22 de julio de 2020

DIA MUNDIAL DEL CEREBRO

¿Cómo mantener un cerebro saludable durante el aislamiento por COVID-19?

En el Día Mundial del Cerebro, profesionales consultados por Infobae remarcaron la importancia de mantener nuestro principal órgano activo para ganarle a la depresión, miedo y soledad

vingrassia@infobae.com


El cerebro es el órgano más importante que poseemos, por lo que es clave que goce de buena salud (Shutterstock)
Si bien el aislamiento social, preventivo y obligatorio es necesario para controlar la pandemia por COVID-19 desatada en el mundo y que en Argentina tiene en estos días la mayor tasa de contagios y muertos, también puede llevar a descuidar ciertos aspectos fundamentales para la salud cerebral, como la buena alimentación, la actividad física, los controles médicos y la socialización en general.
Actualmente, cientos de millones de personas en todo el mundo sufren de trastornos neurológicos, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con alrededor de 6 millones de personas que mueren cada año por accidentes cerebrovasculares (ACV), más de 50 millones con epilepsia y 47,5 millones que padecen demencia, siendo la enfermedad de Alzheimer la causa más común. Datos a tener en cuena hoy, una fecha especial por celebrarse el Día Munidal del Cerebro.
Los trastornos neurológicos son enfermedades del sistema nervioso central, periférico y de los músculos. Entre los trastornos más comunes se encuentran la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, enfermedades cerebrovasculares, la migraña y otras cefaleas, la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, infecciones neurológicas, tumores cerebrales, entre otras”, explicó a Infobae la doctora Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC.

En tiempos de pandemia, es necesario mantener un cerebro activo y lejos de algunos trastornos como el de ansiedad (Shutterstock)

Siguiendo a la profesional, se considera que una persona tiene un cerebro sano cuando es capaz de prestar atención, puede recibir y reconocer la información que le llega del exterior a través de los cinco sentidos, además de tener la capacidad para aprender cosas nuevas y recordar eventos pasados. También son rasgos característicos de un cerebro el tener un buen estado poder comunicarse, resolver problemas y tomar decisiones, así como tener motricidad y ser capaz de controlar y regular las emociones.

La doctora Gabriela Ferretti, Divulgadora Científica de Grupo Medihome (MN 81.108), detalló a Infobae cómo afecta la situación de aislamiento obligatorio a las personas con enfermedades cerebrales. “El aislamiento o distanciamiento físico tiene un impacto negativo para todas las personas, máxime cuando se acompaña de un fuerte cambio de hábitos para la sociedad en general. En muchas ocasiones, las personas que padecen una enfermedad, requieren de aislamiento, por ejemplo, cuando ven menoscabada su inmunidad como es el caso de las neutropenias (disminución de la cantidad de glóbulos blancos). Esta condición de no poseer capacidad de defenderse de los microorganismos los obliga a mantenerse aislados físicamente del resto de las personas.

Esto es habitual que ocurra en pacientes que están realizando quimioterapia u otras enfermedades con compromiso del sistema inmune, pero sólo quien lo padece y su entorno intimo son los únicos afectados por la situación. Esta irrupción en lo cotidiano que transforma la vida misma, no está exenta de angustias y dolores por la pérdida del estado previo de bienestar.

La visibilidad de la problemática del aislamiento producida por amenazas de gérmenes conlleva problemas mentales (Shutterstock)

“En estos tiempos de pandemia, la situación afecta a la comunidad toda, pasa a ser parte de la conciencia colectiva. Esto que ocurre en cada casa, se palpita desde los medios de comunicación, las redes, en las conversaciones con los otros es insoslayable compartir vivencias de los nuevos hábitos que tanto nos impactan. La visibilidad de la problemática del aislamiento producida por amenazas de gérmenes, sin duda transformara nuestra mirada, que antes solamente era privativa de algunas personas con ciertas enfermedades”, agregó la experta, que indicóque las personas con daño en su sistema nervioso, sea cual fuere el tipo y gravedad de la misma, los posiciona en un lugar de mucha vulnerabilidad psíquica, ya que muchos consideran que no cuentan con las herramientas físicas y mentales para enfrentar la amenaza del coronavirus.
¿Cómo inciden las emociones en el estado del cerebro?

Las emociones se tramitan dentro de nuestra cabeza según los circuitos a los que estemos acostumbrados a manejar. Este es un sello que nos es propio. Cada uno procura utilizar el “combustible emocional” que mejor le genera bienestar. Los cambios abruptos impuestos por el entorno generan un impacto negativo en nuestra psiquis y la respuesta adaptativa será diferente en cada uno de nosotros. Todo lo que signifique la perdida de nuestras libertades de obrar como lo era habitualmente conlleva un proceso de adaptación que pondrá a prueba nuestra “caja de herramientas” disponible para superar la situación.

¿Qué estrategias pueden realizarse en casa para la estimulación cerebral en distintos momentos de la vida (temprana edad, avanzada, etc.)?
“La función hace al órgano” versa un antiguo y muy conocido aforismo, el que es un fiel reflejo de la realidad. Nuestro cerebro se nutre de estímulos, los cuales procesa generando nuevas conexiones entre neuronas que enriquecerá nuestro desempeño físico y cognitivo. Cada grupo etario requiere de un estímulo diferente según su estadio vital. Los niños pequeños que están desarrollando su lenguaje necesitan de la interacción oral con otros para construir la función de la comunicación verbal.

Permanente dolor de cabeza. Hay algunas situaciones que debemos saber reconocer a tiempo para actuar con la celeridad necesaria para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuado - (Shutterstock)
Las personas mayores, cuyo sistema ya está totalmente organizado, requiere del estímulo múltiple para poder mantener las funciones aprendidas. “Las sendas en el campo que no son transitadas con frecuencia, son invadidas por los pastos y ya no podremos reconocer donde estaban”, dice un viejo dicho que circula entre los paisanos. Lecturas con cotejo de la interpretación y aplicación de lo leído, juegos interactivos, juegos de ingenio son algunas de las actividades de fácil aplicación en casa.
Quienes tienen afectada su función cerebral, requieren de un esfuerzo extra para poder superar estos escollos. La comunicación fluida, el desafío de una habilidad cognitiva nueva: puzles, crucigramas, sopa de letras, juegos de adivinanzas, de memoria entre muchos otros, son la estrategia asequible en estos momentos donde la interacción física se encuentra limitada por la situación.
Debemos entender el distanciamiento social más como un distanciamiento físico puro y no como un distanciamiento emocional. La adherencia a la comunicación remota, virtual o telefónica debería poder ayudarnos a suplir la cercanía física perdida.

Nuestro cerebro se nutre de estímulos, los cuales procesa generando nuevas conexiones entre neuronas que enriquecerá nuestro desempeño físico y cognitivo - (Shutterstock)
¿Cómo actuar en el contexto de pandemia ante un caso de emergencia cerebral? ¿Cuáles son las señales de alerta a las que debemos estar atentos?

Hay algunas situaciones que debemos saber reconocer a tiempo para actuar con la celeridad necesaria para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuado. Asimetría en la cara al momento de sonreir, debilidad en un brazo o una pierna, dificultad para hablar o entender de aparición súbita, así como también la perdida súbita del conocimiento o la ocurrencia de una convulsión en una persona que no las padecía previamente, nos tiene que hacer pensar que un evento cerebrovascular puede estar ocurriendo. Sin demoras ni dilaciones, ni búsqueda de explicaciones poco fundadas nos debe movilizar a ponernos en contacto con el servicio de emergencias.
En ocasiones, la irrupción de un síntoma en un allegado o en nosotros mismos, nos puede paralizar y esperar a que el síntoma ceda espontáneamente. En estas épocas de pandemia, se agrega el miedo al contagio en los centros de salud. Debemos tener especial conciencia de la situación y actuar con rapidez.
La intervención oportuna ira en beneficio de los resultados a corto y a largo plazo, preservando la vitalidad de las áreas del cerebro afectada.

¿Cuáles son las enfermedades cerebrales más usuales y cuáles son las menos frecuentes a escala país?
En la Argentina, la carga de enfermedad neurólogica alcanza casi el 11% de todas las enfermedades. Lidera las estadísticas el compromiso cerebrovascular (6%), seguidos por las demencias, epilepsias, meningitis, Esclerosis Múltiple y Parkinson en orden de importancia estadística
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¿Cuáles son las poblaciones más vulnerables respecto de las enfermedades cerebrales y por qué?
Se reconocen más de 600 enfermedades neurológicas que pueden afectar a todos los grupos etarios. Sin duda la población de personas mayores son las más afectadas y se correlacionan con los factores de riesgo propio del paso de los años así como con la hipertensión arterial, la diabetes, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo.

El alcohol en exceso es perjudicial para el cerebro (Shutterstock)

¿Los problemas respiratorios que causa en COVID-19, ¿tienen que ver con los daños a nivel neurológico?
El COVID-19 ha mostrado tener impacto en nuestro sistema nervioso. Si bien no son totalmente conocidos todos los mecanismos de acción lesiva, si podemos reconocer síntomas banales como dolores de cabeza y la tan conocida perdida del olfato y del gusto que se presentan con esta enfermedad. Por otra parte, este virus puede generar alteraciones en la coagulación de la sangre predisponiendo a la formación de coágulos con mayor número de casos de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.

Asimismo, se han consignado aumento del número de caso de Guillain Barre, una poliradiculoneuropatía de instalación aguda o subaguda que se presenta como pérdida de fuerza de inicio en las piernas que va “ascendiendo” por el cuerpo con distinto grado de debilidad
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¿Qué mensaje te gustaría dar en el Día Mundial del Cerebro?
El cerebro es un órgano complejo, resiliente y vital para nuestra existencia y el contacto con el mundo exterior. Estas funciones tan especializadas requieren del aporte de nutrientes adecuado, no solo de la alimentación en términos concretos, sino también del aporte de estímulos que le permitan su desarrollo y su alto nivel de elaboración intelectual. Esa fortaleza y nivel de especialización se conjuga con una vulnerabilidad que debe ser atendida en algunos casos con la celeridad necesaria para evitar la perpetuación del daño.
Cuidemos nuestros pensamientos, fomentemos las emociones positivas, aprendamos todos los días algo nuevo, realicemos actividad física, evitemos los hábitos tóxicos y mantengamos nuestro peso corporal, la glucemia y la tensión arterial en cifras normales. Esto nos ayudara a contar con nuestro principal aliado, nuestro cerebro.
La doctora El Haj también compartió algunos consejos útiles que debemos tener en cuenta para prevenir las patologías cardíacas, accidentes cerebrovasculares y el deterioro cognitivo general:
- Controlar la presión arterial: la presión arterial debe mantenerse por debajo de 120/80 mm. Uno de los pilares fundamentales para prevenir la hipertensión es moderar el consumo de sal y alcohol, hacer ejercicio de manera regular, reducir el estrés y dejar de fumar. También es importante beber mucha agua.

El cerebro es un órgano complejo, resiliente y vital para nuestra existencia y el contacto con el mundo exterior - Shutterstock
- Mantener estable los niveles de colesterol: el colesterol debe estar por debajo de los 200mg/dL en sangre. Para lograrlo, se recomienda reducir el consumo de alimentos de origen animal, prescindir de la comida “chatarra”, apostar por los frutos secos, los granos enteros, las frutas y los vegetales, así como también por el pescado y el aceite de oliva.
- Mantener estable la glucemia: la dieta y el ejercicio son dos factores fundamentales para mantener estable la glucosa en sangre. Por ejemplo, es importante consumir alimentos proteicos, desayunar y elevar las cantidades de fibra de la dieta, además de estar bien hidratado.
- Ser físicamente activo: distintas investigaciones han puesto de manifiesto los beneficios del ejercicio para desarrollar la capacidad de resolver conflictos, detectar errores, planificar y poder realizar varias tareas a la vez e, incluso, aumentar el volumen de la estructura cerebral, clave para la memoria.

Para tener un cerebro sano y activo es muy importante dormir bien (Shutterstock)

- Consumir una dieta saludable: la alimentación influye en numerosos aspectos de la salud. La clave para llevar una dieta sana es que sea variada e incluya alimentos de los distintos grupos de la pirámide nutricional. También debe ser equilibrada- comer cantidades moderadas y seguir un horario regular de comidas- e incluir al menos cinco comidas diarias.
- Mantener el peso: el exceso de peso o la obesidad es una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud y el cerebro. Además, se estima que las personas obesas o con sobrepeso tienen un 35 por ciento más de probabilidades de padecer Alzheimer.
- Dejar el tabaco: el humo del tabaco no sólo daña los pulmones y el corazón, también afecta al cerebro. Las personas fumadoras sufren un adelgazamiento de la corteza cerebral, lo cual provoca envejecimiento y disminución de la inteligencia.

Un hombre fuma un cigarrillo. EFE/José Pazos/Archivo
- Seguir aprendiendo y desafiar al cerebro: continuar la educación puede ayudar a reducir el riesgo de declive cerebral y demencia. Asimismo, también es importante hacer actividades que nos obliguen a pensar, ya sea armar un rompecabezas, crear construir algo para la casa o jugar a algún juego de mesa.
- Mantenerse sociable: se ha mostrado que las personas que tienen una vida social activa también tienen cerebros más activos y sanos. En un contexto de aislamiento se recomienda mantener el contacto nuestros afectos a través de videollamadas, redes sociales y otras tecnologías de la comunicación.

16 de julio de 2020

Mayores maltratados

Mayores maltratados, otra alerta en la pandemia

Cinco de cada diez mayores de 60 sufre violencia entre diaria y semanal
Silvia Fesquet
21/06/2020
Clarín.com
«Se me fue la mano con Don Horacio”. Esto habría escrito el hombre a su pareja, antes de escapar y de ser detenido finalmente por la policía, acusado del asesinato de un anciano de 91 años, a quien cuidaba por las noches en su departamento de Palermo. Sospechan que un robo fue el móvil del crimen. Por esas paradojas, la detención se produjo el lunes pasado, 15 de junio, justamente la fecha elegida como Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato de la Vejez. Ampliando el rango, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, en el último año 1 de cada 6 personas mayores de 60 sufrió algún tipo de abuso, aunque se calcula que se denuncia apenas 1 de cada 24 casos: muchas veces quienes padecen el maltrato tienen miedo de comunicarlo a sus familiares o amigos; en muchos otros casos, son los más allegados quienes propinan estos malos tratos. Y analizados 9 estudios de 6 países basados en las notificaciones de malos tratos en instituciones, el 64,2% de trabajadores de esos centros admitió haberlos infligido.
En Argentina, la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación acaba de dar a conocer, en su informe anual, que el año pasado crecieron un 17% las denuncias por violencia y maltrato a adultos mayores respecto al año anterior. En el 87% de los 985 casos reportados hay un vínculo familiar entre la víctima y el acusado: de ese total, un 47% son hijos o hijas y un 29%, pareja. El 72% de las víctimas tienen entre 60 y 74 años. Casi el 80% son mujeres. El rango de violencia es amplio, y va desde psicológica, presente en el 96% de las denuncias, hasta física (46%), económica patrimonial (39%), social (10%) y sexual (3%). Cinco de cada 10 sufre violencia entre diaria y semanal. Y algo más de la mitad vive con la persona denunciada. ¿Cuál es el perfil de los denunciados? El 71% tiene entre 22 y 59 años, y 7 de cada 10 son varones.
El tema no suele estar en el centro del debate público, aunque lo requeriría: según proyecciones de Naciones Unidas, la población de 60 años para arriba crecerá un 38% entre 2019 y 2030, y pasará de mil a 1.400 millones de almas. Un número nada despreciable como para no ser tenido en cuenta, sobre todo si se considera la prolongación de la etapa productiva y la capacidad y potencialidad de buena parte de ese segmento. Es aquí donde talla otra arista del problema. Gerontóloga, ex presidenta de la Red Internacional contra el Abuso y Maltrato en la Vejez, Lía Daichman declaró días pasados a Télam: “La discriminación a los mayores pasó de latente a presente por la pandemia. Siempre hubo un prejuicio sobre que las personas mayores no sirven, no son productivas, son una carga para la sociedad y no son capaces de hacer nada por sí solas, lo cual es completamente falso. Y a partir de la pandemia se hizo presente ese viejismo en el discurso pero también en las medidas que se tomaron”, y enumera desde las estrictísimas prohibiciones iniciales para gente de 65 ó 70 años perfectamente autónoma, hasta la actitud censora de muchos hijos e hijas pasando por el lenguaje ‘abusivo’ de llamar “abuelitos o abuelitas” a todas las personas mayores.
Con el coronavirus al acecho, las alarmas se activan en varios sentidos, como crecimiento exponencial de los prejuicios y riesgos incrementados de violencia disparados por el aislamiento y todas sus circunstancias. Mientras tanto, no pierde vigencia lo que escribió Simone de Beauvoir medio siglo atrás en “La vejez”: “El joven teme esa máquina que va a atraparlo, trata a veces de defenderse a pedradas; el viejo, el rechazado por ella, agotado, desnudo, no tiene más que ojos para llorar. Entre los dos la máquina gira, trituradora de hombres que se dejan triturar porque no imaginan siquiera que puedan escapar. Cuando se ha comprendido lo que es la condición de los viejos no es posible conformarse con reclamar ‘una política de la vejez’ más generosa, un aumento de las pensiones, alojamientos sanos, ocios organizados.Todo el sistema es lo que está en juego y la reivindicación no puede sino ser radical: cambiar la vida”.
https://www.clarin.com/opinion/mayores-maltratados-alerta-pandemia_0_7cw7khtxR.html

8 de julio de 2020

Solo por tener 90 años no significa que esté lista para morir

Salas

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Publicaciones de la sección de noticias


2 h Compartido con: Público
Solo por tener 90 años no significa que esté lista para morir o que sea prescindible . Mientras aún disfrute de la vida, nadie tiene derecho a decirme que soy descartable.
Por Varda Yoran ( Escultora israelí-estadounidense. Nació en China, vivió en Israel y actualmente en los Estados Unidos)
Llevo un cuarto de siglo siendo anciana y sigo esculpiendo, leyendo y escribiendo. Hablo cinco idiomas y utilizo el correo electrónico y WhatsApp para comunicarme con mis familiares y amigos de Finlandia, China, Noruega, Inglaterra, Israel, Rusia, Tailandia y Estados Unidos. Dirijo una fundación que yo misma creé para ayudar a ancianos con problemas de movilidad. Asisto a distintas clases y organizo un club de filosofía por Zoom donde hablamos de ética, de perdón, de rabia, de creatividad y de muchos otros temas.
Es evidente que mi rutina ha cambiado. El coronavirus lo ha cerrado todo de golpe. A mis 90 años, he vivido muchos momentos históricos, pero nunca uno como este. Mi hija tenía miedo de que en la ciudad yo estuviera mucho más expuesta, además de que en esta situación no podría recibir tantos cuidados. Así pues, dejé Brooklyn y ahora vivo con ella, con mi yerno y con mi nieto adolescente, confinada y segura, en las montañas de Peekskill (Nueva York, EEUU). Si salgo de casa, con mascarilla y con guantes, es para ir al laboratorio más cercano a hacerme unos análisis de sangre rutinarios.
Nadie sabe adónde nos llevará lo que queda por venir, pero lo que he visto hasta ahora es que la crisis hace brotar lo mejor de la gente buena y lo peor de la gente mala. Hace falta colaboración y empatía a gran escala para enderezar el rumbo del mundo.
Algunas personas piensan que si me lleva el coronavirus, al menos ya habré vivido una vida plena. Y sí, he vivido una vida plena.
Nací en China en el seno de una familia judía exiliada de Rusia tras la I Guerra Mundial en busca de refugio del antisemitismo, de las hambrunas y de los pogromos. Pasé los primeros 20 años de mi vida en China y sobreviví a la ocupación japonesa de mi ciudad, Tianjin, durante la II Guerra Mundial. Pasé los siguientes 30 años en Israel. Di clases de hebreo a niños judíos inmigrantes, pertenecí al Ejército del Aire y trabajé de artista gráfica. Me casé y tuve dos hijas. Finalmente, el trabajo de mi marido nos llevó a Estados Unidos en 1979. Yo tenía 50 años y no tenía ni idea de que estaba a punto de empezar un periodo de mi vida en el que florecería como artista.
Entre los 60 y los 70 años creé cinco esculturas grandes de exterior para instituciones como la Universidad de Tel-Aviv y la Casa de Combatientes del Ghetto, un museo fundado por los supervivientes del Holocausto. Con 70 años, empecé a encontrar mi voz como escritora y colaboré en la escritura de The Defiant, las memorias de mi marido como partisano en Europa del Este contra los nazis. Con 82 años, creé una organización sin ánimo de lucro, la Rose Art Foundation, que ya ha donado 800 sillas reclinables geriátricas para ancianos con movilidad reducida en centros de Estados Unidos. Incluso ahora, durante la pandemia de coronavirus, recibo solicitudes de pacientes cuya calidad de vida ha mejorado gracias a estas donaciones. El año pasado, con 89 años, publiqué mi segundo libro. Y aún me quedan muchas cosas por hacer.
No soy prescindible y me entristece que mucha gente piense que la edad es un criterio para decidir si merece la pena salvar una vida humana o no. Te aseguro que tanto yo como mis seres queridos deseamos que me queden muchos años de vida. Quiero asistir a la graduación de mi nieto en el instituto y ver qué universidad escoge. Quiero ver cómo mi nieto mayor, que ya está casado, se convierte en padre. Quiero seguir viviendo feliz. Ya no puedo hacer tantos viajes como antaño, pero me gustaría volver a visitar Israel. Solo porque tenga 90 años no significa que no me queden cosas por aprender y destrezas que perfeccionar.
“No soy prescindible y me entristece que mucha gente piense que la edad es un criterio para decidir si merece la pena salvar una vida humana o no”
Tengo más limitaciones físicas y dolencias de las que me gusta admitir, pero eso no me va a detener. Estoy desarrollándome como artista. En septiembre empecé un curso de tres meses en el Brooklyn Clay Studio para aprender a vidriar cerámica en el horno. En febrero, antes de que se decretara el distanciamiento social, busqué un nuevo enfoque artístico, visité Urban Glass en Brooklyn y encontré a un maestro para enseñarme una técnica. Mi hermana gemela falleció hace 15 años, de modo que cuando acabe la cuarentena, espero terminar una escultura que represente nuestra relación.
*Nuestras vidas, nuestros sueños y nuestra productividad no se acaban cuando cumplimos 65 años, una edad a la que la sociedad ya decide que eres “suficientemente mayor”. Las personas mayores podemos ser productivas y hacer contribuciones al mundo con la perspectiva de la edad y la experiencia. *No habría que fijar un límite a partir del cual la vida de una persona ya no tiene valor*.
Tengo 90 años y estoy deseando que acabe la cuarentena. Mientras sea creativa, mientras siga rodeada por el amor de mis familiares y mis amigos y mientras aún disfrute de la vida, nadie tiene el derecho a decirme que soy prescindible.

16 de junio de 2020

16 de Junio DIA INTERNACIONAL DE TOMA DE CONCIENCIA DEL ABUSO Y MALTRATO A LA VEJEZ









16 de junio de 2020


En el Día Internacional de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez

Coronavirus: una campaña por el buen trato a los mayores



Por Sonia Santoro



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Imagen: EFE





Este lunes se conmemora el Día Internacional de toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Organizaciones, universidades y profesionales lanzaron la campaña “Buen trato a las personas mayores” para concientizar sobre lo que se considera uno de los últimos tabúes de la sociedad. La covid-19 también hizo su aporte para exponer los maltratos estructurales y sumar nuevos. “Los adultos mayores se enfrentan a una vulnerabilidad adicional. El virus no solo amenaza su vida sino sus redes de apoyo, su acceso a sus jubilaciones y pensiones, a su sistema de salud. A lo que se agregan dudosas capacidades selectivas de atención”, apuntó Lía Daichman, al frente del Centro Internacional de Longevidad en Argentina (ILC).

Daichman fue durante años presidenta de la Red Internacional de Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez (Inpea) y fue una de las impulsoras junto a la Red Internacional para la Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez, HelpAge Internacional, Conicet y GerontoVida, entre otras instituciones, organismos y universidades, de la jornada virtual por el XV Día Internacional de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez: “Nuevas Formas de Discriminación y Maltrato hacia las Personas Mayores en Tiempos de covid-19”, que se desarrolló este lunes y contó con la inscripción de más de mil personas de todo el país.


En ese marco se lanzó la campaña de concientización que durará todo junio y que convoca a la ciudadanía a tomarse una foto con la planta que más le guste y a compartir la imagen en las redes sociales con los hashtag #BuenTrato #HagamosQueFlorezca.

En 2011, la Asamblea Mundial de las Naciones Unidas, en su resolución 66/127, designó el 15 de junio para conmemorar el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. “Uno de los últimos tabúes de la sociedad a lo ancho y largo del mundo es el maltrato hacia las personas mayores”, dijo Daichman. “Una de cada seis personas en el mundo sufren de malos tratos: 141 millones de seres humanos a nivel global. La covid-19 puso en escena los abusos que sufren sobre todo en geriátricos. Las personas mayores también pueden sufrir discriminación por su edad en la atención médica”, recordó. Daichman cuestionó, además, el lenguaje y enfoque conque se los trata: “paternalista y estereotipado”.

“Es necesario producir estándares, guías y protocolos para desarrollo de mecanismos posibles a fin de remediar la violación de derechos a las que están expuestos y sufren las personas mayores”, apuntó.

En cuanto al impacto socio-sanitario y económico de la pandemia en la vida de las personas mayores, el doctor en Gerontología Ricardo Jauregui dio cifras oficiales nacionales y de la ciudad. Informó que los adultos mayores de 65 años constituyen el 13% de los enfermos por coronavirus en el país. Al día de hoy, dijo, hubo 833 fallecidos en Argentina por covid-19, de los cuales el 80 por ciento fueron mayores de 65 años. En ciudad, el promedio de edad de los fallecidos es de 75 años. “A partir de los 60 años hay una curva progresiva de crecimiento de la mortalidad”, explicó. En cuanto a lo que pasa en las residencias para adultos mayores, dijo que hay 94 instituciones en las que entró el coronavirus en la ciudad. Como resultado hay 560 casos positivos confirmados y 77 fallecidos. Esto representa el 3 por ciento de los adultos mayores en residencias, ya que en la ciudad hay entre 18 y 20 mil adultos en estos dispositivos. “La mortalidad de ellos por esta enfermedad es del 0.4 por ciento”, dijo. También habló de la complejidad que enfrentan estas instituciones. “Las que tienen una persona por habitación son las menos. En general tienen tres o más por habitación. La gran mayoría están cerradas a nuevos ingresos, a pesar de que no está prohibido. La mayoría no tiene capacidad de aislar a alguien y tienen poca capacidad de contar con equipos rotativos de personal”, explicó. Y dijo que en la ciudad de Buenos Aires se va a empezar a testear en las residencias esta semana.

La profesora Silvia Gascón, directora del centro de estudios envejecimiento Isalud recordó la epidemia de poliomielitis. Ella era chica, dijo, y por lo tanto, grupo de riesgo. “Hoy como persona mayor me toca de nuevo ser grupo de riesgo”, comentó y desde ese lugar hizo un llamado a la comunidad: “La edad nunca debe ser un criterio para definir prioridades. Los derechos humanos son vitalicios, para toda la vida. Para que florezca el buen trato a las personas mayores exijamos que nuestros derechos sean cumplidos siempre”.

Eugenio Semino, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología, habló de la doble agresión que sufren las personas adultas mayores que viven en residencias: “El virus, por un lado. La pérdida de la libertad y los contactos, por el otro”.

“Lo que está desnudando esta pandemia es la gran solidaridad y el gran esfuerzo de los sectores. Y a su vez la hipocresía de un sistema político --más allá de los gobiernos de turno-- porque va en contramano. Esos adultos mayores a los que tratamos de proteger son los mismos a los que en 2017 se les robó parte de su aporte jubilatorio. O los que perdieron el 20 por ciento de su magro haber en 1018 y 1019 y que hoy tienen suspendida su movilidad jubilatoria antes de que llegara el virus”, planteó. Luego se preguntó si las políticas son de protección al adulto mayor. “¿Se puede suponer que con 16 mil pesos se puede subsistir? La gran mayoría sigue trabajando para seguir viviendo. Y ahora no pueden trabajar porque los estamos protegiendo para que no salgan de sus casas”.

Acceder al buen trato, dijo, es “comprender que el adulto mayor a cualquier edad sigue siendo un sujeto de derecho y que tiene el derecho al deseo, no a la imposición de lo que nosotros suponemos que quiere. No es un colectivo uniforme”.

Luego volvió sobre el tema de la violencia estructural: “Volvemos a lo que decía Ramón Carrillo. Los virus y las bacterias terminan siendo pobres transmisores de enfermedades, lo que está de base es la pobreza. Precisamente resolver esto va a exceder la cuarentena. El gran negocio no es la salud sino la enfermedad. Todo esto tenemos que rectificar entre todos si queremos que no haya abuso y maltrato desde lo estructural”. “Para que exista buen trato tenemos que tener una sociedad integrada, desarraigar la exclusión y la pobreza”, finalizóta/12

7 de junio de 2020

La arbitrariedad la peor de las formulas para el ajuste de las jubilaciones

Hay que volver al cálculo de 2017, porque hoy las jubilaciones están atadas a la peor de las fórmulas: la arbitrariedad

Filas cajeros jubilados - Villa Urquiza - Cuarentena COVID 19
Filas cajeros jubilados - Villa Urquiza - Cuarentena COVID 19
El día jueves ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo que prorroga, hasta el 31 de diciembre, la suspensión de la fórmula de movilidad jubilatoria que se estableció en diciembre del año 2017 en medio de movilizaciones partidarias e intentos de tomar por asalto el Congreso por propiciar una reforma “inmoral” que afectaba al bolsillo de los jubilados.
Sin embargo, esa reforma mejoró la situación del sector pasivo, porque dejó de tomar en cuenta la recaudación e incluyó, en la base para el cálculo, las variaciones al Índice de Precios al Consumidor; lo que permitió actualizar los montos según el componente inflacionario, presente desde hace 70 años en el país.

Así, con la vieja fórmula kirchnerista, las jubilaciones aumentaron un 68% en el acumulado de los últimos dos años que estuvo vigente -hasta diciembre del 2017-; mientras que con el nuevo sistema en dos años el incremento fue del 78%.

Hoy los jubilados argentinos se encuentran atados a la peor de las fórmulas, la de la arbitrariedad a la hora de disponer sus aumentos. Ni nueva ni vieja fórmula, discrecionalidad absoluta del Presidente de la Nación para determinar cuánto ganan y cuánto pierden los jubilados en cada una de las categorías. Y a esta altura, casi todos pierden.

Ni bien asumió, el Gobierno de “Los Fernández” sancionó la ley de Emergencia Económica que suspendió por 180 días la aplicación de la fórmula para hacer efectiva la movilidad jubilatoria, esta vez, bajo el lema de la solidaridad social y sin piedras ni manifestantes en el Congreso con la pretensión de prenderlo fuego.

En diciembre del 2019, aún no estábamos en época de pandemia, el Poder Ejecutivo asumió el compromiso de convocar a una comisión mixta integrada por representantes del Ministerio de Economía, del Ministerio de Trabajo, y miembros de las comisiones del Congreso de la Nación, para que propusiera un proyecto de ley de movilidad de los haberes previsionales.

Esa comisión brilló por su ausencia hasta mayo, a un mes del vencimiento del plazo de 180 días. Cuando por fin se constituyó, como primera medida anunció la prórroga de su funcionamiento hasta el mes de diciembre, ese fue el preludio del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo.
Mientras tanto, en el mes de marzo, mediante el Decreto 163/20 el Gobierno dispuso el primer incremento trimestral a través de una suba del 2,3%, más una suma fija de $1.500 para los jubilados, pensionados y beneficiarios de otras prestaciones sociales. Los jubilados, con estos aumentos decretados, perdieron entre $541, en el caso de los haberes mínimos, y $14.032 en los máximos, en comparación con la fórmula jubilatoria suspendida.
Por otra parte, el Decreto 495/20, publicado el 27 de mayo en el Boletín Oficial, estableció un incremento equivalente a 6,12% sobre el haber devengado correspondiente a mayo de 2020 para todas las prestaciones previsionales a cargo de la ANSES a partir del 1 de junio: los jubilados que cobran el haber mínimo este mes, comienzan a hacerlo con un aumento de $972 con respecto al mes anterior y pasan de $15.892 a $16.864.

A su vez, mientras los ingresos jubilatorios se reducen, la inflación continúa en aumento; lo que afecta el valor de la canasta básica total de los adultos mayores que llega a $45.020, según un cálculo de la canasta básica de jubilados realizada por la Defensoría de la Tercera Edad.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) explica que “con esta medida, desde el punto de vista fiscal, el Gobierno reduce el gasto en prestaciones sociales, pero también genera una pérdida relativa de poder de compra para los jubilados y pensionados bajo lo que correspondía por Ley. Para el Fisco, el ahorro total neto de bonos (dos de $5000 en diciembre y enero, y dos de $3000 en marzo y abril) entre enero y agosto, sería de $34.000 millones (0,11% del PIB)”.
Como se ve, la suspensión de la movilidad no tenía por finalidad atender en forma prioritaria y en el corto plazo a los sectores de más bajos ingresos, ya que ellos también sufren un menoscabo en sus haberes jubilatorios.

Por ello hemos propuesto, junto a un grupo de legisladores de Juntos Por el Cambio, derogar el artículo 55 de la ley 27.541 que suspende la movilidad jubilatoria, en tanto implica un claro desconocimiento de derechos adquiridos, y una flagrante violación al establecimiento de las jubilaciones y pensiones móviles que indica el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional; y a los tratados internacionales que la República Argentina ha suscrito.
Mantener y prorrogar la suspensión de la movilidad jubilatoria es, a la luz de los aumentos otorgados por decreto, consentir y convalidar un ultraje al bolsillo de nuestros jubilados, que nada tiene de redistributivo y solidario. Es la manera “solidaria” que “Los Fernández” encontraron para hacer un brutal ajuste fiscal, que recae e impacta con arbitrariedad sobre los haberes jubilatorios.
El autor es diputado nacional de la UCR por Mendoza

2 de junio de 2020

Los postergados de siempre

Los postergados de siempre

“Las estadísticas sobre cordura son que uno de cada cuatro personas sufre de alguna forma de enfermedad mental. Piensa en tus tres mejores amigos. Si están bien, entonces eres tú”. Rita Mae Brown.

Las personas con padecimientos mentales constituyen el colectivo más vulnerable de la sociedad: invisibilizados, estigmatizados, temidos, rechazados, abusados o ignorados, son marginados debido a la creencia de que la locura es un mal incurable y los locos sujetos peligrosos. La discriminación es mayor si ese colectivo es pobre, máxime cuando son víctimas de un sistema de encierro en el que la privación de la libertad, la sobre medicación y los malos tratos arrasan con sus vidas.
El sufrimiento que los atraviesa no integra la agenda de los gobiernos, ni las políticas públicas y solo tiene prensa cuando se convierte en un hecho de tinte amarillista que convoca al morbo del lector: ya sea porque un “loco” atacó a un vecino y los medios claman por su encierro, o bien porque otro -encerrado- fue muerto por un perro salvaje debido a la desidia judicial. Así de contradictorios somos a la hora de negar la crueldad que implica la locura.

En el marco de la emergencia sanitaria por la que atraviesa el mundo, pocos se acuerdan de estos seres que viven un encierro dentro del encierro. Frágiles y sensibles, a sus propios procesos psicofísicos deben sumarse patologías coexistentes vinculadas al abandono, la cronicidad y los efectos secundarios de las medicaciones; lo que los vuelve más vulnerables al contagio. Es en ese punto donde debe focalizarse su atención en este momento. La pandemia expone situaciones que datan de hace años, y que vengo señalado en distintos pronunciamientos, foros académicos y artículos de doctrina. Que el virus haya ingresado a los manicomios es simplemente otra manifestación del estado en el que viven seres atravesados por el dolor desde siempre, y al que el sistema de salud atiende de manera deficiente.

Pese a que la Ley de Salud Mental -con fundamento en tratados internacionales- prevé la reconversión de los neuropsiquiátricos para el año 2020, la Ciudad de Buenos Aires tiene cuatro hospitales monovalentes de salud mental, todos ellos judicializados. Lejos está la utopía de aumentar el presupuesto en salud mental, crear dispositivos alternativos al hospicio y respetar el plexo de derechos que protege a las personas con padecimientos mentales que establece la propia ley, vigente desde el año 2010.
Para revertir la tradicional perspectiva de análisis, considero que el enfoque de la cuestión debe centrarse en tres ejes:

1. Entender a la salud mental como un derecho fundamental e inserto en el sistema de derechos económicos, sociales y culturales entre los cuales debe darse una relación de complementación y acumulación.
2. Entender que la afectación al derecho a la salud mental importa una violación al derecho a la dignidad humana.
3. Entender que la salud mental como derecho social debe acompañarse de una estrategia de salud pública, para evitar tal vulneración.

Si estos parámetros se tomaran en cuenta, se evitaría la desaferentación afectiva, psicológica y social que sostenida en el tiempo puede generar síntomas de deterioro cognitivo y motriz que cursan con la propia patología y llevan a las personas a una exclusión que constituye una afrenta a la dignidad humana. Esos seres marginados tienen derecho a transitar su enfermedad en otras condiciones y es el Estado quien tiene que garantizar que la violación al derecho humano no se configure evitando el confinamiento que excluye y descompone al sujeto frente a sus habilidades de interacción convirtiéndolo en objeto. Ello se evita mediante el cambio de paradigma que proponen los Tratados Internacionales, la Ley de Salud Mental Nacional y la de la Ciudad, aunque no se cumplan.

Quizás la pandemia sea la excusa para poner el tema en la agenda pública. Mientras, es prioritaria la atención a esta población vulnerable.
Pero para dar vigencia al desarrollo del cambio de paradigma propuesto, debe existir un compromiso no solo de los operadores de la salud y el derecho, sino también de la sociedad toda
.
Los locos también se contagian.
Pensemos que si nosotros no nos bancamos nuestro encierro que tiene dos meses, cómo estarán ellos que transitan su encierro dentro del encierro.

La autora es jueza de Primera Instancia en lo CAyT de la CABA, Doctora en Derecho, Posgraduada en Determinantes Sociales de la Salud Mental, Profesora de grado y posgrado de su especialidad y autora de numerosas publicaciones, entre otras del libro “Salud Mental: un nuevo enfoque desde el derecho administrativo constitucionalizado” (RAE, 2015).