la otra mitad sanas. Ambos grupos dieron cuenta de su estado de humor a través de una PDA, un aparato que trasladaba esta información a los investigadores. Uno de los autores del estudio, Jason Riis, programó las PDA para que cada dos horas durante una semana entera avisara a los participantes de que debían registrar su estado de humor en esos momentos.
Buen humor en ambos grupos

Los pacientes enfermos frecuentaban un centro de hemodiálisis tres o más veces a la semana, llevando a cabo sesiones de varias horas cada vez. La hemodiálisis consiste en filtrar y purificar la sangre artificialmente, con la ayuda de una máquina, cuando los riñones fallan y no pueden realizar correctamente esta función.
Los datos recogidos en ambos casos revelan que ambos grupos de personas estaban de buen humor la mayor parte del tiempo. No había diferencia entre los 49 pacientes y los 49 participantes sanos en la media de la medición de sus estados de ánimo totales, que en conjunto tendió a ser positivo. No existía tampoco diferencia entre estados concretos tales como “estresado”, “contento”, “preocupado o ansioso”. Incluso las preguntas acerca del dolor, la tristeza o las satisfacción general no demostraron ninguna diferencia significativa.

El estudio se realizó con participantes sanos de edad, género, raza y educación similares a los de los enfermos. Entre todos ellos había 60 personas de raza blanca, 36 de raza negra y un hombre hispano.
Mejorar las condiciones


Peter Ubel, co-autor del estudio y profesor de medicina interna y de psicología de esta universidad, señala que este hecho constituye una indicación de cómo son muy importantes nuestras actitudes de adaptación emocional ante una adversidad severa. Las personas tendemos a minusvalorar nuestra propia capacidad de adaptación, pero parece ser que somos capaces de ser felices a pesar de las adversidades.

Todo esto no significa que no haya que intentar mejorar la calidad de vida de las personas afectadas, o que no haya periodos de frustración o de dificultades, riesgos de depresión o consecuencias económicas o sociales. El estudio sugiere simplemente que, una vez que los individuos superan esos periodos, tienden a adaptar su respuesta emocional a su nueva vida.
Además de Ubel y Riis, este estudio ha sido realizado por Gorge Loewenstein, de la universidad de Carnegie Mellon, por Jonathan Baron and Christopher Jepson, de la universidad de Pennsylvania, y por Angela Fagerlin de la universidad de Michigan. Ubel y Fagerlin son miembros del Program for Improving Health Care Decisions de la Universidad de Michigan.

Enviado por Licenciatura en Gerontología el: Febrero 27, 2005

7 de diciembre de 2015

Universidad Maimonides TALLER DE ANTROPOLOGIA DE LA EPOCA BIBLICA

Taller< Antropología de la época bíblica:

Cuando un docente logra despertar el interés de un alumno es un mérito. Es más meritorio aún, cuando logra que sus semillas germinen en un suelo degradado por el paso del tiempo, como lo es, en mi caso particular.

El taller, “Antropología de la época bíblica” desarrollado por la Mg. Sofía Aptekman fue muy enriquecedor, me ayudó a incorporar a mi capital, un activo muy preciado: el conocimiento, me abrió las puertas de un mundo desconocido que en su intimidad tenía muchos vericuetos y contradicciones que se fueron aclarando en la medida que  iba avanzando en su recorrido.

La  utilización bibliográfica del libro “La biblia desenterrada” de los autores  Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman fue de lo más original y novedosa ya que las conclusiones de los mismos responden a investigaciones arqueológicas cuyos resultados están avalados científicamente, diría que le dieron voz a las ruinas para que emergieran y nos contaran las historias que tenían guardadas por años. Cada piedra, cada utensillo eran testimonio de la existencia de un pueblo y de una cultura que estaban ahí, a la espera de ser descubiertas,  y les dieran el valor que tuvieron en su momento histórico.

 La propuesta de los autores no reviste las características de una empresa destructiva de las creencias bíblicas, sino que por el contrario, reconocen  su prestigioso lugar como modeladora de la cultura occidental, una compilación magistral de escritos sagrados dotados de un genio literario sin parangón, un relato épico entretejido a partir de un conjunto asombrosamente rico de escritos históricos, memorias y leyendas..

 La Biblia desenterrada ha generado mucha controversia entre distintos sectores  judaicos, sin embargo, ha servido y servirá como testimonio elocuente, desde el punto de vista histórico , que nunca, los judíos abandonaron las tierras de Israel y Judea siempre las habitaron, y por ese motivo reivindican su pertenencia.

 Muchos pueblos a lo largo de la historia han escrito relatos y libros sagrados, pero salvo algunos historiadores pocas personas los han leído o siquiera los conocen.

¿Por qué la Torá, las escrituras judías de los sacerdotes yavistas, se han conservado durante milenios manteniendo un poder tan grande para transmitir una ideología religiosa?

El secreto de la Torá es que ha quedado su testimonio y que es un relato muy diferente al de los demás mitos religiosos. Mientras la mayor parte de los escritos religiosos de diversos pueblos de la Tierra narran las hazañas de dioses, reyes y héroes, la Torá narra las historias de las personas. Adán y Eva, Caín y Abel, Noé, Abraham y tantos otros personajes cuyas historias se narran en la Biblia, no son dioses ni ángeles ni seres míticos, sino personas normales que se encuentran en situaciones extraordinarias y que reaccionan como humanos, con todas las debilidades y defectos de los humanos, y narran historias con las que todas las personas pueden identificarse en algún momento. Y si otras historias sagradas narran las aventuras de un héroe, la Biblia narra cientos de historias de muy diversos personajes extraídos de todas las capas sociales. ¡Siempre hay alguna historia, o varias, de las que cualquier persona puede extraer importantes enseñanzas y en las que se pueden encontrar grandes esperanzas!

El pueblo de Israel, durante casi dos mil años, ha estado diseminado por todas las naciones de la Tierra, sin tener un lugar al que llamar su hogar, pero ha sobrevivido aferrándose a unos textos escritos hace 2.500 años con fines religiosos y nacionalistas, fuertemente impregnados de intolerancia y misoginia, y donde la verdad histórica ha sido manipulada y falseada, que contienen historias de personas perseguidas pero que conservan la esperanza del cumplimiento de las promesas hechas por su dios al Pueblo Elegido.
Mario Partnoy


19 de octubre de 2015

El hombre mediocre José Ingenieros

Palabras simples y exactas de una mente clara y brillante que sólo vivió 49 años.

El gran pensador y escritor José Ingenieros escribió en uno de sus más famosos libros "El hombre mediocre", leído en la década del 40 y 50 del siglo pasado, una exacta descripción de lo que nos rodea.

Del libro: "El Hombre Mediocre" de José Ingenieros

"Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad

El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.

Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.

El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre si, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.

El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro

Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Se comunica mediante el monólogo y el aplauso.

Esta actitud lo encierra en la convicción que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.

Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo

El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.

No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.

Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió

La impunidad lo tranquiliza.

Siempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia.

Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos.

La declinación de la "educación" y su confusión con "enseñanza" permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces."

José Ingenieros:
Su verdadero nombre era Giuseppe INGEGNIERI.
Nació en Italia en 1877.
Vino con sus padres de muy pequeño a la Argentina.
Estudió en el Nacional Buenos Aires. Luego se recibió de Médico.
Fue escritor, filósofo y sociólogo. Participó en política.
Falleció en Buenos Aires a los 49 años, en 1925

18 de octubre de 2015

Sí , que envejecemos

Sí que envejecemos. Tener conciencia de que el tiempo pasa, reflexionar sobre la temporalidad humana es una de las cuestiones que más puede aportar sobre el sentido de la vida

Así como existen características propias de los distintos momentos de la niñez, así como la adolescencia y la mediana edad tienen sus desafíos y sus aspectos específicos, así también la vejez los tiene.
Nunca como en la vejez el hombre tiene tanto vivido, un pasado que puede reconocer como propio, que encierra tan distintos momentos, tantas vivencias diferentes. Nunca como en la vejez tiene tantos puntos de referencia para re-elaborar y revisar su vida. Nunca como antes puede hacerlo en forma tan generosa y solidaria.
Ha pasado por el lugar de hijo-a, de hermano-a, de padre o de madre, de amigo-a, de tío-a, está ya en el lugar de abuelo-a. Me refiero a lugares simbólicos. No necesitamos ser padres biológicos para ejercer la función de darle al otro contención y cuidado, de enseñarle normas de convivencia, de acompañarlo en el descubrimiento de ¨lo bueno¨, de contribuir a que¨ internalice la ley¨, como dirían los psicoanalistas. Estos lugares simbólicos tienen efectos en los comportamientos, son eficaces en las relaciones. Si ejercidos, producen un descubrimiento, una satisfacción, una nueva dimensión de nuestro ser personal. Tenemos entonces algo que podríamos llamar, aunque suene rimbombante: ¨un incremento de nuestro ser personal¨. Tal vez esto pueda significar envejecer. Ya no va a prevalecer lo que hicieron con nosotros, las injusticias que otros cometieron, sino lo que yo puedo hacer al interpretar la realidad de otra manera. Entonces como decía una autobiografía de Gabriel García Marquez: ¨La vida que viviste no es la que viviste sino cómo la recuerdas para contarla¨ Y contarla, agregaría aquí, es vivirla, hacerla fructífera en las relaciones con otros.
Este incremento del ser está en estrecha relación con lo (PNIE) psico-neuro-inmuno- endocrinológico, término muy usado últimamente porque trae la posibilidad de pensar conjuntamente las mutuas influencias entre lo hormonal (endócrino), nuestro sistema de defensas (inmunológico), las redes neuronales (neurológico), la conciencia, de orden psicológico y espìritual y los comportamientos.
Si hay hoy una novedad en neurociencias es que todo nuestro ser PNIE se transforma por influencia de ciertos estímulos. Los afectos, las emociones intensas, los encuentros significativos entre las personas, producen cambios en el sistema de defensas y en la producción de hormonas y el ¨cerebro cambia¨ según sean los estímulos. Los avances tecnológicos con neuro imágenes permiten afirmar que nuevas neuronas aparecen en el cerebro aún en edades muy avanzadas. No sólo que axones y dendritas en ciertas redes neuronales se vean re-estructuradas, sino que aparecen nuevos cuerpos neuronales.
Esta afirmación es de por sí estimulante y propiciatoria ya que nos dice del potencial humano, de su capacidad transformadora. Nos plantea también la pregunta de cuáles son esos estímulos que favorecen transformaciones positivas que nos alejan de la enfermedad. ¿De qué naturaleza son? ¿Cómo puedo producirlos en mi vida? ¿Qué lugar le doy al otro para que se produzcan?
El envejecimiento poblacional va en aumento en las sociedades modernas. Es un fenómeno que trae dificultades específicas. Para abordarlas las tenemos que reconocer y aportar a su solución de manera conjunta desde distintas disciplinas. Tal vez también esté trayendo nuevas formas de pensar los problemas y de valorar la vida. Tal vez nos mueva a una salida del individualismo, a una nueva reflexión sobre nuestra condición de ¨sujetos¨, de estar necesitados del cuidado del otro, de ser ¨completados por el otro¨.. y no sólo en el inicio de la vida, sino hacia el final.
Carmen de Grado, Lic. en Psicología, Especialista y Magister en Psicogerontología, Docente en la Universidad Maimónides en la Escuela de Ciencias del Envejecimiento