13 de enero de 2019

1945 una película para recomendar

1945

Hungría
Director
Ferenc Török
Reparto
Péter Rudolf, Tamás Szabó Kimmel, Dóra Sztarenki, Bence Tasnádi, Ági Szirtes, József Szarvas, ...
Género
Drama | II Guerra Mundial. Holocausto
Sinopsis
Un sofocante día de agosto de 1945, recién acabada la guerra en Europa, los habitantes de un pueblo se preparan para la boda del hijo de un funcionario del ayuntamiento. Mientras, dos judíos ortodoxos llegan a la estación de tren portando dos misteriosas cajas. El funcionario teme que los hombres sean hijos de los judíos que fueron deportados, que vienen a reclamar las propiedades que ahora tienen ellos de manera ilegal, perdidas por ... [+]
Crítica de 1945 por Cinemagavia

La película 1945 está realizada de una manera tan sutil que cada detalle aparece cuidadosamente pensado. El escenario principal está construido en base a la relación existente entre los personajes, divididos en dos bandos, los que tienen sentimiento de culpa y los que tienen el instinto casi inhumano de supervivencia. Los que se acercan a los principios universales de la ley y la moral cristiana o los que actúan con sus propios códigos de conducta basados en la codicia. Sin embargo, de una forma u otra, todos los habitantes del pueblo están implicados y tienen parte de culpa.

El antisemitismo como si de un veneno se tratara recorrió Europa durante muchos siglos antes de Hitler. El dictador alemán no lo inventó, pero si aprendió de él y lo utilizó de forma eficaz y terrible para crear un régimen aterrador y sangriento. Y, quizás lo más trágico de esto, fue la poca resistencia que encontró en Europa central y oriental. Por un lado, el miedo y el temor al que es diferente, sin importar su utilización de forma irracional, está profundamente arraigado en muchas sociedades. Por otro lado la guerra, como tal, es una oportunidad perfecta para despertar los más bajos instintos de las personas, la especulación y los intereses oportunistas.

La presencia de dos judíos con dos grandes baúles, de forma paradójica despierta el miedo en aquellos que un día se beneficiaron de su persecución. Lo que Ferenc Török intenta reflejar es la propia sensación de ansiedad creada por lo desconocido. Las víctimas que son retratadas como peligrosos invasores por aquellos en el poder es un asunto que se repite una y otra vez.

Mientras que para algunos países, la fecha de 1945 fue el año de la liberación nazi y el final del fascismo, para otros estados de Europa del Este simplemente pasaron, de estar dominados por una potencia invasora y totalitaria, a estarlo por otra. Por lo tanto, la imprevista visita al pueblo de los dos judíos, esta cargada de un fuerte y sutil simbolismo. Lo que debería haber sido motivo de fiesta y celebración con la boda se convierte en una tragedia, en la que nadie está libre de culpa, toda la sociedad está implicada de una manera u otra, desde el cura hasta el alcalde, desde los maestros a los campesinos; de hecho, no es casualidad, que los únicos personajes con dignidad y honestidad abandonen el pueblo.

1945 está basada en el relato corto “Hazatérés” (Regreso a Casa, 2004) de Gábor T. Szántó que también colabora con el guion. Examina un lado del Holocausto que rara vez se aborda en la ficción: el regreso de los supervivientes judíos a las regiones donde fueron exterminados en masa por los nazis. Explora en la reacción de la sociedad húngara ante su llegada, después de que en el mejor de los casos, se quedara parada y viera la matanza de sus amigos y familiares o, en el peor, ayudara activamente a los alemanes. También plantea otro interesante dilema, ¿Como se puede reclamar propiedades antiguas cuando las autoridades las confiscaron y redistribuyeron a nuevos propietarios que vivieron allí durante años?.

Ferenc Török dirige su cámara casi exclusivamente a los aldeanos, interesado en reflejar cómo se les desmorona su complacencia cuando se enfrentan a sus pecados del pasado, y en evocar el ambiente asfixiante y castigador del caos existencial que ahoga a la aldea. De esta forma, Török parece evocar al célebre director húngaro Béla Tarr, en particular su obra maestra de siete horas y media, “Sátántangó” (1994), que también sigue el desmoronamiento de un pequeño pueblo cuando uno de ellos, presuntamente muerto, regresa repentinamente.

Rodada en un impresionante blanco y negro, 1945 es una película hipnótica, silenciosa y conmovedora. La fotografía de Elemer Ragalyi por sí sola es una auténtica maravilla y un disfrute de los sentidos, debido al uso exquisito de la iluminación, y a sus poéticas e impactantes imágenes, como la espléndida toma final, de gran simbolismo, y preñada de múltiples significados que cada espectador interpretará de manera diferente. Una fantástica narración visual desarrollada en la película 1945, cimentada en una fotografía austera y de alto contraste de luz.

Ferenc Török emplea constantes primeros planos íntimos y despiadados de la cara ancha y sudorosa de Isztvan (Péter Rudolf) como del resto de personajes del pueblo, mostrando casi al detalle la textura de la superficie de sus pieles, en contraposición con los planos más generales de los dos “invasores” judíos. Las cargas emocionales de los personajes se alinean de manera intangible en sus expresiones. Mediante la incorporación de escenas magníficamente enmarcadas y proyectadas en austero monocromo, la película 1945 avanza al mismo ritmo lento y constante con el que los hombres judíos continúan su marcha inexorable hacia la aldea.

En definitiva, una espléndida película, en la que todos y cada uno de los personajes transmiten veracidad y autenticidad, y en donde se generan muchísimas emociones incluso sin palabras. Esto es debido, en gran parte, al fabuloso guion escrito de forma sensible e inteligente. Excelente fotografía en blanco y negro, rico diseño de producción y excelentes interpretaciones en conjunto.

https://cinemagavia.es/pelicula-1945-critica-ferenc-torok

El bastòn , como utilizarlo correctamente



Muy útil para sostener la autonomía y evitar caídas, el bastón requiere de un pequeño aprendizaje para evitar "sacarlo de paseo". El desafío de aceptar su uso para mantenerse activo e independiente.
“El bastón se indica en pacientes que tengan dolor en alguna articulación del miembro inferior (pies, tobillos, rodilla, cadera). Y actúa reduciendo la carga sobre la pierna afectada para permitir una marcha más estable”, explica la Lic. María Elena Moresco, quien trabaja con los pacientes en el gimnasio del Servicio de Kinesiología del Hospital.


¿Cómo yo voy a usar bastón? 
Uno de los secretos para un envejecimiento exitoso es intentar lograr la máxima independencia en todas las actividades de la vida diaria. A veces, lo que permite movernos se transforma en un eslabón crucial en la vida, como destaca la reconocida frase “Mi reino por un caballo”. 
Sin embargo, algunas personas se resisten a incorporar el bastón en su marcha, a su forma de desplazarse. Y muchos pacientes “lo agarran” solos pero sin saber cómo utilizarlo correctamente o pensando que cualquier modelo da lo mismo.
Otro problema es el de los “bastones humanos” (que pueden ser los miembros de la familia, amigos o vecinos), ya que generan gran dependencia en poco tiempo. “En cambio, el bastón está para nuestro servicio y ayudará a mantenernos independientes”, explica.
¿Cómo debe ser el bastón? De aluminio, liviano, con altura regulable, regatón de goma (que no esté seca o dura) y mango en “T”. Los hay simples o de cuatro patas. ¡El paraguas no es un bastón! Tampoco el changuito de las compras.
Al comienzo hay que aprender. Como todo en la vida, al principio hace falta un pequeño aprendizaje para evitar llevarlo “de paseo” o, incluso, usarlo de tal manera que pueda entorpecer la marcha o provocar una caída inesperada.
¿Cómo utilizar el bastón correctamente? 


Funciona como un tercer punto de apoyo. En la marcha -llamada ahora de tres puntos- se apoya primero el bastón, luego la pierna afectada y finalmente el miembro sano. ¡1, 2, 3!
1. El bastón va en la mano contraria al miembro inferior que tiene dificultades. Avanza primero el bastón.
2. Luego dar el paso con la pierna afectada (en esta foto es la pierna izquierda).
3. Finalmente, avanza otra pierna. 
Al mejorar la coordinación con la práctica, el bastón y la pierna afectada se mueven en un mismo tiempo para lograr mayor destreza.


La familia, un timón en la vida del adulto mayor. Si bien, en esta etapa de la vida, es importante mantener la independencia, el rol activo de la familia será de gran ayuda como acompañamiento o facilitador de las necesidades del adulto. Por ejemplo, estimulando la actividad social, colaborando en adaptar el hogar a las necesidades del momento y trabajando en equipo con el médico.
Después de una caída, recuperar la confianza. En el gimnasio, los pacientes que llegan para rehabilitación, trabajan con el equipo de kinesiólogos tanto en lo físico como en lo anímico. Por un lado, se busca mantener la movilidad articular y mejorar la fuerza muscular, también mejorar el equilibrio y la coordinación. Y, al mismo tiempo, recuperar la confianza a través de diversos ejercicios. Incluso se recrea la situación de caída y se enseña la técnica para levantarse en forma independiente. De este modo, se busca evitar el miedo a volver a salir solo por temor a otra caída.

12 de enero de 2019

Te sientes viejo? Te aconsejamos cómo aceptar tu edad



Te sientes viejo? Te aconsejamos cómo aceptar tu edad


El darte cuenta de que estás envejeciendo se da poco a poco.
Quizá cuando ves una película, terminas por señalar a los actores y dices: “Ella ya se murió. Ay, él también”. O tus padres se mudan a una comunidad de retiro y la llaman la sala de espera de Dios. De repente, tus articulaciones hacen más chasquidos y tronidos que los que escuchas cuando te sirves cereal para desayunar.
La sociedad tiene a glorificar la juventud y a representar la vejez como algo que debe evitarse pero los expertos aseguran que, a medida que envejeces, no tiene por qué disminuir tu calidad de vida.
The New York Times
Por Christopher Mele 7 de noviembre de 2017

Unos consejos para ello:
¿Qué es ser “viejo”?
Mucha gente no diría que tener 38 años califica en esa categoría, pero una vez que sobrepasas la edad promedio de 37,8, estadísticamente te podrían considerar “viejo”, señaló Tom Ludwig, profesor emérito de Psicología en el Colegio Hope en Míchigan.
Sin embargo, hay estudios que demuestran que las personas comienzan a sentirse viejas a los 60 años y una encuesta realizada por el Pew Research Center descubrió que casi 3000 encuestados afirmaron que la vejez comenzaba en promedio a los 68.
Para Daniel B. Kaplan, profesor adjunto de Trabajo Social en la Universidad Adelphi en Nueva York, vivir hasta llegar a una edad avanzada es un logro relativamente reciente.
“El promedio de vida del ser humano aumentó más años durante el siglo XX que durante todos los milenios anteriores juntos”, escribió por correo electrónico. El promedio de esperanza de vida mundial es de 71,5 años, según el fondo de población de la ONU.
Adquiere perspectiva
Gayatri Devi, neuróloga en el Hospital Lenox Hill de Manhattan, señaló que tu actitud puede marcar la diferencia.
Recordó a una paciente que a menudo decía “La vejez tiene cara fea” y que falleció a los 84 años. Pero otra paciente, cuando tenía 98 años, le aseguró a Devi que se parecía a la actriz Elizabeth Taylor cuando era joven. Cuando la doctora le dijo que para alguien que alguna vez fue tan hermosa debía ser difícil envejecer, la paciente protestó: “¿Qué quieres decir? ¿Qué ya no soy hermosa?”.
Esa paciente hoy tiene 100 años.
Diversifica tus amistades
Devi afirmó que un paciente que falleció a los 101 años le aconsejó tratar de tener un amigo “de cada década de vida”. Él tenía un amplio círculo de amistades que incluía a la hija de Devi, que en aquel entonces tenía 12 años.
Tener amigos de varias generaciones puede ayudar a superar la soledad que nos embarga cuando algunas amistades se mudan, fallecen, se enferman o ya no pueden moverse.
“Esto habla de la antisegregación de los viejos, del sustento de la comunidad, así como de mantenerse actualizado con los avances tecnológicos para evitar ser señalado por vivir en la era de los dinosaurios”, dijo Devi.
Prepárate
Muchos de los problemas que enfrentan los adultos a medida que envejecen no están relacionados con el aspecto normal de envejecer. La calidad de la última parte de tu vida está bajo tu control. Tus decisiones respecto a estilo de vida y actitud pueden influir sobre los efectos de la llamada vejez secundaria.
Hacer ejercicio, así como dormir y comer bien, contribuirá a tu salud física, lo cual se reflejará en tu salud mental y cognitiva, comentó Ludwig.
Las personas deberían prepararse para las últimas etapas de su vida tal como lo hacen cuando van a iniciar una familia o cuando ayudan a un hijo a hacer la transición hacia una mayor independencia.
Busca asesoría financiera que te ayude a adaptarte a los cambios en tus ingresos y planifica los costos de la atención médica, indicó Kaplan. Habla con tu familia y amigos de lo que esperas en la vejez y del estilo de vida que deseas tener.
Mira el lado positivo
Por lo general, los adultos mayores son más felices y están menos estresados y preocupados que los adultos jóvenes y de mediana edad, según Kaplan.
Dijo que, aunque puede haber una baja en la salud y en los ingresos, “la gran mayoría de los adultos mayores disfruta mejorías en los aspectos emocionales de la vida”, pues se enfocan más en la información positiva.
Ludwig aseguró que la realidad de envejecer no era tan mala como lo sugerían los estereotipos.
Aunque es probable que ya no puedas realizar las mismas actividades que cuando eras joven (recomienda no jugar a las tacleadas con adolescentes), hay formas de compensarlas buscando otras actividades que sean gratificantes.
Encuentra algo con lo que te puedas comprometer a mejorar, ya sea el tenis o la ebanistería. Ludwig sugirió enfocarse en ayudar a los demás, en especial a los jóvenes.
Recuerda también que no eres el único que se siente irritado y más lento, agregó.
Millones de personas se “despiertan con los mismos achaques y dolores”, dijo Ludwig. “Y ¿cuál es la alternativa a envejecer? Morir joven”.
Rechaza las actitudes que discriminan a los viejos
Aunque es cierto que conforme envejecemos subimos de peso y perdemos algunas de nuestras habilidades intelectuales, no hay razón para asumir los estereotipos que hay acerca de los adultos mayores.
Mitos como el que están desconectados de la realidad o que son irritables son perpetuados por los medios y por nuestra cultura. Ludwig aseguró que los avances tecnológicos han extendido el estereotipo de que los viejos no pueden mantener el paso.
Leslie K. Hasche, profesora adjunta de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Denver, afirmó que apoya la iniciativa “Interrumpe el envejecimiento” de la Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas (AARP, por su sigla en inglés), la cual busca contrarrestar los mitos sociales y culturales de lo que significa ser viejo.
“Con demasiada frecuencia, los mitos crean barreras o límites que pueden interferir en la forma en que los adultos mayores se mantienen conectados o buscan actividades que tengan significado para ellos”, escribió Hasche en un correo electrónico.
Hay hitos en la vida (cumpleaños, cambios de trabajo y el fallecimiento de familiares y conocidos) que te recuerdan el paso del tiempo, pero no debes distraerte del objetivo de buscar el significado de la vida y de querer mejorar la calidad de la misma, dijo Kaplan.
“Para muchas personas la edad llega sin avisar y en ocasiones sin fanfarrias o reconocimiento”, escribió. “Mientras que muchos disfrutan una relativa continuidad durante décadas, tener la capacidad de adaptarse al contexto cambiante de nuestras vidas es clave para el éxito a lo largo de la existencia”.


15 de marzo de 2017

Soledad una epidemia silenciosa que puede detenerse

l dolor que provoca el sentimiento de soledad podría ser mucho más que una preocupación de poetas y compositores. De una metáfora romántica que nos hace cantar bajo la ducha o acompañan alguna pena pasajera, a la constatación de que la soledad puede provocar cambios observables a nivel celular, hay todo un camino que la ciencia ha empezado a recorrer.

En el siglo XXI varios investigadores advierten que el aislamiento de las personas en las sociedades contemporáneas (principalmente para los ancianos) es una asignatura pendiente para la salud pública. Y desde las neurociencias empiezan a estudiarse los mecanismos para entender cómo y por qué se puede verdaderamente morir de soledad.
Según el reciente estudio, publicado en la revista Perspectives on Psychological Science, el sentimiento subjetivo de soledad aumenta el riesgo de muerte en un 26%. En tanto que el aislamiento social -o la falta de conexión social- y la vida aislada resultaron ser aún más devastadores para la salud de una persona que el sentirse solos, factores que aumentan respectivamente el riesgo de mortalidad en un 29% y 32%.
Las cifras superan a las de otros factores psicológicos, como la depresión y la ansiedad, que se asocian al aumento del riesgo de mortalidad en un 21 por ciento.

Cómo afecta la soledad a los ancianos en Argentina

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Según el Observatorio de la UCA y la Fundación Navarro Viola la soledad aumenta el grado de infelicidad de los ancianos, una población que ya se encuentra en estado de vulnerabilidad en la Argentina. Como parte del programa Observatorio de la deuda social argentina, barómetro de la deuda social con las personas mayores ambas instituciones patrocinaron un estudio titulado Las personas mayores en la Argentina actual: ¿vivir solo es un factor de riesgo para la integración social?, realizado por Enrique Amadasi y Cecilia Tinoboras y publicado en noviembre de 2016.
Para el informe se trabajó con bases apiladas 2010-2015, con un total de 7.511 encuestados de 60 años en adelante, y un universo de 16.963 personas mayores relevadas. Además de los datos censales disponibles, se analizaron sus estrategias de subsistencia, condiciones habitacionales y de salud, algunos de sus atributos psicológicos, sus relaciones sociales en general, la relación con su entorno familiar y también su sociabilidad.
A lo largo de treinta páginas de análisis de datos cuantitativos y cualitativos, el trabajo sugiere que son necesarias políticas sociales puntuales para "quienes por opción o circunstancias de la vida, voluntaria o involuntariamente, para bien o para mal, viven en soledad", y señala que es necesario diseñar programas diferenciales para los adultos mayores que viven solos.
Los investigadores observan que los déficits más elevados en materia de relación con los otros entre quienes viven solos ponen de manifiesto que estas personas carecen en gran medida de las relaciones sociales necesarias para llevar adelante una buena vejez.
En la Argentina, una de cada cinco personas mayores vive sola, según el informe de la UCA. Según el Censo 2010, el 10,2% de la población argentina es mayor de 65 años, uno de los países con mayor cantidad de ancianos en América Latina. Se estima que en 2025 esa población alcanzará el 12,7% y en 2050 el 19%. Para entonces, la población de personas mayores de 65 años, sobrepasará en proporción a la cantidad de niños y adolescentes de menos de 15 años. Se trata de un fenómeno que se registra a escala global en Occidente.

¿Cómo influye la soledad en nuestra biología?

En la actualidad muchos investigadores buscan comprender exactamente cómo el sentimiento de soledad provoca enfermedades a nivel celular. Gracias a distintos avances, están descubriendo que la soledad es mucho más que un dolor psicológico, un malestar del alma, sino que es una herida biológica que provoca daños concretos e identificables en nuestras células.
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Uno de estos científicos es Steve Cole, un investigador de genética de la Universidad de California en Los Ángeles, autor de un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) que demuestra que la soledad tiene efectos fisiológicos en nuestro organismo. Junto con John y Stephanie Cacioppo, psicólogos de la Universidad de Chicago, realizaron un estudio titulado "Hacia una neurología de la soledad" en el que observan que "el nivel de toxicidad de la soledad es impresionante" y que "el aislamiento es uno de los grandes riesgos de salud de la época actual".
El estudio consistió en observar la regulación de leucocitos (o glóbulos blancos, las células sanguíneas responsables de defender el organismo contra bacterias y virus) de 141 adultos durante un lapso de cinco años. Los resultados mostraron que, en los pacientes que estaban aislados, se producía un aumento de los genes que producían inflamación y un descenso de la actividad de las células que combaten estas inflamaciones. Por esto, concluyeron que la soledad hace que disminuya la actividad de las células de defensa del organismo contra las infecciones provocadas por virus dado que todo el esfuerzo del sistema inmune se concentraba en luchar contra las bacterias, responsables de las infecciones. El estudio también incluyó la observación sobre primates, en los que se evidenciaron los mismos efectos.

Cómo prevenir los efectos nocivos de la soledad

Los investigadores enfatizaron la diferencia entre el sentimiento subjetivo, auto-reportado de soledad y el estado objetivo de estar socialmente aislado. Ambos estados son potencialmente dañinos. Las personas que están objetivamente aisladas y las que pese a vivir acompañadas se sienten subjetivamente solas pueden estar en mayor riesgo de muerte, que aquellas que están felices con sus circunstancias.
Para el psiquiatra Diego Sarasola, especialista en Neuropsiquiatría, director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria de La Plata, en la atención de adultos mayores, es vital distinguir a quienes quedan solos de aquellos que eligen estar solos. "Muchos pacientes mayores, definen su irse quedando solos, como una consecuencia de las pérdidas que se van sucediendo con los años y el fallecimiento de los seres queridos", apunta. Por ese motivo, comenta que en la consulta es importante discriminar el cuadro de soledad como circunstancia que el paciente podría sobrellevar con algunos cambios en el modo de vida, de una depresión. "Las frases que deben llamar la atención son aquellas que relacionan la soledad con el displacer, y es allí donde debe discriminarse si la persona elige aislarse porque tiene ya un cuadro depresivo, o si los avatares de la vida la fueron llevando a esa situación. Muchos pacientes manifiestan su inquietud por no sentir ganas de tener contacto con pares, en cambio otros, tienen esas ganas, pero no encuentran un ámbito adecuado donde canalizarlas", distingue. En ese sentido, si bien no acuerda con el término "epidemia de soledad", reconoce que "la comunidad médica debería preocuparse más por esta condición, ya que numerosos estudios vinculan la falta de contacto y el aislamiento con mayor índice de enfermedades psiquiátricas y cardiovasculares. De hecho, "uno de los factores que se consideran vinculados a bajar el riesgo de demencia, tienen que ver con el estímulo a la actividad social", subraya el doctor Sarasola.
En ese sentido opina que sería deseable desde los ámbitos pertinentes "estimular a los profesionales que indaguen sobre este tema y sus consecuencias en la salud".
Para los autores del estudio de Universidad Brigham Young, en Estados Unidos, así como surge del informe de la UCA y la Fundación Navarro Viola, en Argentina, lo urgente es reconocer que el problema de la soledad es un problema de todos.

Qué hacer cuando uno se siente solo

Cuando la soledad es una cuestión subjetiva, algo que la persona siente a pesar de estar rodeado de gente, o cuando al sufrir una pérdida afectiva se atraviesa un duelo -todo duelo confronta con la soledad-, las ganas de salir adelante juegan a favor. Es cuando la inteligencia emocional, la inteligencia social y las herramientas de psicología cognitiva pueden ayudar.
En ese aspecto, la licenciada en psicología y especialista en vínculos Cecilia Zugazaga, considera que hay una herramienta clave para poner en práctica: la empatía. "Todo vínculo conlleva siempre altos índices de tolerancia a la frustración", expone la psicóloga."La soledad no es en sí misma una entidad tratable, lo que es tratable es la neurosis de quien no estando en circunstancias de aislamiento, dice sentirse solo", explica. Así, cuando en la sesión terapéutica el consultante refiere frases como "estoy solo/a, me siento solo/a, no me siento cómodo/a en situaciones donde hay otras personas, no me gusta que me observen, no me gusta que me pregunten", para el profesional estos cuadros refieren a sintomatologías derivadas de desordenes en la personalidad, principalmente depresivos, evitativos, dependendientes, fóbicos, entre otros. La orientación en estos casos consistirá en guiar al paciente a salir de la caracteropatía que lo lleva a procesar la información de manera egocéntrica e infantil, llevándolo al aislamiento por disconformidad con quienes lo rodean: "los demás no complacen mis pedidos, los demás son amenazantes, los demás son poderosos...", son algunos de los pensamientos que complican la posibilidad de un vínculos de calidad para estos pacientes.
El esfuerzo para quien no estando solo se siente solo, en ese caso pasará por aprender a empatizar, es decir, a aceptar que las otras personas que nos rodean tienen sus propios pensamientos, intereses y deseos. Puntualiza Zugazaga que para desarrollar la empatía es importante aceptar a los demas con sus propias necesidades. "Las cosas que hacen o dicen las personas que nos rodean no se refieren siempre a nosotros sino a ellos mismos. Las personas que nos quieresn tienen derecho a ser diferentes (y ahi está lo divertido) y poder entrar en sintonía con ellos, aun no estando de acuerdo", subraya.
Finalmente, la experta recomienda que, en tiempos de hiperconexión, podamos aprender a regular el uso de los dispositivos y de las redes sociales. "Los diálogos de un chat virtual favorecen la introyección solipsista y cuando esta es la única vía de contacto con los demás termina convirtiéndose en una excusa para el aislamiento".
En definitiva, salir del agujero interior, poner el cuerpo y el bocho en acción, como cantaba Virus, porque epidemia o no, la soledad jamás dejará de ser también un asunto de poetas.

15 de mayo de 2016

ESPEJOS DE NUESTRA PROPIA VEJEZ


ESPEJOS DE NUESTRA PROPIA VEJEZ

Graciela-Zarebski.jpgLa posibilidad de seguir teniendo un espíritu joven (que no significa imitar a los jóvenes sino seguir activo y con proyectos) implica dos opciones.

Dra Graciela Zarebski 
PSICOLOGA.
DIRECTORA POSGRADO PSICOGERONTOLOGIA, UNIV. MAIMONIDES
Clarín
01.03.2005


Una —la peor— es no reconocer que la vida tiene un límite, de lo cual nos va mandando avisos gradualmente (en el mejor de los casos). Ese es un mérito de arrugas y de canas. Cuando estos pequeños mensajes suscitan horror y la vida se va convirtiendo en una batalla contra el mensajero, entonces, desde la no aceptación, toda búsqueda de transformación estará marcada por el autoengaño.

La otra opción, que implica aceptar la discordancia entre portar un espíritu joven y reconocer que el cuerpo envejece, no es desentenderse de los avatares de este cuerpo.

Por el contrario, consiste en un trabajo cotidiano de cuidado para que acompañe del mejor modo posible los proyectos en que nos embarquemos hasta el fin de nuestros días. Se trata de trabajar para conciliar cuerpo y alma, soportando "imperfecciones".

En este sentido, es auspicioso —como informó Clarín pocos días atrás— que un grupo de científicos proponga un espejo para anticipar la propia vejez. Está en la línea de prepararse a tiempo, aunque padece de ciertas fallas.

Más allá de lo costoso y sofisticado que el experimento resulte, serán pocos los dispuestos a enfrentarse a una experiencia que puede llegar a ser vivida como siniestra. Y esto es porque elude la complejidad del fenómeno.

El hecho de que se trabaje sólo con la imagen delata la simplificación del problema: cómo evitar apariencias indeseables a través de cambios en la dieta, en la actividad física y en los hábitos. No se incluyen otros aspectos que incidirán en un destino saludable y que repercutirán en el aspecto físico: ¿cómo responderé a las pérdidas y a los cambios en mi familia? ¿Cuál es mi grado de flexibilidad ante los cambios en general? ¿En qué apoyo mi vida? ¿Qué posición adopto frente a las limitaciones?

El paso del tiempo pone en jaque la identidad al cuestionarla en todos sus órdenes. Frente a esto, hay dos caminos posibles: reforzar la máscara, fijarla cada vez con más ahínco y adherirse a una imagen única prefabricada, o jugar con el cambio, diversificar los apoyos y buscar la eternidad por otros caminos menos efímeros. 

Enviado por Licenciatura en Gerontología el: Marzo 1, 2005 09:13 AM 

12 de febrero de 2016

EL FIN DE LOS MITOS SOBRE LA VEJEZ

El fin de los mitos sobre la vejez

Guardado en: Artículos • Publicado el 04/02/2016 • 3 comentarios
Las primeras décadas del siglo XXI nos aportan muchos cambios y uno de ellos es la manera con que empezamos a mirar a nuestros mayores. Lenta pero inexorablemente van cayendo los mitos sobre los adultos mayores. Los estereotipos y visiones sesgadas sobre la edad avanzada van diluyéndose a medida que comprobamos cómo lo que parecía una verdad que todos aceptaban, ahora se demuestra una falsedad.
collageLos mitos que aun perviven sobre la vejez se basan en medias verdades y en datos que son falsos o han cambiado en las últimas décadas. Unos estereotipos que aún encontramos en los medios y en cierta literatura sobre el envejecimiento y que son desviaciones o información equivocada sobre el proceso de envejecer.
Los mitos que aún prevalecen perpetuan imagenes falsas del hecho de tener una edad avanzada y dificultan la labor educativa de la gerontología. Las ideas centrales que sustentan estos mitos sobre la edad evocan estas percepciones generales del hecho de ser anciano:
* Mala salud, enfermedad, discapacidad
* Falta de agudeza mental, fallos de memoria y senilidad
* Tristeza, depresión, soledad.
* Se vuelven gruñones
* Falta de sexo, aburrimiento.
* Todos son iguales
* Falta de vitalidad, pérdida de vigor, declive inevitable
* Incapacidad para aprender o cambiar.
* Son improductivos.
Todas estas percepciones no se basan en una realidad actual y contrastada. En todo caso pudieron tener una justificación en el siglo pasado, en determinados lugares muy concretos o, en el peor de los casos, solo afectan a una minoría que no supera el 15% de los adultos mayores.
Estos estereotipos impiden que las personas de edad avanzada participen plenamente en actividades sociales, politicas, económicas, culturales, espirituales y cívicas. Cabe preguntarse ¿dónde podemos encontrar las verdades sobre el envejecimiento y cómo poner al descubierto los mitos y mentiras que se airean sobre las personas de más de 65 años?

EDUCACIÓN GERONTOLÓGICA

La gerontología, esa especialidad de momento poco apreciada y me temo que aun con pocas salidas profesionales para quienes quieren cursar esa carrera, es la disciplina que estudia la vejez y todos aquellos fenómenos que la caracterizan, con un doble objetivo: prolongar la vida saludable y mejorar la calidad de esa vida en todos los aspectos posibles.
Así pues, nada mejor que recurrir a quienes destacan por su profesionalidad y experiencia en gerontología para desmontar mitos y encontrar verdades sobre las personas que pasamos de los 65 años, como el Dr. Ricardo Moragas. De su libro “Gerontología social” estraigo las siguientes frases:
“Hay que luchar contra la idea de que el viejo es funcionalmente limitado….La mayoría de la población anciana no se halla impedida”
“Las barreras a la funcionalidad de los ancianos son con frecuencia, fruto de las deformaciones y mitos sobre la vejez más que reflejo de deficiencias reales”
“La ancianidad no comienza a una edad cronológica uniforme, considerar anciano a toda persona de más de 65 años tiene una explicación arbitraria y poco racional”.
“Los 65 años constituyen una edad en la que se puede desempeñar perfectamente un trabajo”
“Las limitaciones psíquicas de los ancianos se han reflejado tradicionalmente en etiquetas poco demostradas científicamente y basadas en el prejuicio. La pérdida global de la memoria, por ejemplo, no es mucho mayor que a otras edades y la inteligencia no solo no disminuye, sino que puede aumentar”
“Aparece en la opinión pública la creencia de que ancianidad supone necesariamente enfermedad, cuando las estadísticas sanitarias señalan precisamente que la mayoría de ancianos están sanos”
Podemos seguir con la mente en el siglo XX creyendo que llegar a los 65 años es una tragedia o bien admitir que en el siglo XXI con 65 cumplidos podemos seguir activos, sanos, siendo más libres y más felices.elderly-people

DIFERENCIAS ENTRE MITO Y REALIDAD

Para tener otra visión, aunque coincidente, tomemos las afirmaciones del experto en psicología Dr. Simon Tan, especialista en alteraciones neurológicas del Departamento de Geriatría de la Universidad Stanford:
Mito:   Todas los adultos mayores son iguales
Realidad: Hay más variedad entre las personas mayores que en ningún otro grupo de edad.
Mito: Las necesidades básicas de los adultos mayores son distintas de las de la gente más jóven.
Realidad:  Las necesidades humanas no cambian al envejecer.
Mito: Más del 50% de los mayores padecen senilidad (pierden memoria, se desorientan y tienen conductas extrañas)
Realidad:  El 80% de los adultos mayores están lo bastante sanos para realizar sus actividades habituales.
Mito: Los adultos mayores tienen actitudes muy rígidas.
Realidad: Existe la creencia de que los mayores son incapaces de adaptarse a las nuevas tecnologías, pero hay más de un 41 % de personas mayores de 65 años que utilizan Internet.
Mito: Al envejecer a menudo se paraliza la capacidad de aprender.
Realidad: Los patrones de aprendizaje pueden variar y la velocidad de aprender puede disminuir, pero la capacidad básica de aprender persiste.
Mito: Olvidar cosas probablemente indica el comienzo de la demencia.
Realidad: La pérdida de memoria puede estar causada por la medicación o por la depresión.
Mito: Todos al llegar a ancianos padecen demencia.
Realidad: Solo entre el 6% y el 8% de las personas mayores de 65 años sufren demencia y solo un tercio de los mayores de 85 muestran algún síntoma de demencia.
Mito: Todos los adultos mayores se deprimen.
Realidad: La mayoría de los adultos mayores no están deprimidos. La depresión no es parte intrínseca del envejecimiento. La edad por si sola no es un factor de riesgo para la depresión.
Mito: La depresión en la edad avanzada es más duradera y difícil de tratar que en las personas más jóvenes.
Realidad: El curso de la depresión en los mayores es idéntica a la de los jóvenes. La respuesta al tratamiento de la depresión se presenta tan positiva en los mayores como en otros tramos de edad.
Construyendo mitos
William Shakespeare transformó mitos memorables y cuentos legendarios en personajes de carne y hueso y en conceptos que continuan conformando nuestra visión sobre la condición humana. Quizá la imagen que más perdura es la frase citada a menudo “Sin dientes, sin ojos, sin paladar, sin nada…” (Shakespeare, Seven Ages of Man, As you Like it, II) y el hecho es que los estudios contemporaneos sobre el envejecimiento se ven aún influidos por el rico lenguaje metafórico del autor inglés. Por otra parte, encontramos esos mitos en nuestros chistes y conversaciones, a pesar de que el conocimiento y la envidencia actual demuestren lo contrario.
Lamentablemente estos mitos y estereotipos afectan negativamente a las personas de edad avanzada, cuyas expectativas y percepciones se ven condicionadas por esas falsedades e información sesgada hasta el punto de que se pueden llegar a convertir en profecías autocumplidas.
La aparición de mitos y estereotipos sobre las personas de edad avanzada es algo que tiene que ver con lo que generalmente hacemos muy bien, que es etiquetar y agrupar a las personas por categorías, como explica Stephen Pinker en su libro How the mind works (1997): “la gente pone las cosas y las personas en cajitas mentales, dan un nombre a cada cajita y a continuación tratan todo lo que hay dentro por igual”(p. 306).
Es indudable que mantener ciertos mitos y estereotipos negativos sobre el envejecimiento es simplemente un problema de etiquetado irreal. Tomemos, por ejemplo, los atributos negativos sobre las personas mayores, perpetuado por una visión teórica y programática que etiqueta el envejecimiento de la población como un problema social y a los ancianos como frágiles, enfermos y dependientes. Con ese planteamiento es facil considerar el envejecimiento de la población como una amenaza más que como uno de los mayores logros de la civilización. Estas son actitudes que aparecen como consecuencia del miedo de las generaciones jóvenes a su propio envejecimiento y su rechazo a confrontar los desafíos en el plano económico social que aparecen con el aumento de la población de mayor edad.

DESPUÉS DEL SEXISMO Y EL RACISMO, AHORA EL “VIEJISMO”

Son necesarios los esfuerzos por destruir estos mitos a un nivel interdisciplinar, actualizando nuestra percepción sobre la realidad del proceso de envejecer y descartando como anticuados y falsos los estereotipos que pretenden distinguir a los mayores como un grupo humano separado y quizá debemos hacerlo con la misma intensidad con que hemos luchado contra el sexismo y el racismo. Si hemos vencido la esclavitud, el sexismo y el racismo, por lo menos en lo conceptual, no hay razón para dudar que venceremos el “viejismo” y desmontaremos los mitos sobre una vejez enfermiza y frágil.
Como indica la Organización Mundial de la Salud, no es la edad lo que pone límites a la salud y a la participación activa de la gente mayor. Más bien son las falsedades, la discriminación y el abuso de los individuos y de la sociedad, lo que evita un envejecimiento activo y digno.
Las metáforas culturales y el lenguaje de las categorías, conceptos y estereotipos que sustentan el rechazo a la vejez, merecen toda nuestra atención en la gerontología educacional.

10 de febrero de 2016

DE QUE NOS REIMOS/?

¿De qué nos reímos?

 

Facundo Manes

Grandes pensadores de la antigüedad como Aristóteles consideraron que sólo los seres humanos reíamos, pero la ciencia ha demostrado a lo largo del tiempo que la risa se halla también en diferentes mamíferos (desde los roedores hasta los gorilas). Aunque existen condiciones neurológicas (por ejemplo, la epilepsia) y lesiones cerebrales específicas que pueden causar risa patológica, en general se la asocia con un vínculo emocional y es una señal muy importante de interacción social positiva.

Somos 30 veces más propensos a reír si estamos con alguien que si estamos solos. Cuando nos reímos con otros accedemos a un sistema evolutivo de los mamíferos muy antiguo que ayuda a mantener vínculos sociales y a regular emociones. La reacción que se genera al percibir un inesperado error en el procesamiento de la información no es ni más ni menos que la definición cognitiva del humor. La ciencia da cuenta de que esto es lo que sucede cuando algo nos provoca gracia. El cerebro intenta todo el tiempo anticipar las situaciones, calcula por dónde va a pasar un auto al cruzar la calle, lo que va a decir la persona con la que conversamos o cómo va a moverse el jugador del equipo oponente en un partido.

 Las bromas juegan con lo imprevisto: plantean un escenario determinado que conduce a una conclusión tramposa que va a ser rechazada en el remate. Entonces el cerebro cae en esa "trampa", pero rápidamente advierte cierta incongruencia. Darse cuenta de que las expectativas que teníamos eran equivocadas desata sorpresa y, luego, la risa. Se ha demostrado que la corteza frontal tiene un rol clave en este proceso junto con otras áreas cerebrales también relacionadas con la cognición social. Entre sus principales funciones se ocupa de incorporar y relacionar la información proveniente de nuestros sentidos y de funciones ejecutivas complejas como la planificación, el pensamiento abstracto, la toma de decisiones y la flexibilidad cognitiva.

Hoy sabemos que el humor, que es considerado un evento cognitivo, ha sido un mecanismo evolutivo. Como libera dopamina, serotonina y endorfinas en el cerebro genera placer, mejora nuestro estado de ánimo y reduce el estrés. También entrena al sistema cognitivo en el procesamiento de información ambigua. El mundo en el que abundan los datos ambiguos e incompletos incentiva la posibilidad de que ocurran errores y detectarlos. Un mundo que nos hace reír. </strike>