En el Día Internacional de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez
Coronavirus: una campaña por el buen trato a los mayores
Por Sonia Santoro
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Imagen: EFE
Este lunes se conmemora el Día Internacional de toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Organizaciones, universidades y profesionales lanzaron la campaña “Buen trato a las personas mayores” para concientizar sobre lo que se considera uno de los últimos tabúes de la sociedad. La covid-19 también hizo su aporte para exponer los maltratos estructurales y sumar nuevos. “Los adultos mayores se enfrentan a una vulnerabilidad adicional. El virus no solo amenaza su vida sino sus redes de apoyo, su acceso a sus jubilaciones y pensiones, a su sistema de salud. A lo que se agregan dudosas capacidades selectivas de atención”, apuntó Lía Daichman, al frente del Centro Internacional de Longevidad en Argentina (ILC).
Daichman fue durante años presidenta de la Red Internacional de Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez (Inpea) y fue una de las impulsoras junto a la Red Internacional para la Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez, HelpAge Internacional, Conicet y GerontoVida, entre otras instituciones, organismos y universidades, de la jornada virtual por el XV Día Internacional de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez: “Nuevas Formas de Discriminación y Maltrato hacia las Personas Mayores en Tiempos de covid-19”, que se desarrolló este lunes y contó con la inscripción de más de mil personas de todo el país.
En ese marco se lanzó la campaña de concientización que durará todo junio y que convoca a la ciudadanía a tomarse una foto con la planta que más le guste y a compartir la imagen en las redes sociales con los hashtag #BuenTrato #HagamosQueFlorezca.
En 2011, la Asamblea Mundial de las Naciones Unidas, en su resolución 66/127, designó el 15 de junio para conmemorar el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. “Uno de los últimos tabúes de la sociedad a lo ancho y largo del mundo es el maltrato hacia las personas mayores”, dijo Daichman. “Una de cada seis personas en el mundo sufren de malos tratos: 141 millones de seres humanos a nivel global. La covid-19 puso en escena los abusos que sufren sobre todo en geriátricos. Las personas mayores también pueden sufrir discriminación por su edad en la atención médica”, recordó. Daichman cuestionó, además, el lenguaje y enfoque conque se los trata: “paternalista y estereotipado”.
“Es necesario producir estándares, guías y protocolos para desarrollo de mecanismos posibles a fin de remediar la violación de derechos a las que están expuestos y sufren las personas mayores”, apuntó.
En cuanto al impacto socio-sanitario y económico de la pandemia en la vida de las personas mayores, el doctor en Gerontología Ricardo Jauregui dio cifras oficiales nacionales y de la ciudad. Informó que los adultos mayores de 65 años constituyen el 13% de los enfermos por coronavirus en el país. Al día de hoy, dijo, hubo 833 fallecidos en Argentina por covid-19, de los cuales el 80 por ciento fueron mayores de 65 años. En ciudad, el promedio de edad de los fallecidos es de 75 años. “A partir de los 60 años hay una curva progresiva de crecimiento de la mortalidad”, explicó. En cuanto a lo que pasa en las residencias para adultos mayores, dijo que hay 94 instituciones en las que entró el coronavirus en la ciudad. Como resultado hay 560 casos positivos confirmados y 77 fallecidos. Esto representa el 3 por ciento de los adultos mayores en residencias, ya que en la ciudad hay entre 18 y 20 mil adultos en estos dispositivos. “La mortalidad de ellos por esta enfermedad es del 0.4 por ciento”, dijo. También habló de la complejidad que enfrentan estas instituciones. “Las que tienen una persona por habitación son las menos. En general tienen tres o más por habitación. La gran mayoría están cerradas a nuevos ingresos, a pesar de que no está prohibido. La mayoría no tiene capacidad de aislar a alguien y tienen poca capacidad de contar con equipos rotativos de personal”, explicó. Y dijo que en la ciudad de Buenos Aires se va a empezar a testear en las residencias esta semana.
La profesora Silvia Gascón, directora del centro de estudios envejecimiento Isalud recordó la epidemia de poliomielitis. Ella era chica, dijo, y por lo tanto, grupo de riesgo. “Hoy como persona mayor me toca de nuevo ser grupo de riesgo”, comentó y desde ese lugar hizo un llamado a la comunidad: “La edad nunca debe ser un criterio para definir prioridades. Los derechos humanos son vitalicios, para toda la vida. Para que florezca el buen trato a las personas mayores exijamos que nuestros derechos sean cumplidos siempre”.
Eugenio Semino, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología, habló de la doble agresión que sufren las personas adultas mayores que viven en residencias: “El virus, por un lado. La pérdida de la libertad y los contactos, por el otro”.
“Lo que está desnudando esta pandemia es la gran solidaridad y el gran esfuerzo de los sectores. Y a su vez la hipocresía de un sistema político --más allá de los gobiernos de turno-- porque va en contramano. Esos adultos mayores a los que tratamos de proteger son los mismos a los que en 2017 se les robó parte de su aporte jubilatorio. O los que perdieron el 20 por ciento de su magro haber en 1018 y 1019 y que hoy tienen suspendida su movilidad jubilatoria antes de que llegara el virus”, planteó. Luego se preguntó si las políticas son de protección al adulto mayor. “¿Se puede suponer que con 16 mil pesos se puede subsistir? La gran mayoría sigue trabajando para seguir viviendo. Y ahora no pueden trabajar porque los estamos protegiendo para que no salgan de sus casas”.
Acceder al buen trato, dijo, es “comprender que el adulto mayor a cualquier edad sigue siendo un sujeto de derecho y que tiene el derecho al deseo, no a la imposición de lo que nosotros suponemos que quiere. No es un colectivo uniforme”.
Luego volvió sobre el tema de la violencia estructural: “Volvemos a lo que decía Ramón Carrillo. Los virus y las bacterias terminan siendo pobres transmisores de enfermedades, lo que está de base es la pobreza. Precisamente resolver esto va a exceder la cuarentena. El gran negocio no es la salud sino la enfermedad. Todo esto tenemos que rectificar entre todos si queremos que no haya abuso y maltrato desde lo estructural”. “Para que exista buen trato tenemos que tener una sociedad integrada, desarraigar la exclusión y la pobreza”, finalizóta/12
Hay que volver al cálculo de 2017, porque hoy las jubilaciones están atadas a la peor de las fórmulas: la arbitrariedad
Por Luis Petri
6 de junio de 2020
Filas cajeros jubilados - Villa Urquiza - Cuarentena COVID 19
El día jueves ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo que prorroga, hasta el 31 de diciembre, la suspensión de la fórmula de movilidad jubilatoria que se estableció en diciembre del año 2017 en medio de movilizaciones partidarias e intentos de tomar por asalto el Congreso por propiciar una reforma “inmoral” que afectaba al bolsillo de los jubilados.
Sin embargo, esa reforma mejoró la situación del sector pasivo, porque dejó de tomar en cuenta la recaudación e incluyó, en la base para el cálculo, las variaciones al Índice de Precios al Consumidor; lo que permitió actualizar los montos según el componente inflacionario, presente desde hace 70 años en el país.
Así, con la vieja fórmula kirchnerista, las jubilaciones aumentaron un 68% en el acumulado de los últimos dos años que estuvo vigente -hasta diciembre del 2017-; mientras que con el nuevo sistema en dos años el incremento fue del 78%.
Hoy los jubilados argentinos se encuentran atados a la peor de las fórmulas, la de la arbitrariedad a la hora de disponer sus aumentos. Ni nueva ni vieja fórmula, discrecionalidad absoluta del Presidente de la Nación para determinar cuánto ganan y cuánto pierden los jubilados en cada una de las categorías. Y a esta altura, casi todos pierden.
Ni bien asumió, el Gobierno de “Los Fernández” sancionó la ley de Emergencia Económica que suspendió por 180 días la aplicación de la fórmula para hacer efectiva la movilidad jubilatoria, esta vez, bajo el lema de la solidaridad social y sin piedras ni manifestantes en el Congreso con la pretensión de prenderlo fuego.
En diciembre del 2019, aún no estábamos en época de pandemia, el Poder Ejecutivo asumió el compromiso de convocar a una comisión mixta integrada por representantes del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo, y miembros de las comisiones del Congreso de la Nación, para que propusiera un proyecto de ley de movilidad de los haberes previsionales.
Esa comisión brilló por su ausencia hasta mayo, a un mes del vencimiento del plazo de 180 días. Cuando por fin se constituyó, como primera medida anunció la prórroga de su funcionamiento hasta el mes de diciembre, ese fue el preludio del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo.
Mientras tanto, en el mes de marzo, mediante el Decreto 163/20 el Gobierno dispuso el primer incremento trimestral a través de una suba del 2,3%, más una suma fija de $1.500 para los jubilados, pensionados y beneficiarios de otras prestaciones sociales. Los jubilados, con estos aumentos decretados, perdieron entre $541, en el caso de los haberes mínimos, y $14.032 en los máximos, en comparación con la fórmula jubilatoria suspendida.
Por otra parte, el Decreto 495/20, publicado el 27 de mayo en el Boletín Oficial, estableció un incremento equivalente a 6,12% sobre el haber devengado correspondiente a mayo de 2020 para todas las prestaciones previsionales a cargo de la ANSES a partir del 1 de junio: los jubilados que cobran el haber mínimo este mes, comienzan a hacerlo con un aumento de $972 con respecto al mes anterior y pasan de $15.892 a $16.864.
A su vez, mientras los ingresos jubilatorios se reducen, la inflación continúa en aumento; lo que afecta el valor de la canasta básica total de los adultos mayores que llega a $45.020, según un cálculo de la canasta básica de jubilados realizada por la Defensoría de la Tercera Edad.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) explica que “con esta medida, desde el punto de vista fiscal, el Gobierno reduce el gasto en prestaciones sociales, pero también genera una pérdida relativa de poder de compra para los jubilados y pensionados bajo lo que correspondía por Ley. Para el Fisco, el ahorro total neto de bonos (dos de $5000 en diciembre y enero, y dos de $3000 en marzo y abril) entre enero y agosto, sería de $34.000 millones (0,11% del PIB)”.
Como se ve, la suspensión de la movilidad no tenía por finalidad atender en forma prioritaria y en el corto plazo a los sectores de más bajos ingresos, ya que ellos también sufren un menoscabo en sus haberes jubilatorios.
Por ello hemos propuesto, junto a un grupo de legisladores de Juntos Por el Cambio, derogar el artículo 55 de la ley 27.541 que suspende la movilidad jubilatoria,en tanto implica un claro desconocimiento de derechos adquiridos, y una flagrante violación al establecimiento de las jubilaciones y pensiones móviles que indica el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional; y a los tratados internacionales que la República Argentina ha suscrito.
Mantener y prorrogar la suspensión de la movilidad jubilatoria es, a la luz de los aumentos otorgados por decreto, consentir y convalidar un ultraje al bolsillo de nuestros jubilados, que nada tiene de redistributivo y solidario. Es la manera “solidaria” que “Los Fernández” encontraron para hacer un brutal ajuste fiscal, que recae e impacta con arbitrariedad sobre los haberes jubilatorios.
El autor es diputado nacional de la UCR por Mendoza
“Las estadísticas sobre cordura son que uno de cada cuatro personas sufre de alguna forma de enfermedad mental. Piensa en tus tres mejores amigos. Si están bien, entonces eres tú”. Rita Mae Brown.
Las personas con padecimientos mentales constituyen el colectivo más vulnerable de la sociedad: invisibilizados, estigmatizados, temidos, rechazados, abusados o ignorados, son marginados debido a la creencia de que la locura es un mal incurable y los locos sujetos peligrosos. La discriminación es mayor si ese colectivo es pobre, máxime cuando son víctimas de un sistema de encierro en el que la privación de la libertad, la sobre medicación y los malos tratos arrasan con sus vidas.
El sufrimiento que los atraviesa no integra la agenda de los gobiernos, ni las políticas públicas y solo tiene prensa cuando se convierte en un hecho de tinte amarillista que convoca al morbo del lector: ya sea porque un “loco” atacó a un vecino y los medios claman por su encierro, o bien porque otro -encerrado- fue muerto por un perro salvaje debido a la desidia judicial. Así de contradictorios somos a la hora de negar la crueldad que implica la locura.
En el marco de la emergencia sanitaria por la que atraviesa el mundo, pocos se acuerdan de estos seres que viven un encierro dentro del encierro. Frágiles y sensibles, a sus propios procesos psicofísicos deben sumarse patologías coexistentes vinculadas al abandono, la cronicidad y los efectos secundarios de las medicaciones; lo que los vuelve más vulnerables al contagio. Es en ese punto donde debe focalizarse su atención en este momento. La pandemia expone situaciones que datan de hace años, y que vengo señalado en distintos pronunciamientos, foros académicos y artículos de doctrina. Que el virus haya ingresado a los manicomios es simplemente otra manifestación del estado en el que viven seres atravesados por el dolor desde siempre, y al que el sistema de salud atiende de manera deficiente.
Pese a que la Ley de Salud Mental -con fundamento en tratados internacionales- prevé la reconversión de los neuropsiquiátricos para el año 2020, la Ciudad de Buenos Aires tiene cuatro hospitales monovalentes de salud mental, todos ellos judicializados. Lejos está la utopía de aumentar el presupuesto en salud mental, crear dispositivos alternativos al hospicio y respetar el plexo de derechos que protege a las personas con padecimientos mentales que establece la propia ley, vigente desde el año 2010.
Para revertir la tradicional perspectiva de análisis, considero que el enfoque de la cuestión debe centrarse en tres ejes:
1. Entender a la salud mental como un derecho fundamental e inserto en el sistema de derechos económicos, sociales y culturales entre los cuales debe darse una relación de complementación y acumulación.
2. Entender que la afectación al derecho a la salud mental importa una violación al derecho a la dignidad humana.
3. Entender que la salud mental como derecho social debe acompañarse de una estrategia de salud pública, para evitar tal vulneración.
Si estos parámetros se tomaran en cuenta, se evitaría la desaferentación afectiva, psicológica y social que sostenida en el tiempo puede generar síntomas de deterioro cognitivo y motriz que cursan con la propia patología y llevan a las personas a una exclusión que constituye una afrenta a la dignidad humana. Esos seres marginados tienen derecho a transitar su enfermedad en otras condiciones y es el Estado quien tiene que garantizar que la violación al derecho humano no se configure evitando el confinamiento que excluye y descompone al sujeto frente a sus habilidades de interacción convirtiéndolo en objeto. Ello se evita mediante el cambio de paradigma que proponen los Tratados Internacionales, la Ley de Salud Mental Nacional y la de la Ciudad, aunque no se cumplan.
Quizás la pandemia sea la excusa para poner el tema en la agenda pública. Mientras, es prioritaria la atención a esta población vulnerable.
Pero para dar vigencia al desarrollo del cambio de paradigma propuesto, debe existir un compromiso no solo de los operadores de la salud y el derecho, sino también de la sociedad toda
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Los locos también se contagian.
Pensemos que si nosotros no nos bancamos nuestro encierro que tiene dos meses, cómo estarán ellos que transitan su encierro dentro del encierro.
La autora es jueza de Primera Instancia en lo CAyT de la CABA, Doctora en Derecho, Posgraduada en Determinantes Sociales de la Salud Mental, Profesora de grado y posgrado de su especialidad y autora de numerosas publicaciones, entre otras del libro “Salud Mental: un nuevo enfoque desde el derecho administrativo constitucionalizado” (RAE, 2015).
Cómo preservar la salud mental de los adultos mayores durante la cuarentena
Facebook, Instagram, INECO, Infobae y UNICEF se unieron en la campaña #EnCasaconSalud para favorecer el bienestar emocional de las personas durante este período de aislamiento social. En la anteúltima entrega, consejos para adultos mayores, cuidadores y sus familias para pasar la cuarentena con tranquilidad
26 de mayo de 2020
Especialmente aquellos en aislamiento y con deterioro cognitivo o demencia, pueden volverse más ansiosos, enojados, estresados, agitados, retraídos o demasiado sospechosos durante el brote (Shutterstock)
Los adultos mayores son particularmente vulnerables a COVID-19 debido a sus fuentes de información limitadas,sistemas inmunes más débiles y la mayor tasa de mortalidad de COVID-19 que se encuentra en la población de mayor edad. Por eso, prestar atención específica a los grupos de alto riesgo, es decir, personas mayores que viven solas o sin parientes cercanos; que tienen un bajo nivel socioeconómico y o condiciones de salud criticas como deterioro cognitivo, demencia u otras condiciones de salud mental, es fundamental.
Especialmente aquellos en aislamiento y con deterioro cognitivo o demencia, pueden volverse más ansiosos, enojados, estresados, agitados, retraídos o demasiado sospechosos durante el brote. Dentro de las principales medidas de apoyo, los especialistas recomiendan brindar apoyo emocional a través de redes informales (familias) y profesionales de la salud mental, compartir datos simples sobre lo que está sucediendo o brindar información clara sobre cómo reducir el riesgo de infección en palabras que las personas mayores con o sin deterioro cognitivo puedan entender.
Con el objetivo de brindar soporte y herramientas para afrontar la situación actual de aislamiento social que viven los argentinos y, así, fortalecer la capacidad de resiliencia de las personas, Infobae, Facebook, Instagram, Fundación INECO y UNICEF se unieron para presentar la campaña #EnCasaconSalud, una iniciativa para promover el bienestar emocional durante la cuarentena que afecta a millones de personas por la pandemia del COVID-19.
Según el doctor Fernando Torrente, director del Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas de Fundación INECO, “la salud mental se ha convertido en una variable fundamental de este escenario impensado. El temor a la enfermedad y sus consecuencias, y las medidas de aislamiento impactan en nuestra salud emocional de manera creciente. Al mismo tiempo, la salud emocional es clave para sostener nuestros cuidados generales, tomar decisiones adecuadas y llevar adelante nuestras vidas en un contexto adverso prolongado”.
Cuidar a los demás nos ayuda a regular nuestras propias emociones y a ganar una sensación de control (Shutterstock)
“Necesitamos trabajar juntos para proteger a las personas mayores del virus”, dijo el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una conferencia de prensa, mientras discutía la necesidad de que las personas mayores se retiren de la vida pública. “Las personas mayores llevan la sabiduría colectiva de nuestras sociedades”
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Los ancianos representan la gran mayoría de las muertes por coronavirus, en particular los mayores de 85 años o aquellos con afecciones subyacentes (que se aplica a aproximadamente cuatro de cada cinco ancianos). Si bien el aislamiento físico puede proteger a nuestros adultos mayores del virus altamente contagioso que asola el mundo, los expone a otro desafío menos comprendido: la soledad.
El aislamiento social y la soledad no siempre van de la mano. La soledad, a diferencia del aislamiento social, es un sentimiento subjetivo. Según Lisbeth Nielsen, directora de la división de investigación conductual y social del Instituto Nacional del Envejecimiento de los Estados Unidos (NIA, por sus siglas en inglés), la soledad es la “sensación de sufrimiento por estar desconectado de otras personas, que es diferente al aislamiento social que simplemente no es estar cerca de otras personas o no tener conexiones cercanas”.
Sin embargo, el aislamiento social podría generar sentimientos de soledad. Los estudios observacionales y correlacionales han relacionado los sentimientos persistentes de aislamiento social y soledad con un mayor riesgo de desarrollar ciertas condiciones de salud mental y física como enfermedades cardíacas, presión arterial alta, ansiedad, depresión e incluso la muerte prematura.
“Uno de los desafíos más importantes durante el aislamiento social preventivo y obligatorio es preservar la salud mental de toda la población. Este desafío es inclusive más complejo en los adultos mayores porque saben que el aislamiento social preventivo y obligatorio va a ser más prolongado para ellos. Durante esta etapa, uno de los grandes motores de sus vidas es aprovechar cada día al máximo y pueden llegar a sentir que en este contexto tan particular no lo pueden lograr. Por lo tanto, una de las claves para preservar la salud mental de los adultos mayores es mantener la identidad personal y su rol en la familia y la sociedad. Todos somos parte de que puedan lograr ese objetivo”, aseveró en diálogo con este medio Julián Bustín, jefe de la Clínica de Gerontopsiquiatría y Memoria de INECO.
“Existen una serie de estrategias para el afrontamiento positivo del estrés que son importantes sumar para aumentar el nivel de bienestar de los adultos mayores" (Shutterstock)
Para el experto, el concepto fundamental para los adultos mayores, sus familiares y cuidadores es que el distanciamiento social y preventivo del que tanto se habla es un distanciamiento físico, que de ninguna manera debe confundirse con un distanciamiento de los afectos o de las actividades o proyectos personales.
Algunos consejos prácticos para no descuidar estos aspectos son: mantener el contacto social con familiares, amigos y vecinos de manera virtual o telefónica; mantener activa la mente y realizar tareas placenteras (leer, escuchar música, cocinar, aprender algo nuevo); mantener una buena rutina de cuidado personal (actividad física, dieta saludable, descanso adecuado, aseo personal, continuar los tratamientos médicos); mantener la conexión con los propios sentimientos y compartirlos con los seres queridos; y solicitar y aceptar ayuda tanto emocional como logística.
En Italia, los funcionarios locales se preocupan por el estado psicológico de las personas mayores confinadas en sus hogares. La ciudad de San Casciano en Val di Pesa lanzó una iniciativa llamada “Ciao Nonna, come stai?” o “Hola abuela, ¿cómo estás?” instando a todos los jóvenes a llamar a parientes mayores, o incluso a personas mayores que no conocen.
Si bien muchos ciudadanos mayores carecen de las habilidades necesarias para mantenerse conectados a través de la tecnología, las ofertas como estas son un salvavidas. Con nuevos conocimientos técnicos, algunas personas mayores en cuarentena llevan vidas más activas socialmente que antes.
“¿Por qué creo que la generación del milenio es la clave? Porque son los expertos en las reuniones sociales". La doctora Deborah Birx, coordinadora de la Casa Blanca para la respuesta al coronavirus, dijo en una súplica a los estadounidenses más jóvenes. “Y creo que siempre hemos escuchado sobre la generación más grande: ahora es nuestro deber protegerlos. Y creo que los millennials pueden ayudarnos enormemente”.
“Existen una serie de estrategias para el afrontamiento positivo del estrés que son importantes sumar para aumentar el nivel de bienestar de los adultos mayores. El bienestar sirve como un amortiguador para enfrentar los efectos del estrés sobre nuestra vida. Esto impacta directamente sobre nuestro cerebro, activando los circuitos de recompensa naturales. Áreas subcorticales como el ‘nucleus accumbens’ liberan un neurotrasmisor llamado dopamina que nos hace sentir bien”, sostuvo en diálogo con InfobaeTeresa Torralva, doctora en neurociencias y presidenta de la Fundación INECO.
Algunas de estas estrategias incluyen: la reevaluación positiva (pensar en los aspectos positivos), la organización de una rutina saludable (incluyendo entrenamiento físico, trabajo o estudio, ocio, alimentación adecuada y vida social), el entrenamiento en emociones positivas (optimismo, tolerancia, gratitud, generosidad, optimismo, etc.), y la adaptación a las nuevas metas (ser flexible)
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“La espiritualidad es considerada un factor protector de la salud. Estudios de investigación han demostrado que que creer en algo superior tiene efectos beneficiales para la salud. El sentido existencial que brindan las religiones sea cual fuere contribuye fuertemente a un mejor ajuste emocional”, añadió la experta.
Consejos para adultos mayores, cuidadores y sus familias para pasar por el aislamiento social con tranquilidad:
No poder salir de la casa puede no ser lo mejor, pero estar aislado no significa estar abandonado (Shutterstock)
1. Si es una persona mayor
No poder salir de la casa puede no ser lo mejor, pero estar aislado no significa estar abandonado. El contacto social es importante, pero por un tiempo tendrá que hacerse virtualmente. ¿Qué tal hacer cosas que ocupen su mente como trabajos manuales, jardinería, lectura, música o una nueva receta?
2. Recuerde el cuidado físico
Tome su medicamento exactamente como se lo recetó su médico, ni más ni menos. Asegúrese de comer, beber agua y descansar. Manténgase activo, ejercite su cuerpo, realizando actividades como estirarse, bailar, cuidar del hogar y seguir las pautas de higiene y cuidado personal.
3. Cuidado emocional
Escriba sobre lo que siente o para las personas que ama, mire programas que le hacen bien, conéctese con su espiritualidad, acepte ayuda con las compras u otras tareas que necesite, aproveche la oportunidad de aprender sobre la tecnología y utilizarla para su ventaja y recuerde que el mundo ha superado otras pandemias antes.
4. Si tienes una persona mayor en la familia
Esté presente diariamente a través de llamadas por vídeo o teléfono, para que las personas mayores no se sientan emocionalmente aisladas, además de hacer un monitoreo de su autocuidado, el uso correcto de medicamentos, alimentación, hidratación y sueño, necesidad de ayuda con compras u otras tareas y su estado emocional.
5. Cuidados especiales de las personas mayores:
Ten cuidado de no infantilizarlo, enséñele a usar la tecnología de manera segura, sea paciente y respetuoso, ayúdelo a establecer una rutina, explique claramente lo que necesita hacer para protegerse, esté atento con el empeoramiento de la demencia o la depresión y no imponga reglas, busquen alternativas juntos.
6. Recomendaciones para familiares o cuidadores de pacientes con deterioro cognitivo, enfermedad de Alzheimer u otras demencias en épocas de coronavirus
Los problemas de memoria pueden dificultar la realización de medidas de higiene por parte de las personas con deterioro cognitivo. Utilice recordatorios (verbales o escritos) frecuentes para las mismas. Los controles médicos no esenciales o de rutina pueden sufrir cancelaciones. Consulte con su médico la manera de poder disponer de recetas para un mayor número de días a fin de disminuir los viajes a la farmacia. Refuerce medidas de higiene en el hogar y específicamente de objetos y pertenencias de las personas con deterioro cognitivo. Los cambios bruscos en la conducta o cognición, pueden ser signo de una infección: Ante la aparición brusca de confusión, comuníquese con su médico o el servicio de emergencias.
Dévora Kestel, es la primera mujer en su cargo en la OMS.
“Si no aprovechamos estas nuevas libertades de manera inteligente, los pasos hacia adelante para combatir al patógeno habrán sido en vano y los gobiernos nos volverán a pedir que nos quedemos adentro de nuestras casas. Confío en que las poblaciones se han vuelto más responsables, que han aprendido de las lecciones que el virus ha dejado”, señala Dévora Kestel. Con “nuevas libertades”, esta psicóloga (UNLP) y magíster en Salud Pública (Universidad de Londres) se refiere a las flexibilizaciones (salidas de una hora, vueltas a la manzana con los niños) que incorporan los Estados a medida que la pandemia avanza hacia otra fase. Kestel es la primera mujer en la historia a cargo del departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud y, desde hace un cuarto de siglo, concentra sus esfuerzos en el diseño de políticas sanitarias a escala global. En este diálogo, reflexiona sobre el modo en que el aislamiento afecta los vínculos con los seres queridos y promueve el robustecimiento de las relaciones vecinales y comunitarias como estrategia positiva para combatir el encierro en tiempos de híper-individualismo.
-¿De qué manera el aislamiento afecta los vínculos y las emociones?
-El mundo vive un momento de excepción, de esos que no se repitieron muchas veces en la historia. Quedan poquitos sobrevivientes a la Gripe española, la anterior epidemia de dimensiones globales en 1918. Nos afecta tanto no poder relacionarnos de la manera en que acostumbramos a hacerlo que buscamos los modos para sobrellevar la cuarentena. Al mismo tiempo estoy convencida de que el ser humano se adapta con mucha facilidad a los contextos que se le presentan. La pandemia, en este sentido, es un fenómeno tan fuerte que indefectiblemente nos transformará, tanto desde lo individual como desde lo colectivo.
-¿Las relaciones virtuales, a través de redes sociales, reemplazan a las presenciales?
-Por supuesto que no. Sin embargo, el desafío es tan claro y los miedos son tan patentes que debemos suspender las relaciones en presencia. Pensar en las consecuencias de desobedecer el aislamiento quizás pueda servir para comprender que, en definitiva, ese abrazo que hoy no se puede dar se brindará en otra oportunidad, en un tiempo cercano. Afortunadamente, nuestra sociedad está mediatizada a través de redes sociales. No es igual saludar a alguien querido por un cumpleaños mediante una videollamada que hacerlo con un abrazo y un beso, pero al menos existe esa chance y no estamos incomunicados.
-Además, no todas las personas experimentan de la misma manera el confinamiento.
-Es que no es lo mismo alguien que vive hacinado en un ambiente con una familia de diez personas, respecto de alguien que habita una casa junto a su pareja en un departamento de cuatro ambientes. Algunos transcurrirán el confinamiento con más o menos facilidad, sufrimiento y angustia que otros. Existen muchas heterogeneidades, tantas como personas; no obstante creo en un aspecto común e inherente a los seres humanos que tiene que ver con esa capacidad de sobrellevar situaciones adversas.
-¿Qué ocurre con la gente que no puede adaptarse a esta nueva realidad? ¿Qué sucede con las personas que enfrentan problemas de salud mental?
-Esa gente sufre más. Desde que comenzó la pandemia, en la OMS venimos conversando con colegas que han prestado auxilio y trabajado en otras experiencias fuertes. En las crisis humanitarias, las guerras o las catástrofes de cualquier tipo también se advierten situaciones de emergencia con las que es difícil lidiar. En la actualidad, las personas que ya arrastraban problemas de salud mental incrementan sus angustias, sufrimientos, preocupaciones, ansiedades y estrés. Con el coronavirus los miedos emergen. El miedo a enfermarse, a que le ocurra a un ser querido, a proteger a nuestros familiares que están en una condición mayor de riesgo. Frente a ello, habrá quienes superarán este desafío más fácilmente y quienes no lo harán, que requerirán de la ayuda de los profesionales de la salud mental, así como también de gente del propio entorno
-¿A qué se refiere con gente del entorno?
-Una de las iniciativas que promovemos desde hace mucho tiempo refiere al tema de la salud mental en la comunidad. Abordar el problema más allá de las instituciones tradicionales. Si consideramos que, en base a estudios previos, en contextos de emergencia una de cada cinco personas podrá afrontar algún trastorno relacionado con la salud mental; podríamos pensar que en este momento, entonces, los números podrían ser muy importantes. Por este motivo creemos que la salud mental no puede quedar solo en manos de los profesionales, hay que desarrollar capacidades en otros sectores: en las escuelas, los trabajos, las comunidades. Los vecinos tienen que jugar un rol muy importante en la creación de redes de contención en escenarios como el que nos toca. Hay personas que viven solas y no tienen con quien hablar.
-De hecho, en Argentina, estudiantes de universidades públicas participan de programas voluntarios para llamar telefónicamente a personas que viven solas…
-Ese es el punto, en muchos casos no hace falta estudiar cinco o diez años para aliviar la salud mental de una persona que atraviesa el confinamiento en soledad. No hace falta que todas sean intervenciones del más alto nivel psiquiátrico o psicológico. Prestarle la oreja a otro ser humano es tan básico como imprescindible. En el mundo se han montado sitios específicos de acompañamiento terapéutico para ancianos que no tienen familias ni nadie con quien relacionarse de manera directa. Por ejemplo, a los ancianos que viven en geriátricos o sitios de reposo se les transformó la vida en un 100%. Supongamos que, por efecto de la pandemia, los familiares no pueden acceder a verlos. El paisaje se complica mucho más si a eso le sumamos que, a medida que se incrementa la edad, también lo hacen las chances de demencia. La gran mayoría de nuestros viejos no deben saber qué es lo que pasa, solo saben que sus seres queridos ya no van a saludarlos semanalmente como hacían siempre. El apoyo psicosocial es central para todos los programas que se impulsan desde Naciones Unidas.
-¿Qué es el apoyo psicosocial?
-Nos toca ser creativos con lo que tenemos a mano. La videollamada para quien disponga de la tecnología, la llamada normal para quien tenga la línea fija, el vecino para quien no tenga tecnologías de ninguna clase. Todas las noches me pregunto por qué tienen tanto éxito esos momentos en que las comunidades agradecen al personal de salud, o bien, por qué se reciben tan bien esos pequeños shows que se montan desde los propios balcones. Desde mi perspectiva, las personas buscan nuevos modos de conectarse. Una de las pocas vías de las que hoy disponemos para no quedar tan aislados. Se generan espacios positivos de comunicación, sitios relajados, actividades que hacen bien. Es la comunidad que se pone a hablar un poco entre sí, que se expresa como puede. En la región europea de la OMS ya se publicaron guías para que las poblaciones vayan incorporando cómo será salir de los aislamientos. Las cuarentenas comienzan a flexibilizarse en todo el mundo.
-Las personas vuelven a reconstruir sus rutinas aunque con reparos que en el pasado nadie se atrevía a imaginar.
-Del mismo modo comienza a suceder en muchas partes. En España los niños tienen permiso para salir un rato y resulta impresionante ver esas imágenes: los seres humanos extrañan tomar aire, cruzarse con otros, ver el cielo. Ahora bien, la situación se pone sutil, ya que si no aprovechamos estas nuevas libertades de manera inteligente los pasos hacia adelante para combatir al patógeno habrán sido en vano y los gobiernos nos volverán a pedir que nos quedemos adentro de nuestras casas. Confío en que las poblaciones se han vuelto más responsables, que han aprendido de las lecciones que el virus ha dejado.
-Los jefes de Estado les piden a sus ciudadanos que sean responsables. ¿Es posible?
-La ciudadanía debe ser responsable y está en condiciones de hacerlo. En este punto tiene mucho que ver la información que reciba cada sociedad. En la actualidad, de seguro, podemos actuar mejor que como lo hicimos al comienzo de la pandemia porque sabemos más, podemos estar más atentos a muchas cosas que en el principio desconocíamos. El tema de la responsabilidad individual respecto de la salud pública es muy sensible. Existen asuntos súper consolidados como la importancia de vacunarse y, sin embargo, de vez en cuando emergen los grupos antivacunas. Frente al Covid-19, la responsabilidad corresponde al individuo, a la comunidad, a la sociedad y al Estado. Un poco a cada actor.
-¿Cómo afecta el encierro en los casos de consumo problemático de sustancias? Usted también está a cargo de este tema en la OMS. -Es un problema muy grave el encierro. Se incrementa el consumo de alcohol y de sustancias, aumenta la violencia doméstica contra los niños y las mujeres. La ciudadanía debe disponer de mecanismos que contribuyan a resolver estos conflictos. Me refiero a cuestiones básicas del tipo: “Si escucho algo en el departamento de al lado, si alguien está recibiendo una golpiza o teniendo una discusión muy fuerte, ¿cómo debo actuar? ¿A quién recurrir?” Se puede empezar por hilvanar primeras respuestas para luego pasar a constituir redes de contención más fuertes. Hay que restablecer las relaciones con los vecinos, con los territorios, con las comunidades a pequeña y mediana escala. Ser solidarios.
-¿De qué manera ser solidarios en sociedades que fomentan el individualismo?
-Es muy difícil, es cierto. Pero, por otro lado, prestemos atención al fenómeno de las redes sociales. Representan, de alguna manera, comunidades virtuales más extensas que la barrial o vecinal pero son comunidades al fin. Creo que desde la política, lo social, desde el arte y los medios es central bajar con un mensaje unívoco que comunique, sencillamente, que solos no vamos a ningún lado.
La investigadora mexicana Atocha Aliseda, matemática y doctora en Filosofía, explica por qué la medicina y la epidemiología no pueden responder a nuestra necesidad de certezas
En algún momento de febrero, Atocha Aliseda Llera pasó de leer una tesis basada en casos históricos de epidemias a leer noticias internacionales sobre el nuevo coronavirus. La OMS no había declarado la pandemia aún, pero ella entendió pronto que el virus afectaba las vías respiratorias y pensó en su madre, que padece una enfermedad pulmonar avanzada.
“Por un lado, personalmente, estoy muy preocupada. Pero por otro lado me parece fascinante que por fin entendamos que estamos en un mundo incierto y que eso no quiere decir que la ciencia no sirva”, dirá después la investigadora, que trabaja en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y coordina un seminario de doctorado sobre Epistemología de Ciencias de la Salud. Aliseda Llera es licenciada en Matemáticas y se doctoró en Filosofía y Sistemas Simbólicos en la Universidad de Stanford con una tesis en el campo de la Lógica, que ocupa un lugar central en su trabajo académico. Durante años se dedicó a elaborar modelos lógicos y computacionales de la abducción (o explicación); que es, de modo muy general, “el proceso de razonamiento mediante el cual se construyen explicaciones para observaciones sorprendentes, esto es, para hechos novedosos o anómalos”. Este tipo de razonamiento es parte esencial en la elaboración de diagnósticos en la medicina, por ejemplo, una disciplina que no tiene leyes generales como tiene la física. Los médicos, ha explicado Aliseda Llera, al igual que los detectives, plantean una explicación posible para un hecho a partir de indicios (los síntomas), y desde ahí buscan información para corroborar su hipótesis.
Hace más de una década, y por invitación de una historiadora de la medicina interesada en sus modelos, Aliseda Llera empezó a asistir a discusiones de casos clínicos en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México para estudiar lo que se llama razonamiento clínico: la forma en que los profesionales de la salud razonan, en qué tipo de conocimiento basan sus decisiones, cómo surgen sus ideas. Este martes por la tarde, la investigadora —que ha realizado estancias en universidades de Holanda y España y ha recibido premios por sus investigaciones en humanidades y en lógica— se hizo un espacio entre sus clases en línea y, durante una hora, respondió por Zoom a preguntas sobre el razonamiento clínico y sobre algunos aspectos de nuestra relación con la medicina que han quedado expuestos bajo la luz estridente de la pandemia. Lo que sigue es una versión condensada y editada de sus respuestas.
Pregunta. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, los elementos en los que se basan los profesionales de la salud para tomar decisiones?
Respuesta. Mi aproximación a los profesionales de la salud ha sido sobre todo en lo que se llaman las sesiones clínicas. En todos los hospitales, y más en profundidad en los de investigación (como el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía o el de Nutrición), se hacen sesiones semanales por especialidad en las que discuten desde los residentes hasta los jefes. Ahí discuten casos difíciles, y es un espacio donde discuten casos reales, pero sobre todo se utiliza para los residentes más jóvenes como un espacio de apreciación y de enseñanza. Entonces, la pregunta que con la que yo empecé, y por eso estoy haciendo todo este contexto, era en realidad cómo se enseña el razonamiento clínico. ¿Cómo es que un médico de pronto ya sabe integrar la información tanto de la fisiología como de sus experiencias anteriores? Mi pregunta principal era esa. Y, viniendo de matemáticas, creo que tenemos una situación similar: cuando el profesor te enseña a demostrar, no hay reglas. Uno aprende a demostrar demostrando. Entonces, una de mis preguntas iniciales era: ¿Cómo es que estos médicos residentes jovencitos se convierten en expertos? Y, más en particular, ¿cómo es que se enseña cuando no hay reglas?
Aunque hay cursos de razonamiento clínico y hay libros sobre razonamiento clínico, en realidad lo que hacen, visto desde la computación, es el llamado razonamiento por casos: así como al que está aprendiendo matemáticas lo expones a demostraciones, demostraciones, demostraciones, pues a los médicos en formación se les expone a casos. Uno de los tipos de razonamiento que se utilizan es comparar la situación actual que están viendo con una anterior. O sea, el médico todo el tiempo está haciendo analogías. Esa es una. Otra: ¿Cuándo es que el médico generaliza? ¿Cuando ya vio a dos pacientes parecidos? ¿A tres? ¿A cuántos? Ahí estamos viendo de manifiesto el muy teórico pero muy discutido problema de la inducción en Filosofía: cuántos cuervos negros necesito para decir que todos los cuervos son negros.
Lo que a mí también me interesaba era ver hasta dónde los médicos en formación o los médicos en general están conscientes de que un diagnóstico es una hipótesis diagnóstica. Sin embargo, los médicos y los pacientes nos ponemos muy nerviosos con esto de que el estatus epistémico de un diagnóstico sea el de una hipótesis. Cómo voy a salir yo de un consultorio donde me digan: pues tal vez tienes covid-19 o tal vez tienes EPOC o lo que pasa es que estás cruda, etcétera, etcétera. Creo que al médico le cuesta mucho aprender que el estatus epistémico de sus diagnósticos son hipótesis, o que esto puede cambiar.
P. En estos días se habla mucho de modelos, de estadísticas, de pruebas, como si estas curvas y estos gráficos fueran una réplica de la realidad y de lo que va a suceder. ¿Qué rango de verdad tienen estos modelos desde la filosofía de la ciencia? ¿Hasta dónde son conocimiento científico y hasta dónde son algo del orden de la intuición basado en un porcentaje mínimo de información?
R. Aquí quisiera separar mi respuesta en dos. En primer lugar, creo que es muy interesante ver, como usted dice, que lo que queremos son certezas, que nos expliquen. Y cuando nos ponen una gráfica pensamos que eso está representando una partecita de la realidad. Y los modelos, para empezar, son reconstrucciones abstractas, son constructos mentales en los que efectivamente estamos tratando de representar algo, pero estamos tratando de representar solo algunos aspectos de la realidad. Y lo que estamos tratando de ver o de analizar son los escenarios de lo que podría pasar de acuerdo a las variables que hay. Por ejemplo, si yo asumo que la tasa de crecimiento del contagio es tal, ¿cuántos contagiados tengo en tal tiempo? Los modelos nos ayudan muchísimo a eso y ahora hay matemáticos que se están metiendo en esto. Sin embargo, a la hora de hacer un modelo tenemos algunas certezas —yo puedo decir que el tamaño de la población que voy a analizar es tal—, pero ¿cuántos están infectados? Pues no lo sé. Entonces ahí es donde empezamos a ver que hay ciertos presupuestos que no se explican o que no se alcanzan a ver.
Creo que estos tiempos o esta crisis han sido fascinantes porque hay mucha gente, incluyéndome a mí, que queremos entender muchas cosas que no entendíamos antes, porque la disciplina —déjame llamarle así por no llamarle ciencia— de la epidemiología es estadística. Sí. Sin embargo, no sabemos estadística, ni siquiera los que nos preciamos de ser gente educada. Incluso los médicos, porque la otra parte es decir: “Bueno, los médicos van a tomar decisiones, ahora hablamos de la medicina basada en evidencia”. Cuando decimos evidencia, para empezar, está mal dicho en español, porque en la evidence based medicine, “evidencia” en realidad quiere decir “prueba”. Y la medicina basada en pruebas es en pruebas estadísticas. Y a los médicos a veces les cuesta trabajo porque, aunque se habla ahora del paradigma de la medicina basada en evidencia, seguimos en el modelo que propuso Claude Bernard [biólogo teórico, médico y fisiólogo francés que fundó la medicina experimental en el siglo XIX], donde el conocimiento era sobre todo fisiopatológico. Los médicos se la pasan estudiando eso. Solo son los epidemiólogos, que ya es una especialidad, los que se dedican a ver qué quiere decir tal cosa en la gráfica, etcétera.
Entonces, ahora que estamos hablando de los modelos, creo que hay que hablar de dos niveles. El primer nivel, que está en la percepción de las personas comunes y corrientes, que no sabemos estadística. Creo que eso ha quedado clarísimo. H. G. Wells [escritor británico, autor de La guerra de los mundos] decía en el siglo XX que el razonamiento estadístico iba a ser tan necesario como saber leer y escribir. Y la realidad es que ya estamos en el siglo XXI y la educación estadística no ha llegado. La exposición a los modelos matemáticos para la gente común ya es una cosa (hay que entender que es un modelo, que hay presupuestos, etcétera), pero ahora vayámonos a los expertos, y aquí yo coincido totalmente con un epidemiólogo emérito de la Universidad de Stanford, que dice: en estos momentos los modelos no nos sirven. No tenemos suficientes datos ni suficiente información para poder hacer nuestros modelos. Hoy en la mañana estaba escuchando la BBC y lo que decían es que no vamos a saber cuántos se han infectado por covid-19 hasta que no tengamos datos como cuál fue el exceso de muertes. Una manera de calcular tentativamente cuántos pudieron haber muerto por covid-19 es comparar cuántos murieron hace un año con los que llevamos ahora. Pero a eso no lo vamos a saber hasta que no se registren todos esos datos. Y eso en un país como Inglaterra, que está bastante organizado. Aquí en México no creo que nos enteremos nunca. Entonces, para cerrar lo de los modelos: no estamos listos para esta época. Y no solo porque no sepamos estadística, sino porque no estamos listos para la incertidumbre. O para que los propios investigadores o los propios políticos que utilizan estos datos digan: “La verdad, no tenemos idea”. El primer ministro holandés hizo una declaración muy simpática, probablemente la única simpática que hizo, y es que se estaban tomando el cien por ciento de las decisiones con el cinco por ciento de la información.
P. ¿Y cuál sería el otro nivel?
R. Paso al otro nivel. Con la lógica, que es a lo que yo empecé dedicándome como matemática, tenemos la certidumbre. Es como perfecta, porque ahí tienes un mundo que se comporta regularmente: asumes que las cosas son verdaderas y de ahí deduces lo que puedes. Con la probabilidad, lo que estamos midiendo es el riesgo: conocemos cuáles son nuestras incógnitas y lo que tenemos que hacer es calcular bien. Pero en el terreno de la incertidumbre, que es en el que estamos, no sabes ni siquiera cuáles son tus escenarios posibles. Creo que eso es algo que los científicos no aceptan. He tenido discusiones con amigos matemáticos que me dicen: “Es que los modelos son así”. Yo les digo claro, pero tú tienes que ir ajustando un modelo con la realidad y solamente vas a saber si es bueno cuando le vas cuchareando, pues le mueves los números arriba, abajo, etcétera, y entonces ya puedes publicar tu artículo y explicárselo a un auditorio. Esto a mí me parece fascinante. Por un lado, como te decía, personalmente estoy muy preocupada, pero por otro lado me parece fascinante que por fin entendamos que estamos en un mundo incierto y que eso no quiere decir que la ciencia no sirva. La propia ciencia es incierta.
P. Han salido varios artículos o materiales previos de gente que, antes de esto, ya advertía que la próxima amenaza era una pandemia, desde el video de Bill Gates hasta divulgadores o científicos. Para mí es una sorpresa que la ciencia médica pueda analizar un escenario global y decir: ojo aquí.
R. De alguna forma, a este pronóstico yo lo comparo un poco con los pronósticos de los temblores. Sabes que hay zonas donde va a temblar, incluso físicamente puedes ver cosas como la falla de San Andrés. Pero cuándo va a pasar y qué tan fuerte puede ser, no tienes idea. Entonces en un sentido... supongo que como político, si no te toca a ti, pues buena suerte, ¿no? Yo sí creo que esto se vino como una bola de nieve y a todo el mundo nos ha agarrado, alguien decía esta expresión, con los dedos en la puerta.
Mire, yo estoy discutiendo ahora, porque bueno… ahora estamos todos en esto, justamente de los escenarios posibles, imposibles. Hablaba con un amigo filósofo que cree que, como humanos, no podemos pensar que hay imposibles, pues los escenarios que se nos ocurren son combinaciones de los anteriores, etcétera. Y una de las cuestiones que estábamos discutiendo es si esta pandemia se podía esperar o no. A nivel personal no lo esperaba nadie. Pero a nivel político y a nivel de estados, hay estados como Corea del Sur que no solamente sabían que venía, sino que se estaban preparando. El caso de éxito de Corea del Sur creo que tiene que ver con dos cosas: su capacidad de control sobre la población —esto es algo importante, que también tiene China—, pero sobre todo que ellos ya estaban de alguna forma preparados con sus laboratorios, etcétera. El otro punto es este: ¿Cómo mides el éxito entre países?
Es algo que yo he pensado también. Pero, al menos viéndolo a través de la parte metodológica y de modelos, te diría que nuestra información entre los países es casi inconmensurable, en el sentido de que no podemos ni siquiera comparar. ¿Por qué? Para empezar, y aunque parezca algo muy tonto y muy simple, están registrando la información de maneras distintas: en Italia están anotando si los que murieron por covid también tenían alguna alguna otra condición crónica; en España están poniendo los confirmados por covid con una prueba y los confirmados clínicamente. Algunos médicos dicen que es clarísimo cuando alguien tiene esto, porque es una especie de inflamación a lo bestia que afecta sobre todo a los pulmones. Entonces, bueno, si yo estoy registrando de formas muy distintas no voy a poder saber por qué unos sí tienen éxito y por qué otros no. O por qué las políticas que sí funcionaron en algunos países, en otros no.
Yo creo que todo esto sí se va a ir aclarando, pero me parece casi increíble que en un mundo que parecía tan conectado y tan… de pronto esto nos rebasó. Y estoy hablando solo de la parte de cómo capturar la información...
Antes de terminar la conversación, aunque Aliseda Llera se dedique a la Filosofía de la ciencia y no a la Historia, parece inevitable preguntarle por momentos en la evolución de la medicina en los que una situación excepcional o un descubrimiento hayan cambiado presupuestos fundamentales o hayan hecho dar un salto a la disciplina. La investigadora entonces hablará de descubrimientos espectaculares como los rayos x o la anestesia, y, por supuesto, del caso de Ignaz Semmelweis: el médico húngaro que, en 1846, cuando era jefe de residentes en la Clínica de Maternidad del Hospital General de Viena, se propuso investigar por qué tantas mujeres que iban a dar a luz enfermaban y morían de lo que entonces se llamaba fiebre puerperal o fiebre de las parturientas. Después de hacer un “estudio sistemático, que ahora podríamos llamar estadístico”, Semmelweis encontró que en la sala de partos que era supervisada por los estudiantes de Medicina, las mujeres enfermaban y morían por esta infección mucho más que en otra sala idéntica, que era atendida por matronas. Su hipótesis fue que los estudiantes, que acudían a examinar a las parturientas después de hacer prácticas de anatomía con cadáveres, transportaban esa infección en sus manos. Entonces propuso como solución lavarse las manos. Semmelweis fue el pionero de la antisepsia sanitaria antes de que se hablara de los gérmenes y de su transmisión, pero su mérito fue observar de manera sistemática y recopilar datos estadísticos. Por un momento, escuchar a la investigadora mexicana hablar del descubrimiento de un médico húngaro que se ha convertido en una de las pocas certezas en medio de la pandemia —hay que lavarse las manos—, sirve para recordar las palabras de un poeta alemán, Friedrich Hölderlin: “Allí donde crece el peligro, crece también la salvación”