3 de agosto de 2020

Ser vieja en la Argentina

Ser vieja en Argentina: grupos de riesgo desde antes de la pandemia

La cuarentena evidenció la situación que atraviesan las personas mayores en Argentina, donde las mujeres son las más afectadas. ¿A qué se debe? ¿por qué se invisibiliza este tema? ¿qué estereotipos se profundizaron? ¿qué pasa con las adultas LGBTQI+?

Por: Micaela Robles
23 de Julio de 2020
Filo News

as personas mayores de 60 años constituyen uno de los sectores más vulnerables frente al avance de la pandemia. Según advirtieron diferentes especialistas, está relacionado con el sistema inmunitario y las defensas de la tercera edad.

En este sentido, las mujeres se encuentran en un doble grupo de riesgo: frente al coronavirus y a la violencia machista. Según indicó el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano, que coordina la asociación La Casa del Encuentro, se registraron al menos once femicidios de mujeres mayores de 60 años entre el 20 de marzo y el 11 de junio.

¿Cuál es la situación que atraviesan las adultas mayores en cuarentena? ¿qué pasa con jubiladas lesbianas, trans, travestis? ¿qué estereotipos se reproducen y qué es la gerontofobia? ¿cómo se combina el movimiento feminista con la tercera edad?

Para responder esas preguntas, Filo.News dialogó con Isolina Dabove, investigadora del Conicet y abogada especialista en derecho de la vejez; Carolina Iglesias, psicogerontóloga, profesora y fundadora de “Senes Personas Mayores”; y con Graciela Balestra, psicóloga y creadora del primer centro de jubilados LGBTQI+ de Argentina.

Violencia de género en adultas mayores: un tema invisibilizado

Delia Sánchez (80) fue asesinada por su pareja, Diógenes de Jesús Aguilera (83), quien después se suicidó. Dominga Rosa de Romero de Sandoval (69) fue asesinada en Santa Fe, y por el crimen detuvieron a uno de sus hijos, de 32 años. Mientras tanto, a María Leonor Giné (70) la mataron en Salta, y la policía detuvo a su nieto y a un amigo.

Desde el inicio de la cuarentena crecieron los casos de violencia de género. Según indicó la línea 144, que trabaja en el asesoramiento, acompañamiento y contención contra violencia machista, como también en áreas de salud, orientación jurídica, servicios sociales y más, los llamados aumentaron un 48% con respecto al mismo período del año pasado, con un total de 19.722 denuncias en la Ciudad De Buenos Aires.

“El aislamiento preventivo y obligatorio puso en evidencia que no siempre la casa es el lugar más seguro para nosotras. Según estadísticas más de la mitad de los femicidios se consuman en el hogar de la mujer víctima, entonces cuando la situación sanitaria te obliga a convivir con el agresor las 24hs y te aísla de alguna manera de tus redes comunitarias cotidianas, las probabilidades de violencia Doméstica y cualquier otro tipo de violencia aumentan significativamente”, señalaron a este medio fuentes del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat.

¿Qué pasa con las adultas mayores? “Durante la cuarentena, recibimos 150 llamados a la línea 144 por mujeres mayores de 60 años, lo que representa en ese período un 5% del total”, indicaron y siguieron: “Las mujeres, por el sólo hecho de ser mujeres, pueden vivir diferentes situaciones de violencia en sus hogares, ya sea física, psicológica, sexual; económica y patrimonial, o de abandono. En el contexto de violencia hacia las mujeres mayores, se observa que el principal perpetrador son los hijos, en mayor proporción varones de mediana edad, desocupados, con antecedentes de violencia y que conviven con la adulta mayor”, agregaron.

Además, señalaron que hubo un incremento en el porcentaje de casos de “maltrato estructural”, que representa la falta de recursos para que las personas mayores puedan solventar los gastos de sus necesidades básicas como salud, alimentación, vivienda, medicamentos, entre otros. “Cuando no cuentan con esos recursos, pueden haber entonces hechos de violencia psicológica y económica”, resaltaron.

En este sentido, alertó que “muchas mujeres adultas no identifican la violencia como tal”: “Todavía vemos conductas y creencias donde la mujer debe complacer y minimizarse frente al hombre, siguen muy arraigadas. En muchos casos se da una fuerte violencia económica, psicológica y simbólica que no dan cuenta hasta después de mucho tiempo trabajado el tema”. De todas formas, destacó que en los últimos años “fueron aumentando las denuncias efectuadas por las mismas mujeres mayores”: “Antes quienes más presentaban denuncias eran terceros, como familiares protectores, personas del entorno social, vecinos. Vemos que se animan y que se sienten acompañadas durante el proceso”.

En general, explicaron que los factores que aumentan el miedo a denunciar están vinculados a la institucionalización, al aumento de la violencia, a las concepciones idealizadas acerca de la familia. De esta manera, existe una adhesión a los estereotipos de género femeninos y masculinos tradicionales como la “culpabilidad, la obediencia y la vergüenza de su rol de madre”.

Así, la familia cumple un rol fundamental ya que representa el “primer vínculo de contención”: “Cuando la violencia es perpetrada por la pareja de la mujer adulta, nos encontramos con situaciones de negación por parte de los hijos, quienes naturalizan o minimizan la problemática a través de justificaciones tales como ‘toda la vida vivieron así, no se van a separar ahora’, ‘mi padre siempre tuvo ese carácter, ya no va a cambiar’ o justificar la violencia con manifestaciones que ubican a la madre como la culpable o provocadora de la violencia. En casos de personas mayores que se encuentran en situación de vulnerabilidad por su situación de salud, tiene hijos y viven solos, pero requieren de asistencia, se ha articulado con otros familiares para que comiencen a hacerse responsables de los cuidados y asistencia que requiere la mujer mayor. El 80% de estas cargas son en general familiares mujeres”, indicaron.

Además de la línea 144, desde Dirección de la Mujer junto a 15 Centros Integrales de la Mujer en la Ciudad presentaron el programa “Lazos”, un servicio de contención, orientación y asistencia psicológica para mujeres que sufren violencia física o emocional de parte de sus hijos o hijas mayores de 14 años, sin importar si conviven con ella o no. A su vez, la Secretaria de Adultos Mayores cuenta con un 0800 que corresponde al “Programa Proteger”, un equipo interdisciplinario, que ofrece asistencia y acompañamiento a los adultos mayores víctimas de distintos tipos de violencia.

La violencia de género que se registra en la tercera edad es invisibilizada en la cultura, no solo de Argentina sino del mundo. Así lo afirmó la investigadora del Conicet y abogada especialista en derecho de la vejez, Isolina Dabove, quien explicó que se debe a una falta de reconocimiento del tema. “Hay que hacer un arduo trabajo de concientización social, pensar este fenómeno y diseñar estrategias de prevención y erradicación, que suelen estar focalizadas en la protección de niñas, jóvenes y mujeres en edad reproductiva. Lamentablemente es mucho lo que debemos recorrer”, señaló.

Justamente, la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema informó que en 2019 crecieron un 17% las denuncias por violencia y maltrato a personas mayores y que ocho de cada diez víctimas fueron mujeres. “Empiezan a hacerse visibles estos casos, y así los podemos registrar para la toma de decisiones políticas, judiciales y educativas”, consideró Davobe, y coincide en que las mujeres mayores sufren también diferentes tipos de violencias desde antes de la cuarentena.

¿Por qué hablamos de desigualdad de género en la vejez?

No existe una sola forma de vivir la vejez, pero sí diferentes estereotipos que sufren las personas mayores. Según la profesional, estas prácticas que aluden a la discriminación por la edad es lo que se denomina “viejismo”, que forma parte de una “cultura del desprecio” y “gerontofóbica”. “Existe un desconocimiento generalizado en torno a lo que significa la vejez y a las condiciones de vida de las personas mayores”, alerta Dabove.

De hecho, el término “vieja” o “viejo” incluye una carga negativa a nivel social y cultural. Aproximadamente, para 2050 una de cada seis personas tendrá 65 años o más. Así lo indicó el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), como parte de un fenómeno que responde a un envejecimiento global y multigeneracional que se define como «gerontoglobalización», según explica Davobe. Sin embargo, la palabra se sigue utilizando de manera despectiva.

Este fue uno de los temas del debate del Primer Congreso para Viejos del Centro del País, que se realizó en 2013 por el Espacio Arturo Illia en Córdoba. “El término arrastra una carga negativa que devino en el miedo a envejecer en una sociedad globalizada que rinde culto a las formas y la juventud. Actualmente, condicionados por el envejecimiento multigeneracional de la población, los nuevos paradigmas gerontológicos buscan romper con ese tinte peyorativo y reivindicar esa etapa de la vida”, señalaron.

Para ellxs, la vejez no es motivo para avergonzarse, y su designación tampoco debe serlo. “Ser viejo es disfrutar las ventajas de esa nueva etapa de la vida y valorar las oportunidades que brinda. Después de todo, a nadie se le puede negar el derecho a peinar canas”.

Davobe coincide y propone resignificar el término y adoptar la lucha en el propio discurso: “No tiene porque estar prohibido, sino pensarlo con otro significado. ¿Por qué no hablar del orgullo de ser vieja?”.

La vejez es un fenómeno femenino. Así, según la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores 2012 (ENCaViAM) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, la esperanza de vida de las mujeres es de siete años más que los varones; además, el 10,2% de la población de Argentina tiene 65 años o más, donde ellas representan el 58,53% y ellos el 41,46%.

Este proceso de envejecimiento, sin embargo, se desarrolla mediante relaciones sociales y de poder marcadas por la desigualdad de género: “Las mujeres sufren situaciones de discriminación múltiples, que tiene que ver con las cuestiones culturales que arrastramos del sistema patriarcal”, detalla la profesional.

Estas construcciones culturales e históricas imponen ideales y mandatos patriarcales que se instalan en el imaginario colectivo. Así, al hablar de mujeres mayores se las considera como “abuelas”, asumiendo a la mujer en el rol como madre, ligada a la idea de hogar y asumida a partir del rol de cuidadora. “Como muchas, están acostumbradas a la vida del hogar y a las tareas no remuneradas”, cuenta.

En este punto, Iglesias indica: “Al hablar de persona mayor uno ya supone que esa mujer tuvo hijos, y es un modo de invisibilizar y acaparar también nuestros cuerpos, no poder ver a las mujeres como personas. Se podría hacer un paralelismo con la mujer igual madre”. Dabove coincide: “La cultura vuelve la mirada al rol de la maternidad, y en la vejez se hace más visible la dimensión de la abuelidad. Entonces las mujeres mayores son representadas en el imaginario colectivo como estas abuelitas, con rodete blanco, que tienen que tejer escarpines para sus nietos”.

Entre los principales estereotipos a los que se enfrentan las mujeres a la tercera edad, se encuentra el de la belleza hegemónica y el modelo “juvenil” que rige como el único válido: “Hay que tener un determinado aspecto, en relación al cabello, físico, a la armonía corporal, de la cual las mujeres mayores están alejadas; entonces, se genera una asociación falsa e indebida entre mujeres, vejez, fealdad”.

Según opina, estas estigmatizaciones se transmiten a través de las diferentes instituciones sociales y culturales, como los medios de comunicación: “En las campañas publicitarias se denigra y se maltrata los envejecimientos. En los noticieros se les pone un adjetivo a las mujeres, viejas, bonitas, arrugadas, se objetiviza la identidad propia de cada persona”.

Esto se relaciona con un sistema heteronormativo que impide pensar a las mujeres “desde lo afectivo y como sujetos deseantes”, por lo cual entiende que “no se habla de sexualidad y personas mayores”, que es difícil de asumir incluso para ellas mismas. Así lo cuenta Iglesias, quien brinda talleres de Educación Sexual Integral (ESI) para mujeres mayores con el fin de romper el tabú y “demostrar la diversidad de vejeces”.

¿Qué pasa con las adultas mayores LGBTQI+?

La cuarentena expuso la invisibilización y exclusión que enfrentan las comunidades LGBTQI+ en Argentina. En el caso de las personas mayores, además de las diferentes discriminaciones que enfrentan por la edad, también se ven vulnerados sus derechos e identidad de género.

Así lo reconoce Graciela Balestra, psicóloga e integrante de La Casa del Orgullo, donde junto a diferentes compañeras crearon la Asociación Civil Puerta Abierta a la Diversidad, el primer centro de jubilados LGBTQI+ de la Argentina. Desde la organización trabajaron activamente para la implementación de políticas como la Ley de Identidad de Género o la Ley de Matrimonio Igualitario, que cumplió 10 años el pasado 15 de julio. Debido a la cuarentena, en la actualidad se adaptaron a la modalidad virtual para el desarrollo de sus actividades, donde Balestra realiza talleres por Zoom, charlas por Instagram y actividades de acompañamiento.

“A veces los familiares de las personas mayores no saben que son lesbianas, gays. Hay mucha homofobia, y estuvieron muchos años en silencio. Cuando eran chicos no se hablaba de esto: era una sola opción heterosexual y cisgénero, si te sentías distinto te tenías que callar. Hay personas que vienen a los 70 años y me dicen ‘es la primera vez en la vida que le cuento a alguien que soy lesbiana’. Entre el silencio y esa duda constante de poder decirlo o no, es bastante difícil”, relata Balestra.

Así, para la psicóloga es “bastante poca” la visibilidad de los adultos mayores y diversidad en el país: “Les que vienen acá son más visibles, porque estamos todo el año hablando de eso, de empoderarse, vivir, ser quien sos, tienen más recursos. Pero la mayoría están invisibilizados. En los centros de jubilados todavía se discrimina un montón, hay mucho trabajo para hacer”, evalúa.

Por esa razón es importante crear redes de apoyo y vínculos para cambiar esta realidad de manera colectiva. Según cuenta, planean abrir el primer geriátrico gay del país y de América Latina, los cuales en Europa ya existen desde hace más de una década. Será en General Rodríguez, y Balestra lo define como una “comunidad”. Además, proyectaron la creación de un centro de jubilados para personas no binarias.

De todas formas, no es lo mismo hablar de mujeres cis que de adultas mayores trans y travestis, quienes son sobrevivientes ya que deben enfrentar la violencia, agresión y exclusión sistemática, ya sea en el ámbito laboral, en los medios, a nivel institucional o en el acceso a medicamentos, con la de vida en América Latina para la comunidad es de 35 años. ¿Qué visibilización tiene este problema en los feminismos?

Gerofeminismo y la búsqueda de igualdad en la vejez

Por todas estas razones, la cuarentena dejó en claro la necesidad de pensar las vejeces bajo perspectiva de género, lo cual según considera Dabove, todavía “no representan un tema central en la agenda de los debates feministas”.

“La deconstrucción de estereotipos es fundamental, hay que hacer un trabajo muy fino que va desde el humor y los chistes, las mujeres adultas en el poder y más. Creo que hace falta una geronto militancia, como decimos nosotros, dentro de los feminismos”, indica.

En esa rama trabaja el “gerofeminismo”, que propone defender los derechos de las mujeres y diversidades en la vejez. Para eso, en plena pandemia, diferentes activistas y organizaciones de todo Latinoamérica crearon un manifiesto para difundir la lucha y apostar por la deconstrucción de estereotipos.

“Un feminismo con tintes gerontológicos que visibilice las demandas y necesidades particulares de las mujeres mayores, unido a un componente intergeneracional y transdisciplinario que invite a reflexionar, a su vez, acerca de nuestras mismas vejeces futuras”, detallan.

En este sentido, Dabove considera necesario concientizar acerca del valor de las personas mayores como sujetos de derecho, reforzando el papel de la autonomía de las mujeres, sus libertades, derechos y deberes: “Yo confío en que las generaciones nuevas de adultas mayores podamos sostener esta lucha. Estoy convencida de que va a haber un cambio, que ya empieza a registrarse pero que lamentablemente muchas mujeres mayores de hoy no han podido sostener por la historia de vida en el marco de una cultura patriarcal. Pero poco a poco esto esta cambiando”.

Este es el panorama que aspiran a seguir trabajando en la “nueva normalidad”, de cara a la post-pandemia, asumiendo a las vejeces desde una perspectiva plural, feminista, transfeminista, interseccional con el fin de transformar la cultura viejista, gerontofóbica, del desprecio en una revalorización de la vejez, del respeto de la diversidad que implica ser una persona mayor, hacia la construcción de una sociedad incluyente para todas las edades y géneros.

https://www.filo.news/Ser-vieja-en-Argentina-grupos-de-riesgo-desde-antes-de-la-pandemia-l202007230002.html

La imagen de los mayores en los medios


La imagen de los mayores en los medios es «peyorativa, paternalista o sensacionalista», según un estudio

La prensa y las revistas son los medios que hacen un tratamiento más adecuado de la información relativa a los más mayores

abc.es
1.7.2020

Infrarrepresentados, mal presentados o estereotipados. La presencia de las personas mayores en los medios de comunicación es baja en relación a su peso en la sociedad y no está ajustada a su realidad. Estas son algunas de las conclusiones de un estudio realizado entre periodistas españoles especializados, publicado la revista científica internacional ‘El Profesional de la Información’.

El 91% de los periodistas consultados considera que los mayores no están suficientemente presentes en los medios en relación con su creciente posición económica y peso demográfico. Para el 85%, su imagen mediática no es ajustada a su realidad, y el 82% la ve peyorativa, paternalista o sensacionalista.

El proyecto es del profesor Hugo Aznar Gómez, director del Observatorio de Gobernanza, Transparencia y RSC de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, y Amparo Suay Madrid, doctora en Comunicación por esta universidad y docente en la Universidad Internacional de Valencia (VIU), informa la CEU UCH en un comunicado.

En concreto, el 59,7% de los periodistas cree que la información sobre los mayores no es completa, el 55,2% la ve alejada de sus preocupaciones y el 52,2% considera que no es suficientemente variada. Hasta el 70,1% piensa que las noticias relacionadas con estas personas requieren más cuidado con los estereotipos que otro tipo de informaciones. Para ellos, los medios no muestran el papel activo que tienen las personas mayores en la sociedad.

La prensa y las revistas son los medios que hacen el tratamiento más adecuado de la temática de los mayores, con el apoyo del 37,3% de los periodistas consultados. Le siguen la radio (34,3%) y los medios digitales (22,4%) y a televisión (6%).

Solo para el 7,5%, el número de programas o medios especializados en temática de mayores es suficiente, aunque más de la mitad de los periodistas (55%) cree que la imagen de los mayores que se proyecta desde los medios esta cambiando a medida que aumenta su número.

«Una democracia deliberativa debe caracterizarse por el principio de justicia de participación de todos los afectados en los asuntos de su interés. En muchos ámbitos de la comunicación social, los afectados por la información o los contenidos de los medios no son debidamente tenidos en cuenta, lo que hace que su tratamiento no sea correcto o sea incompleto. Y esto es especialmente grave en el caso de que estos afectados estén además en una condición de infrarrepresentación y, por tanto, vulnerabilidad mediática, como sucede con las personas mayores», expone el profesor.

La docente también destaca la falta de estudios que analicen el tratamiento de la información relativa a los mayores en los medios, aunque todos los realizados coinciden en que aparecen infravalorados, tanto en soportes escritos como audiovisuales. Una publicación previa, como parte de su tesis sobre la presencia y temas referentes a la vejez y al envejecimiento en la radio, dirigida por los profesores de la CEU UCH Hugo Aznar y Àngels Álvarez, reflejaba ya una presencia del 4,6% de la temática referente a envejecimiento cuando el porcentaje de población mayor era del 18,2%.

Mecanismos éticos

Ante esta situación, el 94% de los profesionales consultados consideran necesarias recomendaciones éticas para informar mejor sobre personas mayores. La respuesta es prácticamente unánime, lo que refleja una creciente receptividad por parte de los periodistas especializados hacia este tipo de contribuciones. El 53,7% también apuesta por un mecanismo como la figura del ‘ombudsman’ o defensor del receptor, específico para los temas relativos a los mayores.

La conclusión es que una participación más activa de los mayores en los medios para que puedan aportar sus puntos de vista en los temas que les atañen permitiría contribuir desde la comunicación social al nuevo paradigma del envejecimiento activo.

«En una sociedad donde la proporción de población mayor va a seguir creciendo, esta tarea se convierte en un reto fundamental e inaplazable», advierten los autores. Su trabajo se enmarca en el proyecto ‘Puente I+D+i’ del CEU-Banco Santander 2019-2020, titulado ‘Autorregulación de la comunicación’.

https://www.abc.es/familia/mayores/abci-imagen-mayores-medios-peyorativa-paternalista-o-sensacionalista-segun-estudio-202006300215_noticia.html

26 de Julio DIA DEL ABUELO


“Día del abuelo”: cuál es la visión de los adultos mayores dentro del debate de la pandemia

La población más longeva es la que está más expuesta ante el coronavirus y los gobiernos despliegan múltiples medidas para resguardarla. ¿Qué perciben cuando los funcionarios se refieren a la tercera edad?
autor

Por Juan Piscetta
Infobae.com
26.7.2020

El 26 de julio, la tradición católica conmemora el “Día del Abuelo” por San Joaquín y Santa Ana, los padres de la virgen María y, por lo tanto, familiares directos de Jesús. El dato es anecdótico. No es el único día, ni en el país ni en el mundo, que está dedicado a festejar este tipo tipo de vínculos familiares.

Los abuelos volverán a ser nombrados hoy no solo como parte de la fecha célebre, sino también como eje del debate sanitario sobre la pandemia. Partiendo desde el presidente Alberto Fernández y pasando por los gobernadores y funcionarios de todo tipo de color político y jurisdicción desde marzo se han referido a los “abuelos” como los principales destinatarios de las medidas de prevención contra el coronavirus.

Sin embargo, no son pocos los adultos mayores a los que les molesta ser llamados de esa manera.

“Salvo que a la persona a la que le digas abuelo o abuela sea familiar tuya, no se puede encasillar, aunque una persona que viva con plenitud ese rol. Identificar a la persona mayor con la palabra abuelo es despojarlo de los roles públicos y recluirlo a su vida privada. Sería olvidarse que todas las personas mayores tienen recorridos e identidades que lo constituyeron en su trayectoria vital, que suelen ser muy ricas”, señaló a Infobae Gabriela Pisano di Filippo, socióloga (UBA) especializada en salud, envejecimiento y gerontología, y cofundadora del espacio Trayectorias-Gerontología.

La pandemia arrojó a los ancianos a una situación inédita. Según el consenso médico actual, la mayoría de las muertes se producen en la franja etaria superior porque el envejecimiento opera como un factor de riesgo. En Europa, la longevidad mostró su cara más dramática, con decenas de miles de muertos ante el colapso sanitario. Los efectos más devastadores ocurrieron en los geriátricos y centros de jubilados, y Argentina no fue la excepción.

La información disponible indica que, en los adultos mayores, hay una mayor incidencia de desenlaces fatales de COVID-19. A nivel nacional, el promedio de las muertes se ubica a los 74 años. La interventora del PAMI, Luana Volnovich, aseguró este sábado que de los 5 millones de afiliados que tiene la obra social, apenas unos 10.000 sufrieron contagios.

Para Pisano, se desconoce si la letalidad está vinculada directamente a la edad avanzada o a las enfermedades prevalentes, que suelen aumentar a medida que pasan los años. Según el último reporte del Ministerio de Salud de la Nación, la diabetes y la insuficiencia cardíaca fueron los factores de riesgo asociados que se presentaron con mayor frecuencia en los casos severos detectados. Ante la consulta de Infobae, la cartera de Ginés González García no tiene relevada a nivel país la cantidad de contagios que se producen, por ejemplo, en los geriátricos.

“No todas las personas tienen el mismo proceso de envejecimiento. Hay una mirada de la pandemia que repite los prejuicios y homogeneiza a la vejez, en vez de considerarla como un todo”, apuntó la socióloga. “Esto genera mucho miedo cuando una persona mayor se enferma de COVID-19, es casi una sentencia de muerte sin mediaciones”.

En Argentina, los adultos mayores no respondieron con pasividad al aislamiento obligatorio. Un sector considerable reaccionó con rechazo en abril pasado a los permisos que intentó implementar el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que establecía requisitos restrictivos para circular. El anuncio fue un síntoma de una percepción extendida sobre los ancianos, que va más allá del contexto crítico actual.

“Lo más llamativo es que nadie les preguntó como quieren que los traten en este contexto. En general, las personas mayores no tienen voz, nunca son escuchados. Está muy presente esta idea de que hay que cuidar a las personas mayores -y está bien ser solidario con ellas-, pero que las infantiliza. Está este dicho muy arraigado que ‘son como niños, pero grandes’. Lo que muestra es que no se los considera con autonomía”, advirtió di Filippo.

Permanecer en actividad en pandemia

Lito Grisafi es coordinador de “El Laberinto de Chas”, un centro de jubilados reconvertido en un ámbito de encuentro social en el barrio porteño de Parque Chas. El local está ubicado Victorica 2642, en la compleja zona dominada por las calles circulares. Fue creado hace cinco años como una instancia en la que “los viejos” se vinculen con su entorno vecinal.

“Siempre quisimos definirlo como un lugar integrado, no solo como un centro de jubilados. Acá están los adultos mayores, los no tanto y sus nietos. No queríamos que sea un ‘depósito’ de adultos mayores donde se sienten a jugar a la canasta, que tampoco está mal, sino un lugar dónde puedan hacer actividades y estar con la comunidad, y seguir estudiando y colaborando”, comentó Grisafi.

En “El Laberinto de Chas” asisten aproximadamente 150 entre jubilados y personas de avanzada edad. Allí realizan iniciativas de distinta índole: sociales, recreativas, culturales y educativas. Se enseñan y practican clases de idiomas, de yoga, artes plásticas y folclore, entre otras iniciativas.

Desde el pasado 15 de marzo, cuando se declaró la cuarentena obligatoria, el local se mantuvo en una intensa actividad. Sus miembros y red de colaboradores fueron testigos de cómo los jubilados se fueron adaptando a la nueva realidad y se convirtieron en partícipes activos de la transición.

“Muchos vecinos y vecinas tenían ganas de ayudar a nuestros jubilados, en hacerles compras y llamarlos si están bien. El centro recibe donaciones como lanas, y ellos se ponen a tejer. En los grupos de WhatsApp se están haciendo un lío bárbaro con esto de ponerse el nombre”, bromea Grisafi.

Las problemáticas más urgentes

Históricamente, los “abuelos” y adultos mayores padecen una economía restringida en sus ingresos. En marzo, los beneficiarios que cobraban el haber mínimo jubilatorio eran 2.710.338 personas, un 46,8% por ciento del universo de jubilados y pensionados. Aquellos que cobraban por debajo del haber mínimo eran 180.436. Es decir, la mitad de los jubilados cobraba $20.000 o una cifra inferior.

Los bajos ingresos impactan en la alimentación, el acceso a servicios básicos, salud y educación, entre otros aspectos. Según el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 55,7% de los adultos mayores más pobres tiene al menos una carencia.

“La mayor problemática es económica. Claramente en las jubilaciones hay un universo muy grande que tiene una jubilación mínima. Es una problemática que viene de años, y está en muchos países. Ya Simone de Beauvoir decía en su libro ‘La Vejez’ que ser viejo es ser condenado a la pobreza”, subrayó Di Filippo.

Lo cierto es que las carencias no impiden las muestras de solidaridad en ninguna edad, y tampoco en la vejez. “El adulto mayor te llama todo el tiempo para ver cómo puede colaborar. Una abuela, Marta Forni, se enteró que estábamos ayudando a comedores comunitarios. Esa vecina siempre nos deja la plata para que compremos una caja de mercadería en el almacén, para que luego la donemos. Aún sabiendo que no le sobra un peso, este tipo de cosas hace que lluevan colaboraciones”, señaló el coordinador Grisafi.

El segundo gran desafío es la salud. En las personas de 60 años o más, el déficit en el acceso a la salud llega hasta el 34,2% en el segmento más empobrecido, de acuerdo al citado estudio de la UCA publicado en 2018 titulado como “Condiciones de vida de las personas mayores. Acceso y desigualdad en el ejercicio de derechos (2010-2017)”.

Los procesos de envejecimiento son cambiantes, y son diferentes no solo en lo personal, sino de acuerdo a la clase social, la trayectoria de vida o la región en la que se viva. No es es adecuado homogeneizar un colectivo heterogéneo. Para el médico italiano Umberto Veronesi, autor del ensayo Longevidad (Adriana Hidalgo), hay parte de retórica y subestimación en los discursos sobre la vejez. El envejecimiento es una etapa, sostiene, que no tiene un valor en sí mismo, pero que se despliega como un momento en el que “pueden conservarse pasiones, intereses y hábitos de la madurez con una visión más equilibrada del pasado”.

En el siglo XXI, la valoración positiva hacia la vejez de la antigüedad quedó en el pasado. El fenómeno está vinculado a la lenta desaparición de la figura patriarcal en la familia, junto a la pérdida de gravitación de la “sabiduría” ante las formas modernas de acceso a la información.

“Nuestro modelo y nuestros prejuicios de la vejez están vinculados a la salud como “ausencia de”. Se dejan de lado en los adultos mayores temas como los deseos, los anhelos, el erotismo y la sexualidad”, afirmó Di Filippo. Por eso, ser “abuelo” o no es uno de los tantos vínculos posibles en la tercera edad. “La apreciación no ha sido siempre la misma. Ahora ahora hay muchas personas mayores que creen que es apenas un rol más, ya que eligen el tiempo de otra manera. Creo que la pandemia va a imprimir una forma de envejecer sobre la que todavía no tenemos herramientas para analizarlo”, concluyó la socióloga.

https://www.infobae.com/sociedad/2020/07/26/dia-del-abuelo-cual-es-la-vision-de-los-adultos-mayores-dentro-del-debate-de-la-pandemia/

Gerontofobia y edadismo

Gerontofobia y edadismo “Ya no tenés edad para eso”: cuando la vejez parece un delito

Las problemáticas alrededor de la gerontofobia y del edadismo se advierten fácilmente en numerosas situaciones. Pero, ¿qué diferencia hay entre ambas?

Guadalupe Rivero
26/07/2020
Clarín.com

“Esa vieja”, “ese viejo”, “mayores de ‘X’ cantidad de años abstenerse”, “ya no está para esa ropa”, “la irreconocible imagen de” alguna celebridad… Éstas y muchas otras frases se escuchan y hasta se advierten en medios de comunicación cuando una persona comienza a envejecer o, simplemente, deja de reflejar la imposible imagen de la eterna juventud. Si bien respetar a los adultos mayores​ siempre se impuso como una regla impuesta tanto desde el hogar como desde la sociedad, está claro que en la práctica es más compleja de lo que parece.

Las problemáticas alrededor de la gerontofobia y del edadismo se advierten fácilmente en numerosas situaciones. Pero, ¿qué diferencia hay entre ambas? “La gerontofobia se define como un trastorno de ansiedad que se caracteriza por la presencia de un temor excesivo, irracional y persistente hacia los adultos mayores y/o a envejecer”, aseguró a Clarín la doctora Carolina Kralj, médica psiquiatra y MSc en Gerontología King’s College London.

Sin embargo, la especialista aclaró que “ese miedo y aversión a envejecer no se limita exclusivamente a un problema médico”, sino que “está directamente asociado a nuestro concepto social de vejez. Una construcción social donde su protagonista, ‘el viejo’, está ineludiblemente emparentado a la enfermedad, la discapacidad, la vulnerabilidad y la fragilidad. Un concepto social donde la vejez es entendida casi como un estado irrefutable e irreversible de declive existencial donde la persona, llegada a cierta edad cronológica, pareciera de golpe despojarse de su valor humano para transformarse en una ‘carga’ para la sociedad”. “Esta visión estereotipada y negativa de los adultos mayores tiene un nombre: edadismo”, sentenció.

Tal es su presencia en la sociedad actual que, junto con el sexismo y el racismo, el edadismo es el tercer tipo de discriminación más frecuente, mencionó la médica que es parte del plantel profesional de CNWL Brent Memory Service en Londres y que colabora con el Centro Integral de Salud Mental Argentina (CISMA). En ese sentido, Kralj destacó que cualquiera está o estará expuesto a esta problemática mientras se siga fomentando que “la juventud es bella e idolatrada y la tercera edad es improductiva y prescindible”.

La mujer, más desfavorecida
Como en todos los ámbitos de la vida, es la mujer quien sufre esto aún más al llegar a esta etapa. El trabajo, el hogar, la familia y, los siempre presentes roles de género, también hacen su parte. “En el ámbito laboral a nivel mundial, por ejemplo, continúan observándose desigualdades de pago y menores oportunidades de ascenso para la mujer a lo largo de su carrera profesional. Esto, sumado a la tendencia preestablecida de ocupar un rol social de cuidadora (de padres, de suegros, de hijos, etc.) acompañado de la falta de políticas que faciliten una inserción profesional y laboral acorde a la multiplicidad de tareas, conlleva consecuencias innegables”, afirmó la especialista.

A la hora de la vejez, entonces “la desventaja económica, incluyendo la pobreza, tiende a ser una amenaza más frecuente en la tercera edad de la mujer, consecuente a una desigualdad económica sostenida durante los años, menor acceso a jubilación y servicios, que suele afectar más a aquellas separadas, viudas o solteras”.

Entre ellos y ellas las diferencias parecen acentuarse a lo largo de los años. En palabras de la psiquiatra, “la sociedad pareciera tener una doble moral respecto a la edad y al género, donde el hombre que envejece es visto como distinguido e interesante, mientras la mujer simplemente envejece. Esta diferencia tiene un impacto significativo en términos de discriminación a nivel laboral que, aunque ilegal, es siempre muy difícil de comprobar”.

El origen de los estereotipos
Andador, bastón, canas, arrugas, fragilidad… Los estereotipos abundan. Según la médica, “nuestro prejuicio nace de nuestra imagen social del adulto mayor; estereotipo intrínseco aprendido desde nuestra infancia, de las imágenes que vemos en los libros, en las películas, en la televisión, en los chistes y hasta en las tarjetas de cumpleaños. Nuestro prejuicio parte del lenguaje que usamos, de términos cargados de connotaciones negativas como ‘viejo’ o ‘anciano’”.

En ese sentido, Kralj mencionó que estos prejuicios no son exclusivos de la gente más joven, sino que incluso los adultos mayores los tienen y “utilizan la edad para justificar cosas que les pasan”.

Cómo combatir el edadismo
“Con una población mayor que crece velozmente, el compromiso de encontrar formas de inclusión social se vuelve imperativo. En este marco, es necesario que los Estados actúen con urgencia otorgándole a la tercera edad un lugar central en sus políticas, a fin de asegurarnos un mejor futuro para todos”, sentenció la especialista en gerontología en relación a la promoción del envejecimiento saludable. A su vez, la médica resaltó que la responsabilidad de terminar con la discriminación por edad no es sólo de los Estados sino de toda la sociedad.

“Mientras como sociedad continuemos utilizando frases tales como ‘ya no tenés edad para estas cosas’; mientras continuemos pensando que enamorarse a los 80 es una pérdida de tiempo; o que no son capaces de aprender a usar la tecnología; que su opinión es menos valida por tener un estilo de vida diferente; que podemos tomar decisiones que los afectan sin consultarles o que tenemos el derecho a hablar de ellos como si no estuvieran presentes, seguiremos teniendo una cuenta pendiente”, concluyó la psiquiatra radicada en Londres.

https://www.clarin.com/genero/gerontofobia-edadismo-vejez-discriminacion-tercera-edad_0_5u9Ad6meP.html

23 de julio de 2020

Es un momento estupendo para hablar de la muerte y la soledad

Pilar Sordo y la pandemia: “Es un momento estupendo para hablar de la muerte y la soledad” - Fotos: Gentileza Prensa Grupo Planeta
Pilar Sordo y la pandemia: “Es un momento estupendo para hablar de la muerte y la soledad” - Fotos: Gentileza Prensa Grupo Planeta
Pilar Sordo es una de las psicólogas más reconocidas y prestigiosas a nivel mundial: fue elegida una de las 100 mujeres líderes de Chile y, además, forma parte del cuadro de honor de las 21 personas más influyentes de ese país. Hace cuatro meses que no sale de su casa de Santiago -donde transita la cuarentena en soledad- aunque no deja de trabajar y ni estudiar, y hasta lanzó su nuevo libro, Un segundo de coraje: lo que se necesita para lograr paz interior y eliminar situaciones tóxicas.
En una entrevista con Infobae, contó cómo la cuarentena por la pandemia de COVID-19 puede transformarse en una gran oportunidad para tomar decisiones postergadas y hacer cambios importantes en la vida, aseguró que la pandemia es una buena oportunidad para amigarse con la idea de la muerte y no dejar conversaciones pendientes con los afectos, y advirtió: “La gente que va a salir fortalecida de este proceso es la que va a aprovechar esta pausa”.
-La pandemia de coronavirus, ¿implica un proceso de duelo y pone de relieve la fragilidad humana ante un enemigo invisible pero potencialmente mortal?
-Transitamos un duelo porque el 2020 que teníamos en nuestra cabeza no va a poder ser. Hubo que mata a un año para generar a otro en nuestra cabeza, que puede ser mejor que el que teníamos antes, pero que claramente es distinto. Esto va a producir un aprendizaje que puede ser un proceso de duelo, que se transita de esa forma y que, en la medida que se aprenda a vivir con esas decisiones, uno va a salir fortalecido.
No me gusta esta educación en el miedo, que se enfatiza y me tiene muy agotada. Todo el mundo asegura que vamos a terminar con estrés post traumático, que seguramente pase, pero también creo que va a haber un crecimiento, porque se van a potenciar muchas cosas positivas: prefiero centrarme en ellas.
-A veces nos creemos tan fuertes y, de repente, un virus microscópico mata a miles de personas en el mundo y nos tiene encerrados en casa. Esta vulnerabilidad que ahora sentimos ¿es porque la pandemia nos pone cara a cara con la muerte?
-Lo que pasa es que eso lo deberíamos tener siempre presente. A mí me parece curioso que el virus tenga una corona y que, como rey, nos haya mandado a nuestras casas. Es un momento estupendo para hablar de la muerte, la soledad, la enfermedad, los temas familiares incómodos... La pandemia nos coloca frente a la realidad misma del ser humano: todos nos vamos a morir y, en la medida que aprovechemos la vida, vamos a llegar con una mejor calidad a ese momento.
-¿Las personas serían más solidarias en cuidar al otro si esta enfermedad fuera tan grave a cualquier edad y tendrían más compasión por los adultos mayores, que son los que se llevan la peor parte?
-Hay gente que no entiende que los viejos son los sabios de la tribu y a quienes hay que escuchar. Si la enfermedad atacara fuertemente a los niños, seguramente se activarían muchos más miedos, algo que está en duda porque ahora se están empezando a contagiar más chicos y personas muy jóvenes. Entonces, el miedo podría activarse más, pero no se si cambiarían muchas conductas.
El miedo es un virus muy contagioso y, además, es un estupendo negocio. Da mucha rentabilidad y hay mucha gente que sale beneficiada. De hecho, los supermercados venden mucho más, porque como estamos en “modo supervivencia”, la gente siente que tiene que tener muchas más cosas en la casa para cubrirse.
-Estamos viviendo con muchas menos cosas de las que pensábamos que necesitábamos: ¿aprenderemos a desapegarnos un poco de lo material?
-A mí me ha pasado eso y espero que a todos les pase. Espero que, al menos una parte de la población, cambie su valoración del consumo y deje de “matarse” trabajando para comprar cosas. En algo debería moverse el sistema y el modelo económico.
-¿Qué va a encontrar el lector en su nuevo libro, “Un segundo de coraje: lo que se necesita para lograr paz interior y eliminar situaciones tóxicas”?
Es un libro muy particular, porque empezó siendo una cosa pero terminó siendo otra. Tenía ganas de responder las preguntas que la gente me hace desde hace 30 años, el tiempo que llevo en la profesión. Me tomé dos años para rescatar cuáles eran estos interrogantes. Cuando reuní los temas, me di cuenta que todos tenían un elemento en común: para poder ser solucionados había que desarrollar “Un segundo de coraje”.
Entonces, cambié el nombre del libro y empecé a trabajar en todos esos temas, con un recorrido que toma la relaciones de pareja y los vínculos tóxicos, las relaciones entre padres e hijos, temas de trabajo, los hijos que quieren o que no quieren irse de las casas de sus padres; los juicios, los prejuicios y los mandatos que alteran nuestros vínculos afectivos; cómo volver a tejer una red social mucho más cariñosa entre los seres humanos, para poder terminar con las crisis hispanas en relación a la petición de equidad o de justicia social. Pasar de lo individual a lo colectivo donde, en cada una de esas situaciones, se requiere ese segundo de coraje.
-¿Por qué nos cuesta tanto cambiar en todos los aspectos, como dejar un hábito dañino, una pareja tóxica, una dieta malsana, un trabajo que no nos gusta...?
-Porque el ser humano es naturalmente resistente al cambio: nos acostumbramos rápido a lo bueno y a lo malo. Como nos falta mucha exploración en el mundo interno -que es lo que esta pandemia nos está obligando a hacer- nos resistimos a mirarnos.
Cuando uno no se mira, no descubre los potenciales cambios. El 19 de julio a las 19 horas voy a dar una conferencia online sobre todo esto, se llama “Mujeres y hombres de hoy”, e incorporo todos los elementos de la pandemia.


-¿Qué cambios podríamos hacer en esta cuarentena tan larga?
-Todos lo que uno sienta y quiera hacer. Como bajó el volumen externo y hay más silencio afuera, hay más ruido en nuestro interior. Ese ruido de adentro tiene que ver con nuestras luces y sombras. En la medida que nos atrevamos a explorar, vamos a ir descubriendo un montón de preguntas que van a surgir y van a requerir respuestas que se traducirán en acciones, decisiones o planificaciones.
Todos los organismos mundiales definen lo que está pasando como una pausa. La gente que va a salir fortalecida de este proceso es la que va a aprovecharla. Eso implica la invitación a mirarse hacia adentro y va a requerir varios segundos de coraje en ese proceso: para terminar una relación de pareja o para decidirse a hacer gimnasia. Lo que sea.
-Ante una enfermedad tan dura y solitaria, que ni siquiera nos permite estar acompañados o morir tomados de la mano de un ser querido, ¿cómo nos preparamos para enterarnos de un diagnóstico positivo, para enfrentar solos un cuadro irreversible o, incluso, para perder a un ser querido sin despedirnos?
-A todos los que están sanos les digo que hablen de esto con sus familias. Yo llamé a mi padres en la segunda semana de la cuarentena y les pregunté si tenían algo pendiente conmigo, que si así era, me lo dijeran. Por mi parte, les dije que no tenía nada pendiente con ellos, que si tenían que ir a una clínica o si morían, yo no iba a poder estar. Les dije que esperaba que eso pasara con todo el amor que les entregué en la vida. Ellos me dijeron lo mismo, por lo tanto, yo no tengo un tema con eso.
Lo primero es que la gente que está sana haga lo que tiene que hacer: llamar a toda la gente que quiere para hacérselo saber, para que si a esa persona le sucede algo malo, no se vaya con ninguna sensación de deuda. Los que no lo hicieron y ya tienen la deuda, tienen que trabajar el duelo desde ese lugar, y asumir que con el resto de los vínculos pueden actuar de manera diferente. Creo que ese es el secreto de esta historia.
-Hay muchas personas aterradas en sus casas y con miedo de salir a la calle por temor a contagiarse, ¿cómo van a hacer para volver a la normalidad? ¿Es un efecto del “Síndrome de la cabaña”?
El miedo a salir es algo que ya está instalado en el mundo hispano. Eso está absolutamente chequeado. El miedo a salir está presente. Si se trata o no del “Síndrome de la cabaña” no lo vamos saber, porque esto tiene que ver con el fenómeno del acostumbramiento, que los seres humanos presentamos ante las distintas realidades.
Las mismas habilidades que usaste para entrar y para adaptarte a estar adentro de tu casa, son las que vas a tener que usar para poder salir. Esas habilidades son la capacidad de adaptación, la flexibilidad, la paciencia, la confianza, la conexión con el presente, la gratitud... Y desde ahí, hay que empezar a moverse.
Por supuesto que hay realidades que llegaron para quedarse, como el teletrabajo, el colegio en casa, las separaciones de pareja pero también muchos reencuentros, incluso de parejas divorciadas. Hay muchas cosas que se están moviendo y que van a moverse aún más. Mucha gente va a cambiar las decisiones en sus vidas.

-Las personas que no cumplen con las medidas preventivas o que no creen en este virus, ¿son negadoras de la gravedad de la situación o tienen un exceso de miedo que las lleva a actuar de un modo tan imprudente?
-Se llama “negación del miedo” y, cuando el miedo se niega, se transforma en omnipotencia. Cuando el miedo se niega, se buscan teorías. La estructura de la personalidad de estas personas es impaciente y, justamente, el impaciente siempre es desconfiado.
Esa misma desconfianza es la que les hace armar teorías, conspiraciones y espacios, que los hace atravesar a la norma como un fenómeno de negar la vulnerabilidad y, por lo tanto, la presunción de temor frente a lo que está pasando.
-¿Sacaremos algo positivo de esta pandemia?
-Siempre hablo de los tres tercios: hay un tercio que no necesitaba de esta pandemia, porque venía entendiendo que el consumo no es lo más importante, que estaba tomando decisiones relacionadas con su paz, que ya había conseguido amar el silencio, que se alimentaba de manera saludable, que cuidaba sus afectos... A esa gente, la pandemia le vino a decir que siga por ese camino.
Hay otro tercio que nunca va a entender nada: ni con pandemia, ni con la muerte de la abuela o de la madre. Esa gente es la que niega el miedo y lo transforma en omnipotencia, porque nunca aprendió que hay formas más elevadas de vibración que el miedo y la rabia. O, que tuvo la posibilidad de aprender, lo negó y lo transformó en omnipotencia.
El otro tercio, que es por el que yo trabajo hace 30 años, es el que está inquieto, se pregunta cosas y está viendo cómo puede aprovechar a este proceso como la oportunidad de su vida. Yo espero que ese tercio se mueva al tercio de mayor conciencia y que no baje al tercio del miedo.
-¿Por qué nos cuesta tanto estar en soledad dentro de casa?
-Yo llevo sola cuatro meses. Lo que da miedo es mirar para adentro. Hay gente que estaba totalmente centrada hacia afuera y, ahora que la pandemia lo para y lo obliga a mirar hacia adentro, no se conoce. La pandemia también te hace que desinfectes tu casa interior.
Hay gente que no sabe cómo descubrirse o mirarse. Además, los vínculos -sobre todo, en el mundo hispano- son de mucha dependencia, apego y carencia. Entonces, quien ahora no se puede conectar con esos vínculos de los que depende emocionalmente, se siente angustiado.
Cuando la persona aprende a estar bien consigo misma y disfruta de ese tiempo sola -porque es un proceso de crecimiento permanente en lo bueno y en lo malo que uno encuentra -la soledad se vuelve menos amenazante. La angustia va a ser directamente proporcional a la carencia afectiva que provoca depender de vínculos emocionales.
-¿Cómo toma esta situación a nivel personal y profesional?
-Decidí tomar esto como una oportunidad de crecimiento. Estoy estudiando más que cuando estaba en la facultad. Me levanto a las 6 y me acuesto a las 2 de la madrugada, y no paro en todo el día. Estudio, establezco contactos en las redes de contención del mundo hispano, me reinventé laboralmente, empecé a atender a los pacientes de manera online, comencé a talleres...
Asumí que esto es una oportunidad de crecimiento para reforzar y aprender cosas nuevas, para ordenar la casa... pero también, para ordenarme por dentro. En eso estoy.


¿La salud mental va a ser la segunda pandemia?
-La pandemia no está generando nada, sólo está mostrando cosas: está develando y poniendo nitidez en los problemas de pareja que venían de antes, en los conflictos personales, etc. Evidentemente, hizo subir el volumen de los conflictos internos. Espero que busquen resolver esos conflictos y hacerse cargo de la situación.
De todos modos, esto va a estar absolutamente teñido con el tema económico. Hay gente que no tiene para comer, sobre todo la clase media -que nunca necesitó del Estado- y que hoy va a tener que empezar a hacerlo para volver a funcionar.
Pero la pandemia no es la culpable: solo va a develar la injusticia y las inequidades sociales, los conflictos familiares e individuales. Ella hace que todo sea más nítido y prístino.
-¿Cree que esta situación de convivencia forzada provocará un boom de divorcios, pero también, de parejas separadas que se reencuentren?
-Es tal cual. Hay un montón de parejas que ya han decidido terminar; otras, que esperan el final de la cuarentena para poder ejecutar la separación, y mucha gente que se está reencontrando. Incluso, parejas divorciadas que se empezaron a extrañar y que hoy están redefiniendo sus proyectos.

Hay muchos otros vínculos que se están reafirmando: miles de padres conocieron realmente a sus hijos, ya que antes no sabían qué sentían, cómo eran, qué necesitaban... porque sólo los veían cuando llegaban o se iban de la casa. Hasta en la relaciones de amantes hubo cambios, ya que miles de historias se han terminado pero otras se han logrado mantener aunque, claro está, con mucha dificultad.

La aplicación gratuita que revoluciona el cuidado de los adultos mayores

La aplicación gratuita que revoluciona el cuidado de los adultos mayores

Desarrollada por INECO, la app permite buscar una persona responsable que gestione el cuidado en el domicilio y permitir conseguir trabajo sin intermediarios. Tiene distintas funciones disponibles para efectuar, a través de la geolocalización, un acompañamiento de la labor realizada por el colaborador junto con la persona a cuidar


La nueva herramienta digital desarrollada por INECO ayuda a localizar el cuidador perfecto para el adulto mayor (Shutterstock)
En este contexto anómalo que estamos viviendo como sociedad, uno de los grupos etarios que se ven más afectados por el aislamiento social, preventivo y obligatorio, es el de los adultos mayores. No solo está identificado como una de las poblaciones con mayor riesgo al contraer COVID-19, sino que consecuentemente, es el grupo al que las organizaciones sanitarias recomiendan mayor aislamiento para preservar su salud.

“¿Hay algo más valioso o importante que cuidarse?” suele preguntarse Facundo Manes. “Sí, cuidar al otro”, responde enfático. “Y más si ese cuidado se puede extender en estos tiempos a mucha gente para protegerla y protegerse.”
Las transformaciones tecnológicas han permitido la creación de aplicaciones para prestar servicios como, por ejemplo, de educación, compras a distancia, asistencia al viajero, consultas de tráfico, reserva de alojamientos, entre otras, hoy muy útiles en el contexto que atraviesa la sociedad. Pero hasta ahora, nadie se había ocupado de una manera diferente de la problemática de los adultos mayores, que según informa el INDEC, son casi 7 millones de los habitantes de nuestro país.

Muchos adultos mayores necesitan ser cuidados en sus domicilios por gente de confianza (Shutterstock.com)

Una persona puede sentirse aislada a pesar de estar acompañado y es frecuente que eso ocurra en aquellos adultos mayores que son cuidados por una persona externa a su núcleo cercano que, por más buena predisposición que tenga, puede no contar con la preparación y las herramientas adecuadas. En este sentido, se requiere de la profesionalización del trabajo de cuidador para que, a través de diversas herramientas, logre convertir las limitaciones presentes en oportunidades para potenciar las capacidades remanentes.

Para facilitar ello, nació la app Cuidarlos, una propuesta innovadora para facilitar y mejorar la calidad de vida del adulto mayor y de todo el entorno familiar en el domicilio.
“La idea surgió en el 2013, en la inauguración de un curso para cuidadores informales de adultos mayores de una conocida residencia, en la que pudimos conocer de primera mano cuáles eran las principales preocupaciones de cada uno de los actores en este vínculo”, cuenta Iván Spollansky, uno de los fundadores del proyecto y CEO de Ineco, el instituto liderado por Facundo Manes, quien hace más de 15 años hace vanguardia en investigación, conocimiento e innovación en neurociencias como así también en diagnóstico y tratamiento de pacientes con patologías neurológicas (primera causa de discapacidad en el mundo) en Latinoamérica.
Uno de los propósitos fundamentales de Cuidarlos es que más gente que está transitando por esta etapa pueda dedicar el tiempo al contacto, a relacionarse, al encuentro, más que a la administración y gestión del día a día, logrando que los cuidados no sean una pesada carga tanto para familiares, pacientes como cuidadores. Esto resulta fundamental teniendo en cuenta que el 30% de los mayores de 65 años padecen de alguna discapacidad.

La felicidad de las personas adultas mayores es necesaria para atravesar sus problemas de salud (Shutterstock)

“A pesar de que existen otras aplicaciones abocadas al relacionamiento de personas, no hemos encontrado algo que integre toda la gestión y seguimiento del cuidado en el domicilio”, subraya Spollansky, que detalló que el desarrollo se realizó con una inversión superior a los U$S 700.000. “Nuestra misión es generar un ecosistema que garantice acceder al mejor cuidado de las personas, que brinde oportunidades a quienes tienen vocación de servicio para destacarse sin intermediarios y que seamos un medio para gestionar simple y eficientemente que la vida independiente en los hogares sea una realidad que mejore significativamente la calidad de quienes sean parte.” Sintéticamente, Cuidarlos permite, en esta primera etapa, buscar cuidador, gestionar el cuidado en el domicilio y permitir conseguir trabajo sin intermediarios.
El primer servicio busca que el usuario encuentre al asistente adecuado, al que podrá organizarle las tareas y gestionarle responsabilidades desde su celular. Los pasos a seguir son muy simples y consisten en registrarse, realizar la búsqueda, contactar al cuidador mediante los sistemas de chat y entrevista, coordinar sus horarios tareas o actividades y, por último, gestionar las prestaciones. La aplicación le facilita al familiar o los familiares un tablero inteligente donde atiende todos los sucesos del día las 24 horas los 365 días del año.

El segundo servicio permite a los potenciales cuidadores encontrar una oportunidad de trabajo sin costo y sin intermediarios. Mediante la creación de un perfil en donde se detalla su experiencia y disponibilidad horaria, el programa les otorga acceso a miles de familias. Además, cuentan con la posibilidad de ampliar sus conocimientos y reputación, a través de una formación online, en la que son capacitados sobre el cuidado adecuado de las personas. En este punto hacen especial énfasis en destacar y revalorar el rol del cuidador. “De ellos también debemos ocuparnos y cuidarlos adecuadamente, ya que su contribución está subvaluada y queríamos también poner en valor su destacado rol en la actualidad, y más aún en un futuro muy cercano”, refiere también Spollansky.

La app permite la geolocalización (Shutterstock)

Por último, Cuidarlos puede resultarle útil no solo a los que están en búsqueda de un asistente para sus seres queridos, sino también para aquellos que ya cuentan con un cuidador y quieren que esa experiencia sea tranquila y segura. Tienen distintas funciones disponibles para efectuar a través de la geolocalización un acompañamiento de la labor realizada por el colaborador junto con el adulto mayor. El usuario podrá estar al tanto de los servicios, organizar horarios, actividades, encender alertas o recordatorios para medicaciones y, en el caso que sea necesario, localizarlos geográficamente.

Parte de las premisas de la app, disponible en andorid e ios, es brindar herramientas de auto-gestión remota para familias, cuidadores y pacientes para que toda la experiencia de cuidado en el hogar sea más segura, ágil y de calidad.
“Además de la vocación, resulta clave remarcar la importancia por la adecuada formación, actualización permanente y desarrollo de capacidades específicas para acompañamientos y asistencia por patologías como condiciones indispensables para propiciar un cuidado de calidad, más aún cuando éste se da en un marco no institucionalizado como es el hogar”, señala Julian Bustin, Jefe de la Clínica Gerontopsiquiátrica y Memoria de Ineco y uno de los referentes en los aspectos referidos a la salud mental de los adultos mayores de la región.

Mediante esta herramienta, no es necesario un intermediario (Shutterstock)
En este sentido, un gran desafío que tenemos por delante, es transformar la realidad en la que actualmente viven muchos adultos mayores y poner a disposición los recursos que tengamos a nuestro alcance para convertir el hogar en un lugar de estimulación, protección y confianza. Al respecto, Iván Spollansky asegura: “Al finalizar estos momentos tan complejos, quizás nos quede como aprendizaje la importancia de estar vitales en cualquier etapa de la vida, en equilibrio con nuestro entorno y nuestras capacidades, la necesidad de sentirnos cuidados, protegidos y acompañados, y con la empatía suficiente para entender que nadie debe sentirse aislado cuando está en su propio hogar.

Una cualidad diferencial de la aplicación es que todos los contenidos de formación, actividades y consejos para el cuidado o estar activos están curados por el equipo de especialistas de Fundación Ineco.
De forma ágil, rápida, segura y directa, Cuidarlos brinda un servicio de suma utilidad en un momento de dificultad como el que le toca transitar a la sociedad actualmente. Si bien en una primera instancia podrán identificarse más fácilmente cuidadores de CABA y GBA, próximamente se irá expandiendo a todo el país. El programa incluye protocolos para el resguardo de ambas partes y cursos específicos para el cuidado durante la cuarentena.
“Hoy con la pandemia y el aislamiento obligatorio para adultos mayores en especial, es muy importante estar conectados socialmente, a pesar de la distancia”, destaca Facundo Manes en distintas entrevistas. Este nuevo modo, a través de una aplicación móvil, tiene como finalidad que las familias puedan sentir que quienes cuidan de sus seres queridos lo hagan con el mismo cariño, compromiso y respeto como si lo hicieran ellos mismos